#ojos llenos de árboles
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mon-nid · 2 months ago
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Pablo Gallo · Ojos llenos de árboles · Editorial La Felguera (de próxima publicación en febrero 2025)
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depoesiaypoetas · 3 months ago
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Parafraseando a mi yo de hace 5 años, "el mundo no se va a tornar mágicamente rosa porque el 4 se vuelve 5, pero pasar página nos va a traer un montón de esperanza". Es curioso como cada año que pasa siento que fue el más desafiante de mi vida, pero irónicamente 2024 no me lo pareció así (aunque sí pudo serlo). Y es que quizás llegar a los 30 fue un balde de realidad que ha servido para darme cuenta que la vida no es tan mala. No hablo desde el privilegio, sino de la madurez cuando digo que pese a las calamidades vividas, se surfeó satisfactoriamente 366 días y los moretones están verdes, los árboles retoñan y el pasto sigue creciendo. Ahora entiendo que los dolores y alegrías son parte de un todo, y está mal pero está bien. Y es súper necesario llorarlo pero también respirar despacio y abrazar la esperanza, como cada año, que se mantiene firme. Ya no se escribe tanto, ya se escucha más. Se va quien se va, llega quien llega, nos mantenemos o nos vamos también. Seguimos cambiando pero ya no tanto; seguimos aprendiendo, que es lo que más nos gusta. Seguimos mirando ojos que no nos miran y esquivando a aquellos que observan de lejos. Es la vida. Se aprende con los errores, se cometen los mismos errores; quizás no quieres aprender. Pero se vive. Muy en el fondo, es la conciencia susurrando que ya vivimos muy rápido e hicimos lo que quisimos, ahora queremos vivir mejor, despacito, viendo las nubes desde el suelo, manteniendo cerquita a quienes nos aman y queremos para toda la vida. Más que decir, sentir los "te quiero". Reaprender que las cosas no son eternas y las personas mucho menos, o se alejan o se van a la nube más alta, aunque permanezcan. El frío tiene remedio, la ausencia no tanto. Ver el mundo con los mismos ojos que tenías a los ocho mientras leías revistas de viajes. Experimentar en la cocina recetas inventadas para tu familia. Ver viejas pelis de toda la vida. Emocionarse de nuevo. Sonreír con extraños que pronto dejarán de serlo. Cantar bien fuerte. Creer en ti. Apapachar mucho al niño interior que ni toparía lo que estás haciendo ahora, pero si tú te acuerdas de él cuando lo vas logrando, imagina lo que siente él. Te vas 2024, y tenemos uno nuevecito, lleno de "áreas de oportunidad" o desastres inmensos, qué más da. Que tengas el mejor año de tu vida...
Clara Ajc
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secretosdeblackthornhall · 23 days ago
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THE LAST KING OF FAERIE ADELANTO
Durante el tour de Reaping King se dieron folletos de este adelanto 🖤
Por favor comparte esto con discreción. No debería hacer falta decirlo, pero todo esto pertenece a Cassandra Clare
CAPITULO DOS [un extracto]
En el sueño, Kit estaba en medio de la guerra.
No era la primera vez que él estaba en batalla. En Idris el había tenido que pelear en los Campos Impredecederos. Había visto hombres y mujeres, Cazadores de Sombras y Hambres lobos, brujos y fae, muriendo en el pasto cubierto de sangre. El escucho sus lamentos.
Pero esta guerra, la guerra del sueño, era diferente. Parecía tomar lugar en el fin del mundo.
Era una tierra devastada. Sin agua, sin tierra suave, ni árboles. Solamente tierra agrietada y desértica frente a Kit, por kilómetros y kilómetros, y la tierra estaba dispersa con cuerpos. No había sonido, ni viento, el único movimiento era un parpadeo de luz a la distancia.
Kit se movió hacia el en su estado de sueño. Él sabía que estaba soñando y estaba agradecido por ello. No pensaba que su mente despierta pudiera crear tal escena de desolación (charnel-house??); la arena estaba empapada con sangre, y en caso de que no fuera un sueño, estaba seguro, el hedor seria horrible.
Camino entre enormes rocas de granito, y entro a un espacio más pequeño, presionado entre dos altos acantilados. Allí estaba un hombre vestido de negro, con una capa negra y a su lado había una espada de plata, su hoja roja de sangre. A su alrededor se arremolinaba visiblemente la magia, hilos negros y grises que parecían encapsularlo y disolverse en el aire.
Su espalda estaba hacía Kit. Pero Kit lo conocía, con la certeza que es posible solo en sueños, que era ÉL. El que había causado todo esto, toda la muerte, todo el baño de sangre. La ira se elevó dentro de él. No podía deshacer tanta muerte, pero al menos podía terminar con este monstruo antes de que causara más destrucción.
— Date la vuelta —, dijo, su voz haciendo eco en las paredes de roca. — Date la vuelta y enfrentame.
El hombre se piso rígido y luego se dio la vuelta. Su capa obscura giraba a su alrededor como la magia; su cabello caía hasta sus hombros, y su rostro lleno de cicatrices estaba pálido.
Unos familiares ojos grises miraron a Kit
— Has venido—. Dijo Ty Blackthorn.
Kit se sentó jadeando, aferrándose a sus mantas. Su corazón acelerado, y el pánico parecía presionarlo, con miedo pesado y obscuro. Tambaleo su mano derecha salvajemente y conecto con su mesita de noche, enviando un disparo de dolor por su brazo. El dolor aclaro su cabeza. Kit arranco las sábanas enredadas lejos de su cuerpo, sus pijamas estaban atascadas en el por el sudor, y rodo fuera de la cama. Su cuarto estaba obscuro, pero había suficiente luz desde la ventana para que pudiera navegar por el espacio familiar. Cama, tocador, cortinas, carteles en las paredes. Estaba en su habitación en Cirenworth, no en una tierra desolada llena de cadáveres. No estaba en la batalla; no lo había estado durante años. Muchas cosas habían cambiado desde entonces.
— Pero no todo—, dijo una pequeña voz en la parte posterior de su cabeza —. Aun sueñas con Ty.
Kit le dijo a la pequeña voz en su cabeza que se callara, y fue a agarrar una chaqueta del gancho junto a la puerta. Pateó sus pies en un par de zapatillas, y casi azotó su salida del dormitorio antes de recordar que el ruido podría despertar a Mina. Cerró la puerta en silencio detrás de él.
No era la primera vez en que había tenido un sueño como este. Mientras Kit se abría paso por el pasillo que conducía a la escalera principal, recordó haberle contado a Jem sobre sus sueños problemáticos; Jem había respondido que muchos cazadores de sombras tenían pesadillas, y él había tenido las suyas propias cuando era joven, soñando con un Londres destruido, criaturas de metal y fuego mortales. Le había recordado a Kit que la destrucción de Londres no había llegado, y que esos sueños no eran profecías.
Pero eso sólo ayudó un poco en la oscuridad de la noche, cuando las sombras se cernían como una tela oscura y pesada. Kit se detuvo en la puerta de la habitación de Mina y miró dentro. Ella estaba dormida bajo su manta con patos, con el pulgar en la boca, y por un momento él se limitó a mirarla, permitiéndose sentir el amor protector que siempre experimentaba cuando estaba con Mina, y la disminución de la ansiedad que venía cuando veía que ella estaba bien.
Pero la inquietud lo alejó, pasó por la habitación de Jem y Tessa y bajó las escaleras. Salió por la puerta principal y se encontró afuera, en el aire primaveral. Era fresco y húmedo; Inglaterra era mucho más húmeda que Los Ángeles, donde había crecido y olía a tierra y pasto. Empezó a caminar por el jardín delantero, atento al fantasmal golden retriever que a veces lo acompañaba en sus paseos.
A lo lejos, al final del jardín, antes de que se convirtiera en un camino de tierra, podía ver el tenue resplandor de las barreras que protegían a Cirenworth. Que lo protegían a él. Si no fuera quien era, si viniera de un linaje diferente, si tuviera una herencia diferente, no habría peligro allí.
Kit a menudo deseaba haber nacido con otro nombre, con antepasados ​​diferentes. Sabía que por derecho había heredado una magia poderosa, que desafortunadamente no era muy útil cuando no sabías cómo usarla o ni siquiera para qué servía. Si fuera otra persona, ahora mismo estarían hablando de que fuera a la Academia de Cazadores de Sombras como Dru, pero esa nunca había sido una opción para él. Se sentía bastante mal por poner en peligro a su familia adoptiva. No estaba dispuesto a hacerlo con toda una escuela. Había llegado al pie del jardín, donde las barreras zumbaban, emitiendo su tenue resplandor. Más allá de ellos había un camino rural y otro prado, salpicado de bosquecillos de árboles. Kit había caminado por allí con bastante frecuencia, pero no de noche. No solo. Por mucho que quisiera atravesar las barreras, sería una tontería hacerlo.
En el borde del mundo, la luna estaba baja y saturaba los campos con una luz plateada. Cuando Kit, con las manos en los bolsillos, miró el paisaje, algo le llamó la atención.
Se acercó un poco más a las barreras, lo suficiente para que emitieran un crujido de advertencia. Entrecerró los ojos y vio que habían colocado algo sobre la hierba del prado. Montones y montones de… bellotas, al parecer. No era la temporada para ellas, pero allí estaban, ordenadas en líneas, bucles y espirales. Cuando Kit dio un paso atrás, se dio cuenta de que estaban ordenadas en letras.
Letras que deletreaban un mensaje. Una sola palabra, en una lengua muerta.
INCIPIT.
Kit se quedó muy quieto, con el corazón palpitando con fuerza. Sabía latín; a todos los cazadores de sombras se les enseñaba esa lengua, junto con el griego antiguo. Sabía que ese mensaje era para él. Él era el que tenía sangre de hada, y las hadas a menudo enviaban sus mensajes a través de bellotas. Aunque tal vez esto no fuera un mensaje en absoluto, pensó Kit, con la boca muy seca. Era algo más.
Una advertencia. Susurró lentamente la traducción, en voz baja:
—Está empezando.
Texto original de @cassandraclare ©
Traducción de @carstairsa ©
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vicioussimp79 · 3 months ago
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Poesía... - N.P
── ☆ neil perry x girl! reader
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Sinopsis: En una tarde tranquila, Neil Perry se encuentra bajo un árbol, reflexionando sobre su vida, el peso de las expectativas y sus deseos más profundos. La aparición de una chica misteriosa, con una pasión por la poesía como la suya, cambia todo.
Advertencias: ninguna
a.n: 686 palabras
neil perry masterlist! / dps masterlist! / masterlist
── ・ 。゚☆: *.☽ .* :☆゚.─── ・ 。゚☆:
El viento de la tarde acariciaba suavemente los árboles del campus, creando un susurro que parecía narrar secretos antiguos. Neil Perry estaba sentado bajo su roble favorito, el que solía visitar cuando necesitaba escapar de los gritos silenciosos de su padre o de las expectativas que ahogaban su pecho. Con el cuaderno abierto sobre sus piernas, la pluma descansaba entre sus dedos, pero las palabras no fluían como solían hacerlo.
Miraba al horizonte, donde los últimos destellos del sol comenzaban a transformarse en el suave resplandor del atardecer. Sus pensamientos vagaban, atrapados en el laberinto de su mente. ¿Qué quería realmente? ¿Qué deseaba ser? Era como si la vida estuviera forjando su destino sin preguntarle, como un escritor que no conoce a su protagonista, pero que ya ha decidido el final.
De repente, una voz suave interrumpió sus pensamientos.
—¿Escribes poesía?
Neil levantó la vista, sorprendiendo la joven que se había acercado con paso silencioso. Ella era de cabello castaño, con ojos oscuros y profundos que reflejaban la misma melancolía que él sentía en su pecho. Llevaba un libro entre las manos, uno que Neil reconoció enseguida.
—Cumbres Borrascosas —dijo, señalando el libro.
La chica sonrió, un brillo travieso en sus ojos.
—Es uno de mis favoritos. ¿Y el tuyo? ¿Eres poeta?
Neil se ruborizó ligeramente, sintiendo una leve incomodidad. Sabía que la gente lo veía como el chico perfecto, el alumno que cumpliría las expectativas, pero nadie conocía la verdad. Nadie conocía sus sueños, su pasión por la poesía.
—No... Bueno, sí. A veces —respondió, mirando su cuaderno vacío.
Ella se sentó en el suelo junto a él, como si hubiera sido invitada por el propio roble. El silencio entre ellos era cómodo, lleno de una comprensión silenciosa. Por fin, Neil rompió el hielo.
—¿Por qué Cumbres Borrascosas?
La chica se encogió de hombros, su mirada perdida en el horizonte.
—Porque es un amor salvaje, visceral... es un amor que no se limita. Es un grito de libertad, ¿no crees?
Neil asintió lentamente, dándose cuenta de que había encontrado a alguien que entendía. A alguien que, al igual que él, sentía el peso de las expectativas y la falta de libertad.
—Sí... Lo creo —dijo suavemente.
Ella lo miró de reojo y sonrió, como si hubiera descubierto algo en él que pocos veían.
—¿Sabes? Me gusta pensar que, si los poetas pudieran vivir en sus propios versos, serían mucho más libres. Serían como los árboles... firmes en la tierra, pero con sus hojas tocando el cielo.
Neil sintió un pequeño nudo en el estómago al escuchar sus palabras. Era lo que él había estado buscando todo el tiempo. Una forma de escapar, una forma de ser él mismo. En ese momento, parecía que el universo le había dado una respuesta.
—A veces... siento que estoy atrapado entre lo que quiero y lo que se espera de mí. —La voz de Neil tembló un poco, pero la chica solo lo miró con dulzura.
—No tienes que elegir entre una cosa u otra. Puedes ser quien quieras ser... si te atreves a vivir para ti. —Ella levantó el rostro hacia las hojas del roble, como si cada palabra fuera una promesa que ella misma necesitaba escuchar.
Neil la miró en silencio, y por un breve instante, el mundo se desvaneció alrededor de ellos. El cielo parecía más claro, el viento más suave. La chica cerró los ojos, como si absorbiera el aire y el susurro de los árboles. Luego, de forma casi imperceptible, le extendió el libro de Cumbres Borrascosas.
—¿Lo lees conmigo? —preguntó suavemente, con una mirada que parecía contener un mundo entero.
Neil tomó el libro con una sonrisa tímida. Su corazón latía un poco más rápido, pero de una forma cálida, reconociendo algo en ella que no había encontrado en nadie más.
—Sí, me encantaría.
Juntos, abrieron las primeras páginas y comenzaron a leer, pero en ese instante, Neil sabía que no se trataba solo de las palabras de Emily Brontë. Era más que eso. Era el inicio de algo que había estado esperando, algo más grande que cualquier miedo o expectativa: la libertad.
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spookytreerebel · 3 months ago
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THE CHAPTERS OF MY FIC ARE IN SPANISH
FIC BYLER
• | 1 | •
La habitación de Mike está en penumbras, iluminada solo por la lámpara de su escritorio. Fuera, el viento agita las hojas de los árboles, creando sombras que se mueven en las paredes. La cámara enfoca una hoja en blanco sobre el escritorio, con marcas ligeras de intentos fallidos de escribir. Mike sostiene el lápiz en la mano, dándole vueltas mientras mira la hoja. Su expresión es de pura frustración, pero hay algo más en su mirada: miedo, duda, y un rastro de algo que no puede nombrar. Suspira y comienza a escribir:
"Querido Will, he querido decirte algo que llevo mucho tiempo guardando…”
Se detiene. Mira lo que ha escrito, frunce el ceño y golpea la mesa con el lápiz. Arruga la hoja y la lanza al suelo, uniéndose a un montón de papeles arrugados a sus pies. Se recuesta en la silla, pasando una mano por su cabello.
Mike (murmurando): Esto es estúpido… Porque es tan difícil? Es solo Will… (suspira)
Se levanta y camina por la habitación, mirando las fotos en las paredes. Una en particular lo detiene: una foto del grupo, tomada en la vieja cabaña de Hopper antes de todo el caos. Will está a su lado en la foto, sonriendo. Mike levanta la mano, rozando la imagen con los dedos. La voz de Karen rompe el momento desde el pasillo.
Karen: ¡Mike, la cena está lista! Baja ahora o se enfría.
Mike cierra los ojos, suspira y murmura:
Mike: Ya voy...
La cámara lo sigue mientras se aleja. Cuando la puerta se cierra tras él, la cámara vuelve al escritorio, enfocando las palabras a medio escribir en la hoja arrugada que quedó atrás. La cabaña de Hopper está llena de vida nuevamente, pero no de alegría. El grupo se reúne alrededor de una mesa cubierta de mapas, linternas y herramientas. Las ventanas están reforzadas con tablas de madera, como un recordatorio de que el peligro nunca está demasiado lejos.
Nancy está inclinada sobre el mapa, trazando líneas con un bolígrafo mientras Jonathan revisa las notas en voz baja. Robin está sentada al lado de Steve, intentando mantener un ambiente ligero.
Robin: ¿Soy yo, o Hawkins debería renombrarse "El portal del desastre"? Estoy segura de que eso sería más honesto para los turistas.
Steve: Creo que necesitamos algo mejor que eso... algo como "Bienvenidos al infierno en la Tierra".
Dustin suelta una carcajada, pero Max no levanta la vista. Está sentada al otro lado de la mesa, con sus muletas apoyadas en la silla. Lucas se sienta a su lado, intentando hablarle.
Lucas: Max... Si necesitas algo, lo que sea...
Max (interrumpiéndolo): Estoy bien, Lucas.
Su tono es cortante, pero en su mirada hay un destello de tristeza. Lucas asiente, pero no insiste.En una esquina, Will estudia el mapa con expresión concentrada. Mike, que está discutiendo algo con Nancy, lo nota y se acerca.
Mike: Hey. ¿Cómo estás?
Will (sin mirarlo): Bien. ¿Tú?
Mike se rasca la nuca, buscando las palabras.
Mike: Bien, supongo.
Mike duda si añadir algo más, pero a pesar de que él vacila, continua.
Mike: Me da gusto que estés aquí.
Will lo mira por un momento, con una mezcla de gratitud y algo que no puede decir en voz alta. Antes de que pueda responder, Dustin interrumpe desde la mesa.
Dustin: ¡Chicos! Hay algo raro aquí.
Todos se acercan al mapa, dejando de lado cualquier conversación personal. Dustin señala una zona marcada en rojo.
Dustin: Esto... no estaba aquí antes.
Más tarde esa noche, Mike y Once están en la cocina. Ella revuelve una sopa en la estufa mientras Mike organiza platos en la mesa. El silencio entre ellos es incómodo, casi insoportable.
Once: Mike...
Él se detiene y la mira.
Once: No tienes que quedarte aquí.
Mike frunce el ceño, confundido.
Mike: ¿De qué hablas? Claro que sí.
Ella lo mira directamente, sus ojos llenos de una mezcla de tristeza y determinación.
Once: Sé que algo ha cambiado. Entre nosotros.
Mike abre la boca para protestar, pero ella levanta una mano para detenerlo.
Once: No es culpa tuya. Ni mía. Pero lo siento. Y sé que tú también lo sientes.
Mike se queda en silencio, mirando al suelo. Finalmente, suspira.
Mike: No quiero lastimarte, Ce.
Once: Pero lo haces. No es algo que puedas controlar.
Once: Está bien. A veces, las cosas cambian. Y eso no significa que no me importes.
Mike asiente lentamente. Quieren decir más, pero las palabras no llegan.El grupo está en los alrededores del portal. El aire está cargado, y hay una vibración en el suelo que hace que todos se mantengan alerta.De repente, Will se detiene, llevándose una mano al pecho. Su respiración se acelera.
Will: Está cerca... Lo siento.
Todos se tensan, mirando a su alrededor. Steve levanta su bate con clavos, Nancy y Jonathan preparan sus armas, y Hopper da un paso adelante con su linterna.
Hopper: Manténganse juntos. Y no hagan ruido.
Mike está junto a Will, colocando una mano en su hombro.
Mike: No pasa nada. Estoy contigo.
Will lo mira, buscando consuelo en sus palabras. Pero antes de que pueda responder, un rugido ensordecedor rompe el silencio. La cámara enfoca el rostro de Will, congelado entre el miedo y la determinación, antes de oscurecerse.El rugido ensordecedor aún resuena en los oídos del grupo, pero algo más ocurre.
Will se lleva ambas manos a la cabeza, jadeando. El resto intenta ayudarlo, pero parece que está completamente desconectado de la realidad.
La cámara se adentra en la mente de Will. Él está de pie en un lugar que conoce demasiado bien: el Upside Down. Todo está cubierto por el característico polvo flotante, y las lianas oscuras se retuercen como serpientes.
Una tormenta se desata a lo lejos, y un sonido sordo, como un latido, late en sincronía con su respiración. Will camina lentamente, con la linterna temblando en su mano. Mira alrededor, desconcertado, buscando algo... o a alguien.
Will (murmurando): ¿Por qué estoy aquí otra vez...?
A lo lejos, una figura borrosa aparece entre las sombras. Parece humana, pero algo en su forma no es natural. Will da un paso hacia ella, pero de repente, el entorno cambia. Las vides del Upside Down cobran vida y lo rodean, atrapándolo.
Se escuchan susurros distantes, voces conocidas pero incomprensibles.
Voz de Mike (eco distante): ¡Will!
De repente, las vides lo sueltan, y la figura en las sombras desaparece. Will cae de rodillas, jadeando.
Su linterna se apaga, dejando todo en oscuridad. Will despierta de golpe en medio del bosque. La cámara muestra cómo su respiración es agitada mientras mira a su alrededor, confundido. La linterna que llevaba aún está en su mano, pero la luz parpadea débilmente. Se levanta tambaleándose, dándose cuenta de que está completamente solo.
Mientras tanto, el grupo en la cabaña de Hopper entra en pánico al darse cuenta de que Will no está.
Dustin: ¿Alguien lo vio salir?
Max: No lo vi moverse. Estaba justo aquí hace un segundo.
Mike ya está poniéndose su chaqueta y agarrando una linterna.
Mike (decidido): No podemos perder el tiempo. Tenemos que encontrarlo.
Lucas se levanta rápidamente, poniéndose al lado de Mike.
Lucas: Separemonos. Tú y yo vamos al norte. El resto al sur.
El grupo asiente, dividiéndose para cubrir más terreno.
En el bosque, Will sigue caminando, sosteniendo la linterna con manos temblorosas. Las sombras de los árboles parecen moverse a su alrededor, y un eco extraño llena el aire.
Will (murmurando): No... No estoy en el Upside Down. No puede ser...
Se detiene en seco al escuchar un crujido detrás de él. Se da vuelta rápidamente, apuntando con la linterna, pero no hay nada. La música aumenta en intensidad, y el ritmo de su respiración acompaña el suspenso.
La cámara corta a Mike, que corre por el bosque, gritando el nombre de Will. Su linterna ilumina el terreno, pero no hay señales de él. El nerviosismo en su rostro es evidente, y sus pasos se vuelven más apresurados.
Mike (gritando): ¡Will! ¿Dónde estás? ¡Por favor, responde!
Finalmente, la luz de su linterna se cruza con una figura agachada en el suelo: es Will. Está de espaldas, inmóvil, con la linterna caída junto a él. Mike se acerca corriendo y se arrodilla a su lado, sacudiéndolo suavemente.
Mike: ¡Will! Hey, Will soy yo. ¿Estás bien?
Will parpadea, volviendo lentamente a la realidad. Su respiración es irregular, pero al reconocer a Mike, sus ojos se llenan de alivio.
Will: Mike...
Antes de que puedan decir algo más, un rugido ensordecedor atraviesa el aire. El suelo comienza a temblar, y las luces de las linternas parpadean. Ambos miran alrededor, aterrados, mientras las vides del Upside Down comienzan a emerger del suelo a su alrededor.
Mike (tomando la mano de Will): ¡Tenemos que irnos, ahora!
Intentan correr, pero las vides son demasiado rápidas. Antes de que puedan reaccionar, una grieta se abre bajo sus pies y ambos caen, desapareciendo en la oscuridad.La cámara muestra a Mike y Will cayendo en un lugar desconocido. El polvo del Upside Down flota a su alrededor mientras aterrizan bruscamente en el suelo. Mike se levanta, ayudando a Will a ponerse de pie.
Will: No... No puede ser.
Mike mira a su alrededor, sus ojos llenos de asombro y miedo.
Mike: ¿Estamos...?
Will asiente lentamente, mirando el entorno familiar.
Will (murmurando): Sí.
......................................... To be continued.................
xxx
Hope you like it!!
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rubimoon45 · 3 months ago
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A little conflicted with Gojo Satoru
/ If you want to read, you can traslate the story /
Gojo Satoru la amaba. Al principio, pensaba que era una tontería que lo hiciera, que alguien tan fuerte y con su rol como el más fuerte no debía juntarse con gente tan...normal como ella. Por eso le sorprendía que pasase tan tiempo con ella aunque sus alumnos no fueran los mismos.
La hizo reír como si fuera la primera vez en mucho tiempo. Se entregó a él de la misma forma que él la adoraba todos los días, cuando se despedía de ella con un beso en la frente y regresaba días después mientras ella trabajaba aleccionando a los alumnos de último año. Gojo sabía cómo hacerla reír. Desde saber dónde tenía más cosquillas como para sacarle una sonrisa tonta por algún comentario.
Hasta que el accidente llegó. Los ojos que una vez la miraron con adoración la miraban ahora con confusión y miedo, que le apretaban el corazón a cada palabra que el médico explicaba cuando no pudo él darle una respuesta clara. Contusión severa que generaba amnesia, dijo. En cuanto a la regeneración, su cerebro se estaba regenerando del golpe y en un tiempo, nunca dijo la cantidad, los recuerdos comenzarían. La alianza de matrimonio nunca le pasó tanto... Esa joya amatista que tanto le insistió en pedirle antes de aceptar el compromiso.
Gojo no recordaba quién era desde el accidente de la Academia, cuando tuvo que matar a su mejor amigo. Shoko decía que se recuperaría. Con el tiempo. Y cuando viera todo lo que podría devolverle los recuerdos en su casa... Nunca volverían a ser los mismos, supo que quiso decir ella.
¿Por qué tenía que ser ella la que tuviera que vivir eso? Quería gritarle, decirle que lo amaba aunque él no lo hiciera, que era un estúpido... Pero no podía hacer eso. No podía decirle todo lo que se le pasaba por la cabeza porque entonces estaría siendo como una niña. Porque aunque estuviera ese derecho al ser la esposa del jefe del clan Gojo... Ella ahora no era nadie para el. Solo una firma y una persona con un anillo que ya no significaba nada.
Le dolía. Dolía que ahora Gojo Satoru no le hiciera caso. ¿Por qué tenía que ser ella la que sufriera? ¿Por qué tenía ser ella la que se enterase por otras personas que su aún esposo pasaba más tiempo en la Academia para no estar con ella en esa casa ahora vacía? ¿Por qué tenía que ser ella la que se enterase por los alumnos de él que Satoru comenzaba a pasar más tiempo con la mujer que una vez fue su amiga de la infancia y distanciaron con la muerte de su querido amigo? Si Suguru siguiera vivo, pensaba a veces frente al altar de la casa, no hubiera dejado que pasase eso... O al menos eso quería pensar. Otras, pensaba cruelmente en que todos serían más felices si ambos hubieran muerto ese día.
Nadie merecía vivir aquello. Nadie merecía ver cómo la mecha de ese amor tan fuerte como fugaz de extinguía por un accidente. Ni por nada en el mundo. ¿O es que un hechicero no estaba destinado a ser feliz nunca?
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Supo que el invierno estaba por caer cuando las últimas hojas de los árboles caían por el viento y se abandonaban en el frío y revuelto suelo color tierra. La casa familiar estaba limpia, con gente moviéndose en silencio por los pasillos siguiendo órdenes de protocolo. El jardín interior estaba perfectamente ordenado, con cada centímetro de tierra y hierba bien cuidados, así como las copas de los árboles ahora pelados. Los tejados inclinados al interior estaban llenos de esas hojas, más mustias y de otros árboles vecinos a ellos.
La hoja de papel en sus manos temblaba. Mejor dicho, sus manos temblaban. La pluma estilográfica robada del despacho a sabiendas de que nadie la echaría de menos bailaba en el papel. Ya nadie entraba en esa sala. Ahora era su espacio seguro para cuando quería estar sola. Aunque, viéndolo de esa manera, siempre está a sola. Satoru pasaba más tiempo fuera de casa, en la Academia, que asomando la cabeza por la casa que una vez fue el refugio de ellos dos. Donde criticaban el mundo donde estaban envueltos y sus absurdas normas, el cómo él por la influencia de su amigo fallecido había cambiado su visión del mundo y ahora luchaba por uno diferente a lo arcaico. O así pensaba. Parecía que su mente estaba en otro lugar, como su cuerpo. Shoko le decía que era porque buscaba respuestas donde no las encontraba. Pero eso sonaba más una tontería que una realidad cuando ella hizo de todo, desde darle tiempo hasta hablarle de su vida juntos, para recuperarlo. Recuperar a su esposo.
¿Por qué ahora sonaba como una celosa? ¿Por qué parecía como si no tuviera remedio alguno seguir intentándolo? ¿Por qué parecía...que fuera todo culpa suya? Desde el accidente hasta las consecuencias. Tal vez tendría que haber luchado por ello. Enfrentado a la realidad. Los dedos le continuaron temblando a medida que remataba las íntimas letras que ese papel completaba. No tendría ninguna utilidad si no la acababa y alguien la encontraba.
Luego, se levantó. Dejó la pluma sobre la mesita, junto a la carta perfectamente doblada y colocada para que se viera el nombre de Satoru en buena letra. Se pasó la mano por el pelo, intentando apaciguar la mente que le iba a toda velocidad y en cientos de direcciones y opciones... No tenía buena pinta. Nada de todo aquello la tenía. Pero ya no le quedaba nada.
Ni su esposo.
Ni su familia.
Ni nada de lo que ella recordaba pero él no.
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silvertice · 5 months ago
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Enchanted
Leopold x fem!reader
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Taylor Swift - Enchanted
My thoughts will echo your name, until I see you again
These are the words I held back, as I was leaving too soon
I was enchanted to meet you
Summary: Leopold, un caballero con elegancia de otra época, se encuentra en una ciudad moderna, lidiando con los altibajos de un mundo que no parece encajar con sus valores y estilo. Un día, en un parque, "paseando" al perro de su vecina ve a una joven que llama su atención de inmediato.
Category: Slow Burn Romance, Fish-Out-Of-Water, Meet Cute, Sweet and Lighthearted Encounters, Fluff, Period Piece Meets Modern World
{TW: Mild Social Misunderstandings, Brief Assumptions of Relationship Status, Nostalgic Yearning, Period-Modern Clashes, Wholesome Romantic Tension, Playful Banter**}**
El parque estaba particularmente animado aquella tarde, lleno de familias, bicicletas y alguna que otra ardilla que correteaba entre los árboles. Tomé un respiro, sintiendo el aire fresco de otoño mientras intentaba mantener el ritmo de Toby, mi perro de tamaño medio, que arrastraba su correa con la energía de un torbellino. Se emocionaba con cada pequeño movimiento y, francamente, era más rápido que yo para decidir qué dirección tomar.
—Toby, espera, tranquilo… —intenté calmarlo, aunque mi voz claramente no fue suficiente para detenerlo. Justo cuando me detuve para tomar aliento, me di cuenta de que ya no lo tenía a la vista.
A mi alrededor, gente y perros iban y venían, pero Toby… Toby había desaparecido en cuestión de segundos. Me giré a tiempo para verlo, allá a unos metros, corriendo hacia otro perro y su dueño. Aquel hombre tenía una postura recta, elegante, y aunque intentaba mantener el control de su perro, no parecía tener mucha experiencia con correas.
—¡Toby, no! —grité, comenzando a correr en su dirección, pero fue inútil. Antes de que pudiera hacer algo, mi perro se lanzó juguetonamente hacia el suyo, con tanta fuerza que logró desestabilizarlo. Para cuando llegué, aquel hombre, con su traje impecable y mirada de sorpresa, ya estaba en el suelo, con Toby saltando felizmente a su alrededor como si de un gran logro se tratase.
—Lo siento tanto —dije, intentando atrapar a Toby mientras sentía mis mejillas arder de vergüenza—. Normalmente es un poco travieso, pero esto... esto ha sido extremo, incluso para él."
Por un momento, no pude evitar reírme. Toby no dejaba de saltar alrededor del hombre como si quisiera felicitarlo por caer al suelo. La escena era surrealista: aquel caballero de aspecto pulcro, de porte tan distinguido, ahora en el suelo de tierra, y Toby con la lengua fuera, feliz de la vida.
El hombre me miró con una expresión que parecía debatirse entre la sorpresa y la exasperación. Sin embargo, tras un instante, sus labios se curvaron levemente en una sonrisa, y pude ver cómo sus ojos se llenaban de una chispa de diversión.
—Perdón… —dije entre risas, acercándome a él y extendiendo mi mano para ayudarlo—. No suele hacer esto... bueno, al menos no tan drásticamente.
Él miró mi mano, levantando una ceja con una especie de dignidad natural, antes de rechazarla cortésmente con un pequeño gesto.
—Le agradezco la intención, señorita, pero puedo valerme por mí mismo —respondió, incorporándose con precisión y sacudiendo ligeramente su abrigo, aunque era evidente que el polvo se había adueñado de su elegancia por completo.
Me mordí el labio, entre divertida y algo avergonzada. Él se irguió de nuevo, con ese aire impecable a pesar de la caída, y volvió su atención hacia mí, con una sonrisa ahora más sincera.
—Diría que su amigo aquí tiene una fuerza admirable... aunque quizá algo más de disciplina no le vendría mal.
Reí suavemente, encogiéndome de hombros mientras intentaba calmar a Toby, quien seguía disfrutando del caos que había causado.
—Tiene razón. No parece que la obediencia sea su punto fuerte.
A pesar de su formalidad, había algo en su forma de mirarme que transmitía un encanto casi cálido, como si la situación absurda lo hubiera divertido más de lo que dejaba entrever.
—Déjeme decirle que no veo muchos caballeros con... —me interrumpí, intentando encontrar las palabras correctas sin parecer demasiado directa— …bueno, con ese estilo tan particular.
Él bajó la mirada hacia su propio atuendo, como si recién recordara lo que llevaba puesto. Su chaleco cuidadosamente abotonado, el reloj de bolsillo asomando, y el abrigo de corte impecable parecían extraídos de otra época.
—¿Extraño? —respondió, alzando una ceja mientras sus labios formaban una leve sonrisa—. A decir verdad, es más bien usted quien va… inesperadamente desaliñada —añadió, con una nota de humor disimulado.
Sonreí ante el ingenio de su respuesta, notando el modo en que su porte formal parecía disolverse ligeramente. Me sentí tentada a seguir con el juego.
—¿Y qué se supone que haría alguien como usted, vestido para otra época, en un parque común? —le pregunté, cruzándome de brazos con una sonrisa que no lograba contener.
Él la mantuvo un segundo, como si disfrutara de la pregunta tanto como de mi reacción, y luego simplemente sonrió, encogiéndose de hombros con ese aire de misterio que parecía tenerle muy cómodo.
—A veces, uno termina exactamente donde debe estar, sin importar el siglo, —respondió, sus palabras tan enigmáticas como su mirada.
Justo en ese momento, el perro del hombre comenzó a sacudirse con entusiasmo, reclamando atención. Me agaché para acariciarlo, sonriendo ante su expresión amistosa.
—¿Cómo se llama? —pregunté, rascándole detrás de las orejas.
El hombre, que hasta entonces me había parecido elegante y seguro, frunció ligeramente el ceño.
—No tengo la menor idea. No es… —hizo una pausa, como buscando las palabras correctas—. No es mío, exactamente.
Levanté la vista, algo desconcertada.
—¿No es tuyo? —reí, mientras el perro lamía mi mano—. ¿Entonces… qué haces aquí, con él?
Él suspiró, lanzándole una mirada severa al animal, que parecía no tener ninguna intención de acatarla.
—Digamos que es… un préstamo, por así decirlo. Un acuerdo temporal, de mutua conveniencia.
Su manera de hablar, tan formal y algo anticuada, despertó aún más mi curiosidad. Había algo en su tono que hacía que cada palabra sonara como si viniera de un libro. Me crucé de brazos, entretenida por el enigma.
—Eso suena muy… diplomático —le respondí, esbozando una sonrisa—. Suelo escuchar “estoy cuidando al perro de un amigo” o “me pidieron que lo paseara”, ya sabes, algo… menos ‘de época’.
Él entrecerró los ojos, con una expresión entre divertida e intrigada.
—Pues, señorita, algunas costumbres de nuestra época no son tan malas… aunque debo confesar que su interpretación no es incorrecta.
Asentí, divertida, sin dejar de acariciar al perro.
Mis pensamientos divagaban, cuestionando si este encuentro no se volvería aún más interesante. Este hombre, tan fuera de contexto, parecía intensamente cómodo en su aire misterioso, y por alguna razón, la mezcla de sus maneras y su ropa hacían que me sintiera como en otra época. Me encontraba cada vez más tentada a seguir la conversación con él.
Sonreí, sin poder evitarlo.
—¿Siempre hablas así? Porque, bueno… estamos en pleno siglo XXI, y la forma en la que te expresas es… —me detuve, buscando una palabra adecuada—… divertida. Pero es raro, en el mejor sentido.
Él inclinó levemente la cabeza, como si analizara mi comentario.
—¿Divertida, dices? —preguntó, alzando una ceja con una ligera sonrisa—. No esperaba que elocuencia y diversión fueran palabras cercanas en este tiempo. Aunque confieso que algunas expresiones modernas… me cuestan.
Antes de que pudiera contestar, su perro tiró suavemente de la correa y se sentó en el césped, jadeando visiblemente.
—Creo que tu compañero necesita agua —le dije, señalando con la cabeza hacia el perrito que estaba casi tumbado en el suelo, respirando con fuerza.
—¿Acaso intenta decirme algo? —murmuró él, observando al perro con una curiosidad casi ingenua.
Contuve una risa, divertida por su desconcierto.
—A la vuelta del parque hay una fuente de agua para ellos. —le indiqué—. Podrías llevarlo allí, si quieres que recupere un poco de energía.
Él me miró, entre agradecido y sorprendido.
—Muy amable de tu parte, señorita… —dijo, y por un segundo, pareció dudar si debía preguntar algo más o no.
Me encogí de hombros, con una sonrisa.
—Lo hago más por el perro que por ti, pero si quieres, te acompaño —le respondí, guiñando un ojo mientras comenzaba a caminar en dirección a la fuente.
Él comenzó a caminar a mi lado, manteniendo una ligera distancia, como si la cercanía con alguien que acababa de conocer fuera una cuestión seria de etiqueta.
—No he tenido el placer de saber tu nombre —dijo, mirándome de reojo, con ese aire de formalidad que ya parecía natural en él.
—Me llamo Isa, Isabella—respondí, observándolo con una sonrisa—. Y tú… ¿tienes un nombre, o prefieres que te llame 'Señor siglo XVI'?
Eso arrancó una sonrisa sutil en sus labios.
—Muy graciosa, mi nombre es Leopold Alexis Elijah Walker Thomas Gareth Mountbatten.—Hizo una pequeña inclinación de cabeza, como si fuera parte de una presentación ceremonial—. Un gusto, Isabella, un bello nombre tienes.
Reprimí una risita y asentí.
—¿Así que... ‘Leopold’? Bueno, sin incluir los otros cinco nombre más que tienes, suena igual de antiguo que el resto de tu estilo. Me gusta, combina contigo —bromeé.
Caminamos unos metros en silencio, pero él parecía pensativo, como si sopesara mis palabras.
—Me pregunto… —dijo al fin, mientras sus ojos paseaban por el parque— si la vida en el siglo XXI es tan diferente como parece a simple vista. La gente se viste de una manera curiosa, y pareciera que el tiempo es algo que siempre se escapa.
Lo miré, sorprendida.
—Supongo que sí. Todo va rápido, y no sé si realmente todos entendemos el valor de cada momento… O al menos de cómo lo entenderían en tu… época —le dije, dejándome llevar un poco por su manera de hablar—. Aunque pareces adaptarte bien, con todo y el traje.
Él me lanzó una mirada rápida, llena de esa mezcla de sorpresa e intriga que llevaba desde que nos conocimos.
—Intento hacerlo. Aunque, debo decir que algunas cosas del presente aún me confunden bastante.
Llegamos a la fuente de agua y señalé el bebedero para perros, donde su compañero de cuatro patas casi saltó de emoción, bebiendo de inmediato.
Leopold sonrió, agradecido.
—Aprecio tu compañía y ayuda, señorita Isabella. No sé si habría llegado aquí sin ella.
—Tranquilo, me aseguré de que sobrevivieras al siglo XXI —bromeé, guiñándole un ojo.
Cuando el perro de Leopold terminó de beber agua, me di cuenta de que el carrito de helados estaba a pocos pasos de nosotros. Una idea traviesa me cruzó la mente. Tomé a Leopold suavemente del brazo, sintiendo cómo se tensaba ligeramente ante el gesto, y lo guié con una sonrisa.
—¿Qué haces? —preguntó, un poco desconcertado, mirándome como si acabara de proponerle una locura.
—Te estoy llevando a vivir la experiencia completa del siglo XXI. —Lo miré divertida, soltando su brazo solo cuando llegamos frente al carrito de helados—. ¿Te gusta el helado?
Él me observó, curioso, y después miró el carrito, con sus colores brillantes y la fila de personas esperando su turno.
—Helado… si, he oído hablar de él, pero no estoy seguro de haberlo probado.
No pude contener una sonrisa. Había algo inexplicablemente tierno en su manera seria de observar todo, como si estuviera analizando los detalles con sumo cuidado.
—Entonces será una primera vez —respondí, emocionada. Mientras revisaba la lista de sabores, traté de contener una risa al imaginarlo probando helado por primera vez—. ¿Qué te parece… uno clásico, como vainilla? O podrías ser más aventurero y probar algo nuevo… aunque con tu estilo, la vainilla te quedaría bien.
Él arqueó una ceja y asintió.
—Lo que tú sugieras, señorita. Conf��o en tu buen criterio en estos asuntos.
Pedí un par de helados y le extendí uno a él. Leopold lo tomó, mirándolo como si le acabara de dar una pieza de arte extraña.
—¿Y ahora? —preguntó, sosteniéndolo con cierto recelo.
—Pues, ahora lo comes —me reí suavemente y le mostré cómo dar el primer mordisco.
Él siguió mi ejemplo, probando un poco de helado, y al instante su expresión cambió de sorpresa a una sonrisa genuina.
—Debo admitir que… esto está delicioso. Aunque también bastante frío —dijo, riendo casi a regañadientes, mientras el helado se derretía un poco en su mano.
Nos quedamos ahí, disfrutando de nuestros helados, y él parecía casi absorto en la simpleza del momento, como si estuviera en un mundo nuevo.
Leopold miró el helado en su mano, luego a mí, con una expresión de leve preocupación.
—Me temo que debería compensarte por esta experiencia… pero no tengo moneda alguna en mi posesión —dijo con tono serio, aunque se notaba su leve incomodidad.
Reí suavemente, sacudiendo la cabeza. —No te preocupes, va por cuenta de la casa. Considera el helado como un regalo.
Él asintió, agradecido, aunque parecía tomarse la falta de dinero más en serio de lo que imaginé. Aun así, retomamos el paso y comenzamos a caminar en dirección a la ciudad, cada uno con su helado en mano y sus perros avanzando a nuestro lado. Noté que el ruido de la ciudad parecía llamarle la atención cada vez más; sus ojos recorrían los edificios modernos, los vehículos y la gente como si fuera un espectáculo.
—¿Siempre está todo tan… activo? —preguntó finalmente, rompiendo el silencio.
—Sí, esta parte de la ciudad no descansa. —Lo miré, divertida—. Me imagino que debe ser muy diferente a lo que estás acostumbrado.
—Diría que es… excesivo —respondió, aunque sonrió levemente—. Aunque, admito que encuentro ciertos encantos en su caos.
Solté una risa y, sin darme cuenta, la conversación continuó hasta que nos acercábamos cada vez más a mi calle. Sus respuestas y observaciones, tan diferentes a las de cualquier persona que hubiera conocido, despertaban una curiosidad en mí difícil de ignorar. Y, a medida que avanzábamos, el camino de regreso a casa pareció acortarse más de lo que esperaba.
—Bueno, aquí estamos —dije, señalando mi edificio, con una leve mezcla de pesar y sorpresa por lo rápido que había pasado el tiempo.
Él se detuvo, mirándome con una expresión en la que pude ver el reflejo de aquella misma sorpresa. —Entonces, esta es tu morada… —dijo, como si el término “casa” fuera insuficiente para describirla.
Reí suavemente y asentí, manteniendo la puerta abierta. —Sí, aquí es donde vivo.
Nos quedamos unos segundos en silencio, hasta que él dio un paso hacia atrás con una ligera inclinación de cabeza. —Aprecio mucho tu… hospitalidad, y el curioso sabor del helado —dijo, mirándome—. Ha sido… realmente peculiar, gracias.
Me reí, sintiendo que lo que parecía un adiós formal escondía algo más.
—Ciertamente lo ha sido, Leopold —respondí, con una pequeña sonrisa—. Tal vez, si alguna vez te encuentras sin alguien que te explique las peculiaridades de este siglo, podríamos repetirlo.
Él pareció considerar mis palabras, y en su mirada, por un instante, vi algo de aquella chispa que había visto antes.
Justo cuando iba a hablar para despedirse, una figura apareció de la nada, casi como si hubiera salido del viento mismo. Una chica de cabello rubio, corto y liso, con una expresión entre preocupación y exasperación, corrió hacia nosotros. Parecía agitada, y al reconocer a Leopold, frunció el ceño.
—¡Leopold! Llevo un buen rato buscándote —dijo, con voz firme, cruzándose de brazos.
Él, sorprendido, alzó las cejas y le dedicó una leve reverencia. —Oh, mis disculpas. Me he… entretenido un poco más de lo que anticipaba.
La chica soltó un suspiro y lo miró con una mezcla de familiaridad y regaño que me hizo sentir como si estuviera presenciando algo privado. Suspiró otra vez, mirándome ahora con curiosidad, antes de volver a dirigir su atención a él.
—Por favor, no te alejes tanto la próxima vez —le dijo con un tono algo suave, pero con una mirada que dejaba claro que no era una simple petición.
Sentí una leve incomodidad, como si de repente hubiera irrumpido en una escena en la que no tenía lugar. La familiaridad con la que se hablaban y su postura protectora hacia él dejaron una impresión que no podía ignorar. ¿Sería… su novia? La idea hizo que una leve incomodidad se asentara en mi pecho, y de pronto, el momento se sintió como una despedida inevitable.
Leopold notó mi expresión y se volvió hacia mí, pareciendo un poco más reservado.
— Gracias nuevamente, Bella. Ha sido una tarde… inolvidable —dijo con una leve sonrisa, mirándome por un instante más largo de lo necesario antes de dar un paso hacia atrás.
Asentí, sonriendo con algo de nerviosismo, sin saber muy bien qué decir. —Claro, un placer haberte conocido, Leopold.
Con una última inclinación de cabeza, él se dio la vuelta y comenzó a caminar junto a la chica, quien seguía lanzándome miradas ocasionales. Al verlos alejarse, no pude evitar preguntarme si lo volvería a ver alguna vez.
Los observé mientras se alejaban, un poco desorientada y sin saber muy bien cómo sentirme al respecto. La puerta estaba a solo unos pasos, así que me giré para entrar en mi edificio, cuando escuché mi nombre resonando en el aire.
—¡Espera!
Volteé rápidamente y ahí estaba Leopold, con esa intensidad en sus ojos y una leve sonrisa en el rostro. Dio unos pasos hacia mí, ignorando a su acompañante que lo miraba con incredulidad, y se detuvo lo suficientemente cerca como para que nuestras miradas se encontraran de nuevo.
—¿Podrías anotarme tu dirección? —preguntó con esa voz tan particular, formal y a la vez suavemente intensa—. Sería un placer… saber más de ti. —Se inclinó ligeramente hacia mí y, con una sonrisa encantadora, añadió—: Porque no he encontrado en esta ciudad algo tan interesante como tú y.. me gustaria recompensarte por el helado.
La sinceridad en su mirada y ese comentario me hicieron sonreír, y cualquier duda que tuviera se desvaneció en el acto. Saqué un papel y buscando una lapicera en mi bolso, le di mi número, tratando de ignorar el latido acelerado de mi corazón.
—Quiero verte pronto, entonces —dije, mordiéndome un poco el labio mientras anotaba mi número y mi dirección en el papel.
Él sonrió, guardando el papel con cuidado. —Eso espero, sinceramente.
Al final, nos despedimos, y cuando me giré para entrar, no pude evitar sentir que todo acababa de dar un giro inesperado y maravilloso.
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voyagercocuyo3 · 2 months ago
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ONYX EQUINOX FANFIC- CUESTION DE BALANCE (REVISITED)
Comentario del autor
Quiero dedicarle esta historia, primero que nada, a mi mascota Caobo. Después de su muerte, la serie fue un pilar importante para poder sobrellevar mi pérdida. Aún extraño las ocurrencias de mi perro, y me da dolor recordar su enfermedad que lentamente lo alejó de mi lado. Al menos me quedan los buenos recuerdos que tengo con él y el tiempo que pasamos juntos.
También la dedico a toda esa gente cercana a mí que me soportó desde que entré de lleno a la serie y su mundo, en especial a mi ex pareja quien me apoyó en la creación de la historia, emocionándose al leerla.
Un agradecimiento a la creadora de la serie, quien dio paso a que empezara con este proyecto, por fascinación a su historia y el mundo que comprende. Es un relato basado en el mito de la creación que tenían los mexicas, en donde Quetzalcóatl y Tezcatlipoca usan a la mítica criatura, Cipactli, para crear el mundo. Quise darle mi propia interpretación, respetando su cosmogonía, la personalidad de cada dios que aparece previamente en la serie y de los que no. Mucho cariño está depositado en cada línea de este texto, de alguien que es ajeno a la cultura de México pero que la admira desde el fondo de su corazón.
Esta pequeña historia la había culminado en 2021, y siempre quise presentarla al mundo en formato de cómic pero la vida siempre tiene otros planes. Me parece justo que, después de tanto tiempo, me tome la molestia de, aparte de corregir y cambiar algunas cosas, pueda volver a avivar ese cariño por esta serie, no solo por mí, sino también por el resto de fans allá afuera esperando una segunda temporada.
No puedo olvidar agradecer enormemente a aquel que la esté leyendo y que espero la disfrute.
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CAPITULO 1. ENCUENTRO (PRIMERA PARTE)
La tierra está retumbando…
En el fondo de la selva se escucha el retumbar de la tierra. El sonido podría asemejarse al suelo desquebrajándose o al estruendo de cientos de relámpagos. Las aves, asustadas, salían de entre los árboles. Incluso algunos monos también. Una figura enigmática surcaba sin prisa alguna entre los árboles, contrario a las asustadas criaturas que pasaban a su lado. Pareciera que estuviese dando un paseo, aunque claramente estaba siguiendo el rastro de algo.
            -Vaya… - Camina por encima de un tronco de árbol que funcionaba como puente en medio de un barranco, divagando en su mente. Todo este comportamiento era inusual, y él estaba consciente de eso. Su recorrido seguía, mientras acariciaba su querida mascota que se encontraba alrededor de su cuello. Al fijar su mirada hacia al frente, por un momento ralentiza su paso, admirando, para luego sonreír levemente mientras reanuda su ritmo.
-Así que es esto… El gran señor de las montañas está en casa – Dijo en voz alta, estando frente a las bases de un templo tan imponente aunque abandonado… ¿Desde hace cuánto tiempo? Casi no quedaba rastro de su pintura original, la humanidad no había estado ahí por un rato largo, y era evidente por el gran árbol que había crecido cerca, invadiendo sus cimientos, sus escalones, cuyas ramas atravesaban el techo de aquel lugar. La naturaleza había dominado este lugar… aunque solo por ese día había cedido por quien estuviese allá arriba. Con calma sube, escalón por escalón, dejando a su compañera reptil divertirse entre el tronco, mirando alrededor, de vez en cuando deteniéndose para voltear y admirar la vista desde aquel lugar. Ciertamente… era una zona especial, incluso privilegiada, pensaba él.
-Increíble, me pregunto si… – Dice para sí mismo, llegando a la cima del templo, pero deteniéndose. En la puerta se encontraba un colosal jaguar amarillo, mirándolo con desdén con sus intensos ojos. Podía sentir que en cualquier momento podía lanzársele encima, arrancarle la carne de los huesos en un parpadeo; pero esto, lejos de intimidarlo, lo hace reír levemente.
-Sabía que no habías venido nada más a alimentar… gatos – Comenta. El felino gruñe, acercándosele desafiante. Que cuerpo tan fornido, un espécimen lleno de vigor y fuerza - Te habías guardado este lugar para ti solo… - Aquel hombre se acerca a parte del tronco apoyado en las paredes del recinto, colocando su mano, acariciándolo, dando la espalda a aquel amenazante animal
-No recuerdo haberte invitado, Quetzalcóatl – Una voz gruesa, masculina y firme sale de aquel ser.
El dios peliblanco voltea levemente, encogiéndose de hombros. No es que necesite su aprobación para estar ahí de todas formas- Sentía curiosidad… Pero debo admitir que no esperaba sentir… envidia hoy – toma una pausa breve, tratando de sentir, de imaginarse el recinto en su gloria, la gente con una devoción desbordante. Los cantos, las danzas, música por doquier- Que maravilla haber sido venerado en un lugar así, ¿No lo crees, hermano?
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nerondynainfor · 26 days ago
Text
Regalo
Fanfiction
Kamisama Kiss
Nanami quiere darle un regalo a Tomoe, pero, ¿qué le podría dar cuando Tomoe es un gran Zorro Guardián que todo lo puede y todo lo tiene?
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La rabia era patente, si es que su ceño fruncido y ropa llenos de pintura no eran lo suficientemente claros. ¿Cuándo fue que pensó que pintar sería algo tan benditamente sencillo sin ningun problema? Se había sobre-estimado, claramente. Aunque se sentía un poquito mejor como Diosa que había empezado a atender las oraciones de sus fieles, como humana sentía que seguía siendo la estudiante que dependía de los demás aunque se esforzara el doble por intentar hacer las cosas por su cuenta.
Nanami contempló el lienzo frente a ella. Había tratado de pintar un paisaje que recordaba un paraje tranquilo, lleno de árboles de cerezo y flores volando por ahi y por allá. El problema era que, sin darse el tiempo a que secara un poco la pintura y sin haber seguido el boceto inicial que le había ayudado a hacer Mizuki, se emocionó de más y se dejó llevar por su vena artista, como le había recomendado la serpiente. Le había faltado decirle cuánto tenía que dejarse llevar y cuánto tenía que respetar los trazos de la idea original.
Era un desastre y Nanami sentía la desesperación subir por su garganta hasta sus ojos. No voy a llorar, pensó. Una pintura no va a hacerme...
-¡No me salió nada! ¡Está arruinado!
Onikiri trataba de infundirle calma a su señora abanicando el cuadro para que se secara pronto y Kotetsu hablaba gentilmente.
-Ama Nanami, esto es de paciencia; si lo deja un rato más y vuelve en unos minutos le aseguramos que...
-¡Pero no quiero esperar!- Nanami agitaba el pincel por todas partes, como si fuera una varita mágica que terminaría el cuadro en un santiamén -¡Ya no queda mucho tiempo y Tomoe hace preguntas cada vez más y más molestas!
Y aunque a ella le molestaba, Tomoe sólo le preguntaba qué tanto hacía porque le daba curiosidad ver como un día ella se encontraba atiborrada de pruebas de telas y al otro se veía con múltiples y variados recetarios. Aunque nuna le diría, Tomoe había encontrado la escnea algo encantadora cuando la encontró rodeada de miles de pruebas de cerámicas en uno de los salones. Claro, antes de que ella levantara la mirada y furiosa corriera a deslizar con fuerza la puerta en su cara.
Él no entendía nada y había optado por mejor dejar a sus aires a Nanami cuando ella casi amenazó con ordenarle a través del pacto que cerrara el pico y no hiciera más preguntas.
Ese día Tomoe había salido a visitar al Tengu por unos cuantos pergaminos, o algo así le había dicho. Nanami tomó la oportunidad sin pensarlo. Corrió a pedirle a Muzuki ayuda con su nueva idea: regalarle un cuadro a Tomoe. Era una de las pocas sugerencias que le quedaban en su lista antes de que llegara Navidad y, Dioses, que la Tierra le ayudara porque ya no sabía que más podría hacer.
Todo comezó esa tarde en la cual Tomoe le trajo un precioso kimono. ¿Por qué? Sólo porque lo vió y supo que era perfecto para ella. Y aunque ela lo había dudado, cuando se lo vió puesto tuvo que admitir que Tomoe tenía razón. Tenía el fondo en degradado de blanco con azul ultramar, las mangas con remolinos de mar bordados en hilos plateados, al igua que las olas que evocaban a la Gran ola Kanagawa que rodeaban todo el borde inferior y cubrían toda la espalda. Y que decír del obi blanco bordado con patrones geométricos en múltiples tonalidades de azul. Nanami se había quedado tan embelezada y asombrada que Tomoe se rió hasta que ella sólo se sonrojó y besó tras un pequeño y tierno "Gracias".
Pero ella sentía que quería darle algo a Tomoe, no por el Kimono, si no por todo. Como un gesto de apreciación a todo lo que él había hecho para ella. Por todo lo que él significaba para ella. Por las veces que la había defendido, la había rescatado. Las veces que había cuidado de ella de peligros tan pequeños como una gripa o tan grandes como una araña de maisma. Tan imperturbables como los dioses del pasado o tan endebles como las hojas que caía sobre su cabello cuando el viento soplaba. También por todas las tardes que le había instruido sobre el templo y las peguntas infinitas que ella le hacía y que a veces colmaban la paciencia del zorro.
Quería darle algo hermoso, inesperado así como él era con ella. Por eso no quería que él supiera. Que fuera sorpresa.
Nanami, en medio de su furía con manchas pintorescas, rió bajito. Por eso el cuadro, que creyó sería una forma perfecta de plasmar la calma, gratitud y amor que sentía por y hacia él. Pero, al igual que todo lo anterior, lo había arruinado. Dejó el pincel en un vaso con agua cercano y se levantó. Quizás... sólo necesitaba aire fresco.
La semana anterior había estado llena de sus posibles planes y rotundos fracasos: había pedido ayuda al Dios-Diosa del viento para algunas danzas que, después de horas y horas de práctica la ayuda se desvaneció en el aire diciendo que tenía dos pies izquierdos. El tengu le había llevado por algunos comercios del submundo para encontrar los ingredientes para cerámica fina que ella podría realizar, pero que resultaron ser una estafa. Luego tuvo el apoyo de sus amigas, Ami y Himemiko quienes, por separado, intentaron ayudarle con algunas cosas de cocina tanto humana como sobrenatural para hacer un banquete como regalo. Las prisas lo habían estropeado todo. El estómago se le revolvió al recordar los resultados que le perseguirían en algunas pesadillas por algún tiempo.
Siguió caminando por el pasillo. El templo a sau alrededor concordaba con su humor.
También había intentado caligrafía -estaba de más decir lo que había sucedido cuando Tomoe abrió la puerta, sorprendiéndola y causando que muchísima tinta saliera volando. Y ni hablar del precio de regalar un traje; había pensado en regalarle alguna casaca que fuera a juego con el kimono que le había regalado. Recordó lo estática y patidifusa que se quedó cuando la tanuki del establecimiento le dijo el precio. Tuvo que disimular el estrangulo que se le arremolinó en la garganta para encontrar cualquier excusa de que no era de su agrado. Jamás en la vida ya fuera humana o Diosa, diría de nuevo que no tenía dinero, que no le alcanzaba.
Afuera brillaba el sol. Se tapó con la manta que dejaba cerca de la entrada en invierno y salió. El cambio de las sombras frías tan contrarias a la sensación quemante del astro rey de esa estación le dio razónes para sentir escalofrios.
Si todo lo que había intentado había fallado, ¿sería una señal divina de que no debía de intentarlo más? De que entre más intensamente buscaba conseguir algo, más escurridizo se le volvía entre las manos. El suspiro lleno de resignación se escuchó por todo el templo. Nanami se quedó un rato más, pensando que quizás Tomoe no necesitaba nada más, que era como el Sol; era la Tierra la que lo necesitaba a él, no al revés. Aunque se sintió todavía más miserable al pensar que incluso la Tierra le mostraba a esa bola amarilla todas las cosas que en ella crecían gracias a él, mientras ella no podía ni con una simple pintura para Tomoe.
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Los días faltantes para Navidad se volvieron cortísimos y Nanami se había resignado a hacer los típicos onigiris que le hacía a Tomoe que tanto le gustaban. Se sentía un poco inservible de hacerle siempre lo mismo, pero se consolaba al pensar que siempre le quedaban bien -aunque Tomoe siguiera de payaso con que estaban desabridos. Siempre se los acababa y no dejaba que nadie más los tocara.
Esa noche todos se reunieron en el salón y poco a poco fueron llegando los invitados: dioses, amigas humanas, amigos sobrenaturales... Habían adornado todo el día anterior y las nubes de los intentos fallidos de las semanas pasadas se desvanecieron entre risas y juegos con el Tengu y las típicas peleas entre guardianes. Nanami sonreía cansada pero contenta, pues pese a todo el estar con sus amigos le hacía sentir que nada más importaba -siempre y cuando no empezaran de idiotas y se pusieran hasta las chanclas con el sake.
Kurama trajo unos regalos preciosos para todos, de sus últimos viajes al mundo humano en giras de conciertos. Tomoe se sorprendió cuando vio que le dió una chaqueta de cuero blanca, con un estilo bastante sobrio y elegante.
-Es de piel de serpiente, supe que te encantaría en cuanto la vi.- Misuki le dedicó una mirada asesina al tengu y decidió que le pondría algo alucinógeno a su sake mentras no miraba.
Tomoe sólo sonrió de lado -Que deteste a las serpientes no significa que me vestiría con ellas. - Mizuki decidió que serían dos dosis entonces.
La comida llegó por parte de los familiares de Kurama y la esposa del rey del Mar, que se disculpó por no poder llegar. Y mientras estaban entretenidos con la comida entre que daban regalos -no querían sentirse tna humanos esperando a las doce- empezaban juegos y canciones o sólo recordando memorias, Nanami se disculpó y salió un rato. Tomoe la siguió con la mirada hasta que cerró la puerta.
Había hecho regalos pequeños para todos, como pequeños cepillos decorados y cajas aromáticas. -Pero para Tomoe sólo unos onigiris.- murmuró con derrota mientras caminaba a la cocina por el regalo de su guardián. Trataba de decirse a si misma que no importaba, que lo había intentado y que sólo tendría que practicar mejor la pintura -decidió que eso era lo que haría para los próximos meses, pues se negaba a perder contra un pincel. Los onigiris la esperaban en la mesa. Los miró. Se imaginó que el próximo año mejoraría y le daría algo mejor que eso. Decidida y un poco más contenta, los tomó. En eso, unos pasos detrás de ella le hicieron voltear y los onigiris casí salen rodando por el plato.
Tomoe alcanzó con facilidad en el aire el onigiri que había logrado escapar. Sonrió.
-¿Son para mi?
Nanami lo miró y asintió. -Tan desabridos como siempre- la sonrisa socarrona le asomó a ambos. Tomoe le dió una pequeña mordida al que ya tenía en la mano sin dejar de ver a Nanami.
El silencio entre ellos era tranquilo, pero sin duda había cierta tensión que impedía que la alegría en el otro salón llegara del todo a ellos. Aunque notaba la cara de Tomoe pacífica, Nanami pensó si no estaría un poco decepcionado al encontrar lo mismo de siempre como regalo para él. Queriendo salir pronto de ahí, Nanami le tendió el plato alargado de madera. Tomoe lo tomó, pero colocando sus manos sobre las de ella.
Oh, pensó la Diosa, como si hubiera podido irse fácilmente.
-¿Seguirás sin decirme qué ocurrió en las últimas semanas?- La voz de Tomoe no era agresiva, era gentil pero fuerte.
Nanami sabía que mentir con una historia sencilla no serviría de nada, Tomoe la olfatearía y entonces sí empezaría una discusión. Aguantando un suspiro, sólo lo miró. -Quería darte algo más que sólo onigiris.
El zorro movió las orejas, extrañado. -Podrías darme menos dolores de cabeza...- empezó a bromear pero Nanami jaló un poco sus manos para soltarse. Él no la soltó de su suave y firme agarre. Obtendría respuestas, quisiera ella o no. -¿Por eso toda la tinta y pintura en las paredes?
Nanami volteó rápidamente- ¿Cómo lo...?
-Aunque quitaras bien las manchas, al llegar al Templo me mareó un poco el oler todos esos colores en la casa.
Nanami se sonrojó. Pero asintió. -Quería darte algo bello. Siempre...- suspiró - Siempre llegas de la nada y me traes cosas preciosas que a veces pienso que un simple gracias no es del tamaño que mereces. Son cosas tan bonitas que traes... y no sólo eso. Estas para acompañarme cada que no entiendo algo o cuando los Dioses se ponen sus moños en las fiestas, me proteges y... - vió los ojos de Tomoe que brillaban como cuando quería interrumpir - y sé que aunque digas que es tu obligación, hay algo más que sólo eso en tu corazón. Ambos lo sabemos, porque en el mío igual. Y yo sólo... Yo sólo quería darte un regalo mejor, como los que tú me das.
Una risita ligera salió de los labios finos del zorro. Y luego, soltando una de sus manos, le acercó a él para depositar un beso en su frente.
-Que Diosa tan tonta.
Nanami se dejó hacer. El peso que sentía en su pecho se deshizo poquito a poquito, pero no del todo.
-Nanami, cuando los fieles te traen ofrendas, ¿qué es lo que ves?
Esa pregunta no se la esperaba. Recordó las múltiples ofrendas: cartas, adornos, fruta, esculturas de todo tipo, dibujos... -Veo sus intenciones... sus plegarias... los corazones que plasman a través de sus palabras e intenciones.
-Ajá... muy bien. ¿Importa mucho si es una estatua del tamaño de un caballo o del tamaño de un pétalo?
-No, en absoluto - se apresuró a determinar la Diosa -Lo que importa es que viene de ellos y de sus corazones.
-Exacto. - Tomoe se separó de ella y le deslizó una mano por la mejilla -Así como sus corazónes, lo que importa son las manos las que lo entregan.- Bajó la mirada a la mano que aún la sostenía y el plato de onigiris. -Nanami, el verdadero regalo siempre, siempre son las manos que lo entregan.
Le besó una vez más la frente, se inclinó para besar sendas manos suyas y al enderezarse una sonrisa socarrona le cruzaba la cara. -Y sobre todo eso es lo más importante contigo. -rió bajo y Nanami rió con él. -Aunque sean sólo onigiris, para mi son un tesoro porque fueron hechos por esos dedos que tanto me gustan.
-¿Podemos regresar con los demás o vas a seguir alabando mis dedos?
-Regresemos, -murmuró el contra su cuello -para el resto tengo toda la noche.
F I N
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Notas de autora: Muchas gracias a los bonitos reviews que han dejado en los one-shots anteriores, gracias infinitas! Puedo descansar en paz un poco más porque por fin escribí sobre una pareja que es preciadísima, me encanta y me inspira muchísimo.
Besito, xo
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depoesiaypoetas · 2 years ago
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La maleta se hizo más rápido de lo que se había desempacado. Olvidé el bote de champú, el cepillo de pelo, una falda y un scrunchie, las sandalias también. El hogar que creía mío ya no se siente más hogar. La familia ya no se siente familia. Tomé la mochila y salí con lágrimas en los ojos y dolorcito de pecho. Nadie me siguió. De alguna forma hubiera deseado que alguien lo hiciera o al menos dijera algo tras la discusión familiar. La puerta no se abrió para decirme que me quedara. Si no hay cumpables, hay heridas familiares de las que nadie se responsabiliza, y he tomado una decisión quizás apresurada, pero necesaria, y no di la vuelta atrás. No soy católica pero creo en Dios y caminando por una hora me detuve en el parque de la iglesia lleno de aves y palomas donde el viento pega fuerte y los árboles murmuran con vaivén, he llorado por dos horas, el dolorcito en el pecho seguía ahí, hubiese querido que el aire me secara los ojos, pero como se sabe, cuando empiezas a llorar por una cosa lloras por todas las veces anteriores, y es difícil cerrar las fuentes. Una señora creo que intentó acercarse pero me hice bolita sobre mis rodillas y dejé que siguiera el raudal, ni siquiera la respiración me ayudaba. Y esperé un rato. Me despedí de los planes cuando me hube calmado un poquito, que había hecho con los amigos y familiares. Y recibí en el chat familiar un único mensaje de "ojalá algún día me entiendas", y el corazón se arrugó más, y seguí llorando un rato lentamente como quien quiere quedarse dormido y olvidarse un ratito. Tomé un autobús a la central para cambiar mi boleto y tomar el siguiente en regresar, debía esperar 4 horas y me quedé sentadita en la terminal, viendo a los familiares despedirse y a los amantes con besos en la frente y lágrimas en los ojos: la terminal sigue siendo de mis lugares favoritos, sigue habiendo amor honesto del que no hay en otro tipo. Y mi autobús salió de noche, con nada en mi estómago, los ojos hinchados y la opresión en el pecho. Llegué a la terminal norte y esperé 20 minutos para trasbordar. Viajo ligero pese a que mi mochila parece caparazón de tortuga, sólo tengo ropa, libros y dulces en sus bolsas. Son más historias las que me pesan al hombro que la carga física la que llevo. Dormí más tiempo y, al despertar me sentí extraña creyendo que todo había sido un sueño, pero ya estoy acá de nuevo; he llegado a un hogar que no se siente hogar por ahora llamaré mi casa. El dolorcito en el pecho tomará su tiempo en desaparecer, dicen mis amigos cardiólogos que es un Síndrome de Takotsubo, yo digo que el amor romántico no es el único que puede romperte el corazón.
Clara Ajc
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ladyyulissaling · 8 months ago
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Capítulo I - primera impresión
La historia comienza con el señor paladino en su auto dirigiéndose a las afueras de la ciudad de Metroville, no era costumbre ni parte de su rutina pero aún así estaba maravillado por el bello paisaje del bosque aunque un tanto nublado era precioso hasta que...
—¡cielos!— Dijo el abogado sorprendido agarrando el volante de su auto con fuerza
Cuando salió de él para inspeccionarlo se dió cuenta de que este se había atascado en el lodo, y lo peor de todo, había ensuciado sus zapatos recién pulidos. El varón estaba algo repugnado, pero siguió con su camino a pie pues ya estaba en el lugar correcto, solo tenía que seguir el sendero (y por su auto no se preocupaba ya contactaría a un grúa).
Este llevaba un libro que necesitaba para saber si la demanda de la señorita Caramell era válida. él no tenía ni idea de quién era Caramell, per sí sabía que ella era quien había demandado a un tal Owen por supuestamente reclamar una propiedad que no le pertenecía, y por lo que escuchó decir por el teléfono, la señorita Caramell no estaba nada felíz así que decidió tomar el caso en sus manos
Después de haber recorrido el sendero y con algo de dificultad debido a sus gafas de sol, llegó a una estación que supuso era la oficina de la guardabosques, cambió sus gafas de sol a gafas normales, se acercó tímidamente y tocó el timbre, pacientemente esperó a que ella o alguien más saliera.
Segúndos después una linda mujer uniformada salió cubriendo su rostro con un gran sombrero de patrullaje.
—Disculpe..¿es usted Caramell Grisly?— preguntó el abogado
—¡Es correcto señor!— respondió alegremente quitándose el sombrero de la cara dejando ver el brillo de sus ojos y su cabello negro. El abogado sin más le extiende la mano y ella corresponde el saludo.
—¡Es un placer señor paladino!, que bueno que está aquí me han hablado mucho de usted ¡sígame!— alzando la mano y caminando hacia el extenso bosque
El señor paladino siguió a la chica por el sendero, mientras iba detrás de ella se pegaba a él mismo en la mejilla por los mosquitos en el aire, y la neblina del aire empañó un poco sus lentes dificultándole ver, pero sí pudo seguir.
—No recibimos muchas visitas en esta época del año, a los visitantes no les gusta la niebla, además los animales se preparan para ivernar y se esconden, así que no es muy divertido— explica la mujer a Simon
—Oh, eso suena...lindo— tartamudeaba por la pobre visión que sus gafas le daban
—Es más que lindo, ¡es maravilloso! este es su hogar y así a sido desde siempre— decía inspirada mirando una rama con un par de pajaritos en un nido
Después de pulir sus lentes con una manta, Simón vió el nido y empatizó con las ideas de la chica.
—!Ejem!—tosió Caramell— esto es lo que quería mostrarle
El hombre vió hacia donde ella apuntaba, un espacio del bosque lleno de árboles talados, una imágen que casi hizo que sus gafas se cayeran de la impresión.
—Usted no sabe lo mucho que me duele ver esto—suspiró con una cara triste—¿pero sí nos ayudarás cierto?— dijo mucho más animada
—Es correcto madame— contestó a la de cabello azabache
—¡fiuf! ¡gracias a Dios!— suspiró porfin quitándose el estrés de aquel paisaje dañado de encima
Pero la calma no le duró por mucho tiempo, escuchó a lo lejos un sonido ensordesedor y la tierra tembló debajo de sus pies, una gran máquina se aproximaba hacia ellos. En ese momento la mujer se puso enfrente de ella.
—¡¡Deténgase ahí!!— exclamó en alto usando su mano derecha en señal de alto, y la izquierda postrada en su cintura
El jóven que conducía la máquina frenó de inmediato, mientras esta frenaba, Simon se cubría la cara con el libro de reglas y Caramell simplemente se quedó parada como si nada cruzando los brazos y rodando los ojos.
De esa enorme chatarra bajó un hombre con traje gris, corbata azul, cabello pelirojo, casi calvo y algo obeso. Se acercó a la dama y dijo...
—Hola Caramell— dijo con una mirada perversa mientras encendía un puro
—Hola Owen...— saludó con disgusto la guardabosques, dado que el señor Nowman era un hombre muy bajo Caramell tenía que mirar hacia abajo para poder charlar con él
—Y al fin...¿ya decidiste rendirte y dejarme a mi la propiedad?— fumaba con delirios de grandeza
—¡¡De ningúna manera!!— exclamó con ira
—¡Anda! Continúa resistiéndote, sabes que el tiempo se te acaba, y nadie vendrá a salvarte— amenazó exhalando humo en su cara haciéndola toser
—¡En primer lugar no hagas eso! Y en segúndo ¡esta vez no vengo sola! —sonrió— ¡este es mi abogado!— tomó a Simon de los hombros y lo presentó al frente
—Simon .J. Paladino. Abogado— extendió la mano al hombre obeso
Todo quedó en silencio por un momento hasta que él y sus socios empezaron a reír.
—¿Que? ¡Cramelo! ¿hiciste equipo con este bago? ¡es increíble!— se reía el hombre junto a sus demás cómplices
La mujer estaba a punto de amenazarlo, pero el señor Paladino dió un paso al frente ajustando sus gafas y lo miró directamente cruzando los brazos.
En ese momento él y sus socios se quedaron callados ante la profunda mirada del hombre, la cuál jurarían que les penetraba hasta el alma.
—En primer lugar señor Nowman— dijo seriamente— esa no es forma de tratar a una mujer— la dama prestó atención ante ese comentario— en segúndo lugar, ese vocabulario es callejero y de bajo ¡y en tercero!— levantó un poco la voz— muéstreme su permiso de demolición— extendiéndo la mano derecha hacia el más bajo
El señor chasqueó un dedo y uno de sus cómplices le entregó un documento al abogado, mismo que leyó detenidamente.
—Esto no está firmado— le entregó el papel al dueño— es completamente ilegal demoler un área protegida sin la autorización de la guardabosques. ¿Qué tiene que decir en su defensa?— reclamó con severidad
—oh, señor Palediano— dijo Owen
—Es Paladino— corrigió Simon
—En primer lugar, esta área se a quedado sin recursos económicos como para pagar su mantenimiento de rutina, y les queda muy poco tiempo para poder hacer algo al respecto— dijo soberbio y arrogante— y en segúndo, Caramell no es la dueña del bosque, esta es un área pública en dónde la gente solo viene a hacer turismo y ver animales sucios y esas cosas— explicó con cara de desagrado
Caramell gruñó ante ese comentario.
—Así que lamentablemente ya no hay nada que usted ni nadie puedan hacer por él— ante esa oración la guardabosques se destrozó por dentro, puso su mano en su hombro y bajó tristemente la mirada
—No si yo puedo ayudarla— proclamó el abogado
La chica volteó a verlo sorprendida —¿de verdad lo harías?—
—Claro, para eso estoy aquí— respondió con su voz monótona
—¡Bien! par de dramáticos, tienen dos meses para solucionar este bochorno, pero si no lo hacen...tú deberás entregarme la propiedad ¡y largarte de esta ciudad!— apuntando a la guardabosques quien se quedó boquiabierta por lo que dijo el sujeto
—Bien— contestó tranquilamente el abogado— pero si usted pierde, tendrá que pasar un año tras las rejas, pagar una multa de $20,000 por los daños, y cien horas de servicio comunitario— dijo con severidad hacia el inversionista
—Trato hecho—aceptó la propuesta y ambos estrecharon la mano
—Vámonos muchachos— alzó la mano y gritó a sus cómplices— hasta entonces, caramelo—
Justo cuando dijo eso último se subió a la gran maquinaria, viéndolos con una mirada perversa mientras se alejaba con los demás.
—¡Rayos!, ¡como odio a ese soquete!— refunfuñó la jóven— ¡¿quién se cree que es?!
Simon la observó a detalle y parecía que quería llorar de la rabia, sus mejillas estaban algo rojas por la ira y sus dientes rechinaban mientras abrazaba el libro de reglas que anteriormente recibió del abogado.
Simon no sabía como consolar a la chica pues se veía que la estaba pasando mal, y la entendía perfectamente, ese hombre tenía una conducta y un vocabulario muy desagradable no entendía como ella podía haberlo soportado todos estos días.
—Yo te ayudaré lo prometo— dijo el abogado poniéndo su mano derecha en su hombro, no era bueno con las personas pero sí quería entenderlas
—Gracias de verdad Señor Paladino—
—No hay problema, sólo hago mi trabajo y será lindo trabajar contigo— le contestó calmadamente
Caramell estaba algo sorprendida por la monotonía de su voz, lejos de aburrirla o de hacerla dormir le daba mucha paz, y su apariencia física elegante le ayudaba bastante a calmarse de todo ese vergonzoso escándalo formado anteriormente por Owen.
—¡Pues vienvenido! Desde ahora este también es tu hogar— colocando su mano en su hombro
Simon se sentía alagado, pues no se había sentido vienvenido con ningúno de sus otros clientes. Por lo general resultaban ser indiferentes y otras veces eran arrogantes, pero con ella no, y eso lo aliviaba.
—Nos vemos mañana entonces— respondió el varón
—Hasta luego— se despidió aleteando la mano antes de voltear hacia otro lado
Justo cuando el hombre se marchó directo a la carretera dónde ya habían puesto su auto, ella curiosa lo miró irse de espaldas. Suspiró y decidió marcharse.
Tal vez este sea un buen comienzo para Simon, quizás ella podría ayudarlo a socializar y hacer amigos, pero hasta entonces tenía que cumplir con su misión de ayudarla, él era un hombre de palabra y estaba dispuesto a cumplirla
Continuará....
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gutierritoshds · 8 months ago
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Si dijera que te odio, ¿me creerías? Porque realmente te odio ¡Es que quién demonios abandona a alguno de sus compañeros de esa forma a manos de un dragón! Sé que no teníamos oportunidad, aún así, ¿quién corre sin siquiera mirar atrás? Voltee suplicando tu ayuda y solo vi tu silueta perderse entre los arboles. No sé qué me dolió más, mi carne molida tras un solo golpe de esa bestia o el saber que me abandonaste.
¿Qué pensaste cuando corriste? ¿Alcanzaste a ver mi rostro lleno de terror cuando en el piso pedía tu ayuda y tú decidiste darme la espalda? ¿O desde que te marchaste no he perturbado tu pensar?
Sobreviví. Aquel día, contra todo pronóstico maté al dragón. No puedo negar la suerte que jugó en mi victoria. Cuando yo y el cadaver del dragón yacíamos entre la tierra y la sombra de los árboles tú seguramente ya estabas en un lugar seguro. Ni siquiera mandaste ayuda, ni siquiera regresaste. Solo te fuiste ¿Es que acaso diste mi cadaver como un hecho?
Más difícil que lo imposible fue haber tenido que sobrevivir en aquel bosque cuando yo ya no tenía nada. Comí la carne del dragón, ¿qué más podía hacer? Pregúntame cuál es el sabor de la desesperación y te describiré con lujo de detalles el sabor de aquel dragón oscuro, tenlo por seguro que no es un sabor agradable.
Tal vez muchos hubieran preferido la muerte que tener que experimentar aquella corrupción, ¿te digo como se siente tu propia sangre circular como veneno por tus venas? Era horrible ver mi propia piel partirse, aún más horrible era sentirlo. Una sensación de muerte inevitable, cada órgano de mi cuerpo dejó de funcionar, la sensación de completo vacío que me aseguraba que aquí iba a morir ¿Sabías que el miedo a la asfixia es un miedo primario? Aún bestias que no conocen el miedo muestran terror en sus ojos cuando no pueden respirar. Yo no podía respirar y mi corazón quería escapar. Aún así, no solo sobreviví al dragón vivo, sobreviví a comer su carne ¿Cuál es la posibilidad de eso? Supongo que agoté mi suerte de por vida.
Debo admitir que el poder del dragón oscuro es diferente a cualquier cosa que hemos estudiado, solo es algo que siento en cada golpe. Los guerreros más diestros seguramente lo consideran injusto comparado con el poder humano convencional. Yo no sabía que hacer, lo primero que pensé fue venganza, quería vengarme de ti. Luego, con cada día que pasaba, con cada lugar al que iba mi odio solo crecía, pero no solo contra ti, sino contra todo el mundo. Pedía agua o comida y me arrojaban piedras. No veían mi humanidad, solo era un monstruo más. Descubrí que las personas son lo que son porque otros lo reafirman. Un padre es un padre porque tiene hijos que lo obedecen, un mercader es un mercader porque tiene clientes que le compran, un caballero es un caballero porque tiene un rey a quien servir. Yo solía ser una hija, una amiga, una aprendiz, en un solo acto ya no era nada. Excluida, renegada, una paria.
¿Qué opción tiene un individuo cuando la única compañía que le quedan son los monstruos se supone aprendió a aniquilar? Cuando tus aliados te dan la espalda vas al único bando que no te muerde. Querían un monstruo y fue lo que obtuvieron de mí.
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gazaardoll-and-gardenias · 3 months ago
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@xshoujiki
El aire estaba cargado con el eco de su victoria. La última criatura sombría que había invocado se desvaneció en un susurro de oscuridad, regresando al vacío del que había surgido. Ryoga se cruzó de brazos, inspeccionando su obra con una sonrisa satisfecha. El lugar estaba despejado, las amenazas eliminadas, y todo gracias a él. Justo cuando pensaba marcharse, un ruido entre los árboles llamó su atención. Su mirada se dirigió hacia la figura que emergía de las sombras.
─¿Umm? ─murmuró con desinterés, aunque sus ojos brillaban con cierta curiosidad. Su sonrisa se ensanchó al reconocer la marca de una hechicera en la postura y los objetos de la recién llegada ─. Si venías a encargarte del problema, llegaste tarde ─añadió Ryoga, su tono lleno de una arrogancia juguetona mientras levantaba una mano y la agitaba en un gesto despreocupado ─. Pero no te preocupes, ya lo solucioné. Puedes agradecerme después.
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softaikiria · 2 years ago
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Querido Nadie:
¿Y si me quedo en casa hoy y no salgo a pasear? No quiero un día de monotonía más, además, allá en donde porto mis actividades cansinas para ganar un dineral, no hay más que un caos esperándome. ¿Y si mejor me quedo en cama esta mañana y me hago uno con el colchón para morirme acá en la espera de algo mejor?
Preste mi cuerpo a un hombre adulto que uso de él como si fuese un objeto sin alma y sentimientos. Preste mi cuerpo, no se me movió un pelo de emoción y en la noche lloré en mi almohada desesperanza de vida. Siempre cometiendo los mismos errores. Porto un cuerpo que no cuido, lo doy a él para desaparecer un rato, desconectarme de mi físico y luego volver para agonizar.
No he amado en mucho tiempo y no me he sentido amada por mucho más, presto mis senos y muslos sin obtener algo a cambio más que dolor, frustración y arrepentimiento. Mi reflejo en el espejo no soy yo, es la muñeca de seda que tocan dedos malditos, secos y sin perfume delicado como yo. Y hay alguien que me espera con entusiasmo de niño esperando un beso detrás de un árbol para salir corriendo, y mientras él me mira y se ríe tonto, yo frunzo el ceño porque no escucho a mi corazón latir, ni a las llamadas mariposas del amor acariciar mi vientre ni nada similar ¿por qué él no? ¿Por qué no ese chico esperanzador de cabellos rubios y ojos claros? ¿Por qué no quien me respeta y trata con cautela? Es como si inconscientemente dijera "me merezco este maltrato” el no-amor, la hipersexualización, la explotación femenina para un estado patriarcal, para un varón que no me ama y respeta, para ser usada y asqueada para mí misma en la intimidad. Cuando él me mira y toca mis hombros con miedo y su virginidad vigente se hace presente todo en mí tiembla y hace querer desvanecerme, pero me temo que soy hija de un diablo pecaminoso y vos un ángel para nada terrenal, y quiero besar tu suavidad enrojecida llamada boca, pero temo ensuciarte de mí y que todo salga mal.
El cielo lloró y cayeron los árboles porque sabían que tocaste una parte de mi ser que no debía ser perturbada. Entonces las calles se inundaron en las penas del cielo que me veía con melancolía, el frío soplo y el viento rompió los paraguas de las personas en la calle. Mis ángeles no querían que te acercaras ni un poco más. Me pregunto si la virgen maría escuchara mis rezos diarios suplicándole que mantenga este secreto y no haga de mis momentos actuales un caos para mi débil ser que ya no soporta otro golpe de esta vida. Hay un ser celestial mirándome con reprochables ojos llenos de decepción y miedo por lo que pueda sucederme, ¿son acaso estos pensamientos enfermizos una solución realmente viable? Una salida fácil, siempre la salida fácil es la que lo acaba con todo. Una virgen se cansa de pedir ayuda en sus rezos diarios que parecen no llegar a oídos de ningún santo, las rodillas ya se siente como si estuvieran sobre arroz y no paran de estar sangrando
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laraizinvertida · 2 months ago
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El sueño de la muerte o el lugar de los cuerpos poéticos
Toda la noche escucho el llamamiento de la muerte, toda la noche escucho el canto de la muerte junto al río, toda la noche escucho la voz de la muerte que me llama.
Y tantos sueños unidos, tantas posesiones, tantas inmersiones, en mis posesiones de pequeña difunta en un jardín de ruinas y de lilas. Junto al río la muerte me llama. Desoladamente desgarrada en el corazón escucho el canto de la más pura alegría.
Y es verdad que he despertado en el lugar del amor porque al oír su canto dije: es el lugar del amor. Y es verdad que he despertado en el lugar del amor porque con una sonrisa de duelo yo oí su canto y me dije: es el lugar del amor (pero tembloroso pero fosforescente).
Y las danzas mecánicas de los muñecos antiguos y las desdichas heredadas y el agua veloz en círculos, por favor, no sientas miedo de decirlo: el agua veloz en círculos fugacísimos mientras en la orilla el gesto detenido de los brazos detenidos en un llamamiento al abrazo, en la nostalgia más pura, en el río, en la niebla, en el sol debilísimo filtrándose a través de la niebla.
Más desde adentro: el objeto sin nombre que nace y se pulveriza en el lugar en que el silencio pesa como barras de oro y el tiempo es un viento afilado que atraviesa una grieta y es esa su sola declaración. Hablo del lugar en que se hacen los cuerpos poéticos -como un cesta llena de cadáveres de niñas. Y es en ese lugar donde la muerte está sentada, viste un traje muy antiguo y pulsa un arpa en la orilla del río lúgubre, la muerte en un vestido rojo, la bella, la funesta, la espectral, la que toda la noche pulsó un arpa hasta que me adormecí dentro del sueño.
¿Qué hubo en el fondo del río? ¿Qué paisajes se hacían y deshacían detrás del paisaje en cuyo centro había un cuadro donde estaba pintada una bella dama que tañe un laúd y canta junto a un río? Detrás, a pocos pasos, veía el escenario de cenizas donde representé mi nacimiento. El nacer, que es un acto lúgubre, me causaba gracia. El humor corroía los bordes reales de mi cuerpo de modo que pronto fui una figura fosforescente: el iris de un ojo lila tornasolado; una centelleante niña de papel plateado a medias ahogada dentro de un vaso de vino azul. Sin luz ni guía avanzaba por el camino de las metamorfosis. Un mundo subterráneo de criaturas de formas no acabadas, un lugar de gestación, un vivero de brazos, de troncos, de caras, y las manos de los muñecos suspendidas como hojas de los fríos árboles filosos aleteaban y resonaban movidas por el viento, y los troncos sin cabeza vestidos de colores tan alegres danzaban rondas infantiles junto a un ataúd lleno de cabezas de locos que aullaban como lobos, y mi cabeza, de súbito, parece querer salirse ahora por mi útero como si los cuerpos poéticos forcejearan por irrumpir en la realidad, nacer a ella, y hay alguien en mi garganta, alguien que se estuvo gestando en soledad, y yo, no acabada, ardiente por nacer, me abro, se me abre, va a venir, voy a venir. El cuerpo poético, el heredado, el no filtrado por el sol de la lúgubre mañana, un grito, una llamada, una llamarada, un llamamiento. Sí. Quiero ver el fondo del río, quiero ver si aquello se abre, si irrumpe y florece del lado de aquí, y vendrá o no vendrá pero siento que está forcejeando, y quizás y tal vez solamente la muerte.
La muerte es una palabra.
La palabra es una cosa, la muerte es una cosa, es un cuerpo poético que alienta en el lugar de mi nacimiento.
Nunca de este modo lograrás circundarlo. Habla, pero sobre el escenario de cenizas; habla, pero desde el fondo del río donde está la muerte cantando. Y la muerte es ella, me lo dijo el sueño, me lo dijo la canción de la reina. La muerte de cabellos del color del cuervo, vestida de rojo, blandiendo en sus manos funestas un laúd y huesos de pájaro para golpear en mi tumba, se alejó cantando y contemplada de atrás parecía una vieja mendiga y los niños le arrojaban piedras.
Cantaba en la mañana de niebla apenas filtrada por el sol, la mañana del nacimiento, y yo caminaría con una antorcha en la mano por todos los desiertos de este mundo y aún muerta te seguiría buscando, amor mío perdido, y el canto de la muerte se desplegó en el término de una sola mañana, y cantaba, y cantaba.
También cantó en la vieja taberna cercana del puerto. Había un payaso adolescente y yo le dije que en mis poemas la muerte era mi amante y amante era la muerte y él dijo: tus poemas dicen la justa verdad. Yo tenía dieciséis años y no tenía otro remedio que buscar el amor absoluto. Y fue en la taberna del puerto que cantó la canción.
Escribo con los ojos cerrados, escribo con los ojos abiertos: que se desmorone el muro, que se vuelva río el muro.
La muerte azul, la muerte verde, la muerte roja, la muerte lila, en las visiones del nacimiento.
El traje azul y plata fosforescente de la plañidera en la noche medieval de toda muerte mía.
La muerte está cantando junto al río.
Y fue en la taberna del puerto que cantó la canción de la muerte.
Me voy a morir, me dijo, me voy a morir. Al alba venid, buen amigo, al alba venid.
Nos hemos reconocido, nos hemos desaparecido, amigo el que yo más quería.
Yo, asistiendo a mi nacimiento. Yo, a mi muerte.
Y yo caminaría por todos los desiertos de este mundo y aún muerta te seguiría buscando, a ti, que fuiste el lugar del amor.
Alejandra Pizarnik
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storiesauraline · 4 months ago
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𑁍
⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀ 𝐀 𝐧𝐞𝐰 𝐬𝐩𝐞𝐥𝐥
⠀⠀⠀ ⠀⠀ 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒆 𝒃𝒐𝒐𝒌 𝒐𝒇 𝐀𝐮𝐫���𝐥𝐢𝐧𝐞
⠀⠀⠀ ❛𝐀𝐁𝐄𝐂𝐄𝐃𝐀𝐑𝐈𝐎 𝐃𝐄 𝐌𝐈𝐒𝐓𝐄𝐑𝐈𝐎𝐒❜
⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀ 𝘄𝗿𝗶𝘁𝘁𝗲𝗻 𝗯𝘆 #𝐜𝐡𝐨𝐬𝐞𝐧𝐨𝐧𝐞
⠀ ⠀ "De la calma del alba al caos del crepúsculo, cada letra guarda un universo esperando ser descubierto."
───── ・ ・ ・ ・ ( ✧ )
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𝐀𝐍𝐆𝐄𝐋
Era difícil hablar de él, incluso cuando su ausencia se sentía como un eco constante en el rincón más profundo de su alma. Buffy lo recordaba como un murmullo de algo perdido pero jamás olvidado. Angel no era solo un hombre; era una contradicción viviente a lo sobrenatural. Un vampiro con alma, un faro de esperanza envuelto en sombras.
Para Buffy, él había sido muchas cosas, un protector, un amante, un desafío constante a todo lo que sabía sobre el bien y el mal. Pero, sobre todo, Angel era el primer lugar donde su corazón encontró un hogar. Su conexión iba más allá de lo físico; era algo eterno, como si sus almas hubieran estado destinadas a encontrarse, incluso cuando el mundo parecía empeñado en separarlos.
Y lo había hecho.
La pérdida de Angel no era solo la ausencia de su presencia, sino la herida perpetua de saber que el sacrificio era inevitable. Eligieron la distancia, no porque no se amaran, sino porque lo hacían demasiado. Cada despedida era como arrancar una parte de sí misma, pero Buffy sabía que su amor por él no podía ser egoísta. Angel tenía su propia batalla que librar, su propio camino hacia la redención, y ella nunca querría ser la razón por la que se desviara de él.
Aun así, en las noches más silenciosas, cuando la batalla había terminado y el mundo parecía en calma, Buffy se encontraba pensando en él. En cómo la miraba como si fuera lo único que importaba. En cómo su voz, siempre baja y cargada de emociones contenidas, la hacía sentir segura incluso en los momentos más oscuros.
Pero ahora esa voz era solo un recuerdo por el paso de los años, y esos ojos llenos de culpa y amor estaban lejos, quizás mirando a otro cielo. Buffy sabía que Angel también pensaba en ella; lo sentía en la forma en que su corazón se agitaba con un dolor familiar, como si su amor no pudiera ser contenido por la distancia.
Él había sido su primer gran amor, y siempre lo sería. No importaba cuántos años pasaran o cuántas cicatrices acumulase su corazón; Angel permanecería en ella, no como una herida abierta, sino como una marca que nunca desaparecería.
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𝐁𝐄𝐒𝐓𝐈𝐀
Buffy había enfrentado horrores inimaginables, pero aquella noche, al adentrarse en las profundidades del bosque que rodeaba Sunnydale, se encontraba cara a cara con una Bestia que superaba todo lo que había visto. Era una criatura salida de los rincones más oscuros de la dimensión demoníaca, una entidad con la que solo se había cruzado una vez antes, y de la que apenas había escapado con vida.
La Bestia, una masa de músculos retorcidos y piel de obsidiana, se levantaba ante ella, con ojos que brillaban como carbones encendidos. No era solo su tamaño lo que la hacía temible, sino la pura maldad que emanaba de su presencia, su mismo cuerpo le decía que no era un ser cualquiera. Cada paso que daba hacia Buffy hacía que la tierra temblara y el aire se llenara de un hedor a azufre.
Detrás de la Bestia, Buffy vislumbró un abismo, una grieta en el suelo que parecía conectada directamente con el infierno. Desde esa abertura, un fuego infernal brillaba, iluminando la figura monstruosa con una luz rojiza y espectral. Parecía haberse manifestado directamente desde ese abismo, como si el mismo infierno la hubiera vomitado para traer destrucción. No se sorprendía, Sunnydale era un centro de energía demoniaca, capaz de traer lo impensable.
Sabía que no podía permitir que esa criatura caminara libremente por el mundo y muchos menos por las calles de su ciudad, pero sentía el peso al enfrentarse a una amenaza tan grande. La Bestia rugió, un sonido que resonó en los árboles y en el corazón de la cazadora.
Sin embargo, en ese momento de duda, Buffy recordó quién era y lo que había superado. Sus dedos se aferraron a la estaca que llevaba, pero sabía que no sería suficiente. Necesitaría todo su ingenio, fuerza y coraje para devolver a la Bestia al abismo del que había surgido.
Con un grito de desafío, se lanzó hacia adelante, dispuesta a luchar no solo contra la Bestia, sino contra el abismo mismo que parecía querer tragarse el mundo.
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𝐂𝐈𝐑𝐂𝐔𝐋𝐎
La cazadora se encontraba en el centro de un antiguo cementerio, rodeada de lápidas gastadas y árboles retorcidos por los años. Lo que más llamaba su atención no era su paisaje sombrío, sino el círculo que había sido dibujado en la tierra a sus pies. Hecho con tiza blanca y rodeado de símbolos arcanos, el círculo parecía pulsar con una energía propia, casi como si estuviera vivo.
Había encontrado muchos círculos antes, utilizados por brujas y demonios para rituales oscuros, pero este era diferente. Se sentía atraída hacia él, como si una fuerza invisible intentara arrastrarla hacia adentro. Su instinto le decía que esto era una trampa, una prueba, o quizás ambas cosas al mismo tiempo.
Dando un paso atrás, Buffy examinó el círculo con cautela. Sabía que cruzar la línea podría significar quedar atrapada en algún hechizo o dimensión desconocida. Pero también sabía que, como cazadora, su deber era enfrentarse a cualquier amenaza, sin importar cuán peligrosa fuera. Tenía que proteger a quiénes podían caer dentro de esa trampa.
Con un suspiro, sacó una estaca de su chaqueta y la sostuvo con firmeza. Sabía que para detener lo que sea que estuviera planeado dentro de ese círculo, tendría que entrar. Con un último vistazo a su alrededor, Buffy dio un paso adelante y cruzó la línea de tiza hasta quedar en el centro.
Inmediatamente, el aire se volvió denso y la temperatura bajó bruscamente. El círculo se iluminó con un resplandor inquietante, y las sombras a su alrededor comenzaron a moverse como si tuvieran vida propia. Estaba atrapada dentro del círculo, pero en lugar de sentir miedo, Buffy se preparó para la batalla.
Lo que fuera que había sido convocado, estaba a punto de enfrentarse a la cazadora, y Buffy sabía que, como siempre, encontraría la manera de romper el círculo y volver a la luz.
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𝐃𝐈𝐀𝐌𝐀𝐍𝐓𝐄
Se encontraba en el sótano de una antigua mansión abandonada, rodeada de una oscuridad que solo era interrumpida por el resplandor tenue de un objeto en el centro de la habitación. Llamativa, brillante. Sobre un pedestal de piedra descansaba un diamante. Pero no era un diamante cualquiera, su brillo era inusual, casi hipnótico, como si contuviera dentro de sí un poder antiguo y peligroso.
Había escuchado rumores sobre el Diamante del Juicio, una gema que se decía podía revelar la verdadera naturaleza de una persona, exponiendo sus secretos más oscuros y sus mayores miedos. Los demonios lo deseaban por su capacidad para doblegar voluntades y sacar a la luz las verdades que nadie quería enfrentar. Buffy sabía que tenía que recuperarlo antes de que cayera en las manos equivocadas. Giles lo había averiguado y nunca se equivocaba.
Mientras se acercaba con cautela, sentía una extraña atracción hacia la gema. El diamante parecía pulsar una energía propia y, por un momento vio su reflejo en la superficie brillante, pero algo estaba mal. En lugar de su rostro, vio una versión distorsionada, una Buffy con ojos fríos y vacíos; llena de odio y resentimiento.
Sacudió la cabeza, apartando la visión, y extendió la mano hacia el diamante. Al tocarlo sintió una oleada de emociones, como si el diamante estuviera intentando hurgar en lo más profundo de su alma, buscando algo con que atormentarla. Pero Buffy era fuerte, había enfrentado monstruos reales y demonios internos. No iba a dejar que una piedra la derrotara.
Con un esfuerzo, arrancó el diamante del pedestal. La habitación pareció temblar bajo sus pies, como si la misma estructura protestara por su actuar. Pero no se detuvo. Sabía que el verdadero peligro no estaba en el diamante en sí, sino en lo que otros harían con el.
Mientras subía las escaleras, el diamante brillaba con una luz tenue, como si todavía intentara revelar los secretos de su mente. Pero Buffy lo ignoró. Sabía quién era, conocía sus miedos, sus debilidades y no necesitaba que un diamante se los recordara.
Al salir de la mansión y sentir el aire fresco de la noche, Buffy miró el diamante una vez más antes de guardarlo en su chaqueta. Era solo otro objeto de poder, uno más en una larga lista de cosas peligrosas que debía mantener fuera del alcance de los enemigos.
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