#todo culpa de ran
Explore tagged Tumblr posts
Text
es simple pero honesta la sonrisa que regala cuando lo escucha, quizás porque es justamente la respuesta que espera, aunque quizás sin la dosis de agradecimiento. luego de tumultuosos reencuentros, debe admitir que hay algo de alivio en no tener que estar afilando la lengua para mantener una conversación con él, piensa que quizás es cuestión de tiempo, pero prefiere aferrarse a ello al menos mientras sea posible. curvatura de labios se tuerce apenas, no es que le moleste, sino que no quiere que todo aquello desemboque en la idea de seth teniendo que lidiar con preguntas del estilo : ¿sabes que tu cita está acusada de intento de asesinato? sabe que tendrá que mencionárselo eventualmente, aunque no esa noche. relato de supuesto titular le arranca una suave carcajada, y cabeza se balancea de un lado a otro en sutil negación. “de todas las parejas que me han inventado estas últimas semanas, seth no me molesta.” al contrario, significaría que finalmente aprendió a vincularse con quienes valen la pena. sin embargo, cuando vuelve a escucharle, se le despierta cierta curiosidad. bebe, copa viaja a los labios un par de veces antes de expresarlo. “creí que ella se encargaba de estas cuestiones cuando eran problemáticas… ¿crees que esto lo sea?” quizás, primera impresión sobre posibles consecuencias para mejor amigo no estaba tan errada. no sabe si acaso contrario no le escuchó la primera vez o decidió ignorarle, pero para asegurarse, es que menciona nuevamente. “¿por eso est��s aquí con vesper?” se refiere a posibles escándalos mediáticos, a habladurías.
' sí, lo sé, pero te agradezco igualmente. ' no es tímido con sus opiniones sobre su vestimenta. su estilo es una de las pocas cualidades que puede rescatar de sí mismo, tendencia por la moda es algo que lo mantiene parcialmente ocupado cada tanto. después se ríe. es una risa suave, pero sincera. chasquea la lengua y le regala una mueca descontenta. ' nulas, me temo. ' sus labios se juntan en una fina línea. es la realidad del asunto. ' es el chico del momento, sereia — con suerte mañana estarán especulando sobre su noviazgo y no haciéndote un perfil de tres carillas en people. ' él está acostumbrado. sus artículos más llamativos habían sido tal vez aquellos que reafirmaban sin cansancio que él y malena eran novios. ' ¿quién es sereia tennant? todo sobre la nueva novia de seth harbolt. ' recita lo que seguramente sería un titular de muchos portales, cada uno con una versión distinta. le da un sorbo a la copa. ' tal vez te conviene tener el número de vivienne pembroke en marcado rápido. ' en su caso, es más de acudir a gaspar cuando tiene una de estas... situaciones. pero tiene que admitir que vivienne tiene un talento inigualable para estas cosas. ' dudo que tú y yo seamos sus personas favoritas, pero es una profesional. ' añade, refiriéndose a sus desencuentros con melodía.
#carmivne#୭˚. el lujo es vulgaridad ─ interacción.#dios realmente#esos das que me fui me dio abstinencia#todo culpa de ran#also no leíste mi reply completa la vez anterior ya me di cuenta#así me tratan acá
117 notes
·
View notes
Text
CHINESE EMPIRE AU TOKYO REVENGERS
More parts here









Rindou Haitani
ENGLISH
Rindou is the youngest daughter of the noble Haitani family.
She lives under the constant pressure of her father to find a husband who can financially save the family. However, more than anyone, she knows that her father would sell her to the highest bidder just to get as much money as possible.
She loves her brother and mother more than anyone in the world and is eternally grateful to them for protecting her from her father’s horrible plans.
She has a good relationship with her mother, who has taught her many more things than a young unmarried lady of her age should know.
With her brother, she has a very close relationship—he is her greatest confidant and best friend, the one who knows all her secrets.
The biggest secret the siblings share is Rindou’s magic—she controls water and ice. More than once, due to nerves, she has frozen the ground beneath her feet.
Luckily, she has only frozen a very small part, and no one has ever noticed—except for Ran, whose foot she once accidentally froze, causing him to let out a small yelp from the sudden cold.
After that accident, Rindou tried to control her powers and keep them a secret.
One of her greatest passions is music—she practices every day with her Guqin (a musical instrument of the time).
The only thing the whole family agrees on is her enormous musical talent. However, her father often wants to use it to show off and find her a husband.
Another of her hobbies is training with Ran. In secret from their father, he taught her how to fight so she could defend herself if he wasn’t around.
What Ran didn’t expect was that his sister would become almost as strong as him.
Despite her father’s constant pressure, Rindou hopes to marry the one she loves—Seishu Inui.
Unfortunately for her, their father seems to dislike the Inui family, so the chances of him approving her idea of marrying Seishu are practically zero.
But that hasn’t stopped her from trying to get to know Seishu better.
Luckily, she has been able to keep her little nightly escapades with Seishu a complete secret.
ESPAÑOL
Rindou es la hija menor de la noble familia Haitani.
Vive bajo la constante presión de su padre por encontrarle un marido que salve económicamente a la familia.
Aunque, ella más que nadie, sabe que su padre la vendería al mejor postor, simplemente por conseguir la mayor cantidad de dinero posible.
Quiere a su hermano y a su madre más que a nadie en el mundo, y les está eternamente agradecida por protegerla de los horribles planes de su padre.
Tiene una buena relación con su madre, quién le ha enseñado muchas más cosas de las que una señorita de su edad (y soltera) debería saber.
Con su hermano tiene una relación muy buena, es su mayor confidente y su mejor amigo, quien sabe todos sus secretos.
El mayor secreto que tienen los hermanos es la magia de Rindou, quien controla el agua y el hielo.
Más de una vez, por culpa de los nervios, ha congelado el suelo bajo sus pies. Por suerte, solo ha congelado muy poca parte y nunca nadie se dió cuenta.
Menos Ran, a quien le congelo parte del pie y soltó un pequeño chillido por el frío repentino.
Tras ese accidente, Rindou intentó controlar sus poderes y mantenerlos en secreto.
Una de sus mayores aficiones es la música, práctica todos los días con su Guqin (instrumento musical de la época).
La única cosa en la que toda su familia esta de acuerdo es en su enorme talento musical. Aunque su padre muchas veces quiera usarlo para presumir y encontrarle un marido.
Otra de sus aficiones es entrenar con Ran. Él, en secreto de su padre, le enseño a pelear, para que así pudiera defenderse si el no estaba cerca.
Lo que Ran no esperaba era que su hermana pudiera ser casi igual de fuerte que él.
Aún con la constante presión de su padre, Rindou espera poder casarse con quien ella quiere, Seishu Inui.
Aunque, para su desgracia, a su padre parece caerles mal los Inui, así que su probabilidades de que aceptase su idea de casarse con Seishu son nulas.
Pero esa idea no ha frenado sus intentos de conocer mejor a Seishu.
Que suerte que ha podido mantener en completo secreto sus pequeñas escapadas nocturnas con Seishu.
#anime#manga#game#tokyo revengers#tokrev#tokyo revengers aesthetic#tokyo revengers rindou haitani#tokrev rindou#tokyo revengers rindou#rindou haitani#tokrev chinese empire au#rindou haitani fem
17 notes
·
View notes
Text
Delicious temptation on a cold heart
-Ran Haitani x fem!reader
/ You can traslate to your lenguage if you want to dead it /
Words: 12,7k
Synopsis: the Haitani´s Empire is wealthy and powerwful over all Roppongi. Bonten is dangerous than ever.
First chapter, second chapter, thrid chapter, fourth chapter, fifht chapter _masterlist_
Lo cierto era que Ran Haitani la aterrorizaba.
Esa noche apenas pudo dormir. Sus pensamientos se resumían en la vergüenza que había pasado cuando Ran la abandonó en el ascensor y en lo confusión que le siguió después. Desde las razones por las que pudo haberla besado, y ella respondido como si la vida de ellos fuera la de una pareja felizmente casada, hasta el punto en el que él había cambiado de idea.
La respuesta fue una posible bipolaridad, un transtorno serio. O que fuera un sádico que disfrutase con torturar a sus víctimas. Bueno, al menos eso tendría sentido. Porque la odiaba.
Terminó por levantarse porque era ridículo quedarse en la cama por algo que ya estaba perdido y llorarlo, en vez de enfrentarse a ello. Se dio una ducha para quitarse la mala sensación de los dedos de Ran apretando su piel y el olor de la pintura y la colonia mezcladas. Apestaba. El anillo que había recogido del estudio poco después de llegar al ático decoraba su mano diestra en una promesa silenciosa y forzada. Una cadena. Los recuerdos de ayer eran borrosos y confusos. Si tenía que defenderse por sus acciones, diría que era culpa del alcohol haber actuado de esa forma antes de perder el orgullo. Qué era perder una poca de dignidad por algo que podría haber ocurrido con el orgullo del que su tía siempre se había esforzado en generar en ella.
Lo primero que hizo fue ponerse el pijama. Hoy no iría a clase porque su única asignatura importante era asistir a la última del día. Anabella una vez le dijo que la asignatura de Historia del Arte Contemporáneo era difícil cuando no la llevabas al día y al final acababas perdiendo el sentido de todo el eje cronológico faltando solamente una vez. Al final, resultó siendo cierto. El resto del día eran todo asignaturas de práctica que ya tenía adelantadas. Además, de que podía adelantar un poco más del Trabajo Final para no perder el ritmo. Una vez vestida volvió al baño únicamente para echarse la crema de la cara y desenredarse el pelo mojado. En ningún momento se lo secó.
Salió de la habitación a sabiendas de lo que se encontraría abajo. Una repetición del día anterior, y del pasado también. Habrían servido el desayuno en la mesa del comedor y corrido las cortinas para que al bajar no se sorprendiera de ver todo oscuro. En invierno, habrían encendido la calefacción a primera hora de la mañana, pero como aún no hacía frío de verdad no lo estaba. En verano, el termostato se encendería por la tarde que eran las horas más calurosas y que de verdad se notaban. Normalmente lo hacían, menos cuando ella pedía un cambio, siguiendo las instrucciones del día antetior. No se encontró en el camino con la criada, que correría a la habitación nada más verla y para sorprenderse de que ya habría dejado la cama hecha y colocada, y casi la alivió porque se le había olvidado con todo arremolinándose en recuerdos y sensaciones.
-Podría haberse puesto en peligro mientras tú esperabas fuera -una voz sonaba a lo largo del pasillo. Hope entrecerró los ojos-. Trabajas para mí, no para nadie más, y tu trabajo es protegerla en cualquier momento.
Se detuvo en las escaleras. Las voces, concretamente una, venían de la sala oeste del ático. La parte que conectaba directamente con la primera planta y que llevaba por una puerta al despacho de Ran y la sala de juegos. La zona de la cocina abierta.
Asomó la cabeza un poco a través de la barandilla metálica y dorada, aún muy cerca del suelo de la segunda planta. La luz natural entraba por la cristalera de la sala, iluminando el piano y la mesa del comedor al otro lado, separado de la cocina por un panel de barras verticales con algunas más pequeñas horizontales con objetos; decoración minimalista, por supuesto. El resto de la casa estaba iluminado de igual manera, pero solitario.
Ran estaba ahí, lo que la sorprendió, con nada más que una camisa blanca remangada por los codos y unos pantalones negros. En frente de él, con las manos agarradas en la espalda y una postura erguida, Hayakawa. Tenía el pelo echado hacia atrás, pero sin gomina, y algunos mechones le caían por la frente despreocupadamente.
¿Iba a pasar algo si se quedaba ahí y escuchaba?
-Ella ordenó que me quedara fuera, señor.
-¿Y tú vas y lo haces? No lo haces cuando te metes con ella en sus clases, pero sí en un bar de poca monda donde un borracho podría haberla amenazado o secuestrado.
¿Estaban hablando de ella? Tal y como parecía, de su seguridad en concreto. No quería perderse ningún detalle de una conversación en la que se mencionaba su nombre, y menos sus acciones, así que se sentó en una zona de la escalera donde podía escuchar y ver y, sobre todo, no ser vista desde el otro lado. Pasaba tanto tiempo en aquella casa que al final se las sabía todas.
-Te puse al servicio de mi esposa para que la protegieras, no para que jugases con ella a las familias y la obedecieras a la primera decisión que podía ser errónea.
La sorpresa volvió a tomarla. ¿Estaba hablando de que se ponía en peligro a ella misma con cada dicisión? No parecía decir lo mismo anoche cuando la estaba besando y le correspondió. Eso la enfadó, un poco de más de lo que ya estaba si recordaba lo ocurrido en el ascensor y los labios de su marido sobre su cuello.
-No pensé en que eso pudiera dañarla, señor.
-Obviamente no lo pensaste. Te pago para algo más que mantenerla a salvo de amenazados que puedan hacerle daño, pero al parecer, tu trabajo va más allá -Ran se enderezó y colocó mejor las mangas. El rostro serio ocultaba una sombra que por el ángulo en el que estaba no podía ver. Ni siquiera inclinándose para poder ver mejor lo que hacían. Tenían algo en la mesa-. ¿Quién te paga porque hagas tu trabajo, ella o yo?
-Usted, señor.
-Entonces entenderás que quiero un horario completo de ahora en adelante y como te separes de ella un solo segundo -algo hizo clic en el eco del ático que erizó la piel de Hope cuando lo distinguió- te pegaré un tiro cuando te vea.
El aire de Hope se quedó atascado en los pulmones. No porque estuvieran jugando con su libertad sin preguntárselo, sino por lo que ahora podía distinguir que estaba en la mesa.
La boca se le secó mientras repasaba una y otra vez la mesa en la que las dos armas estaban depositadas como si nada. En la mesa de su casa. En su hogar. ¿Qué diablos estaban haciendo esas armas ahí? ¿Cómo podían ellos tenerlas como si nada? ¿Y cómo habían entrado en la casa en la que ella siempre estaba sin saberlo? Tantas preguntas la agotaron y agobiaron por partes iguales. Ninguna respuesta tenía sentido sino rebuscabas en lo macabro y morboso. La peor combinación para relacionar con una persona cuyos propósitos siempre habían sido desconocidos.
¿Ran participaba en el comercio de armas? ¿Comerciaba con armamento ilegal por alguna casualidad y que favorecía a su familia? Un momento. Hope no le vio sentido a eso. La familia que le había dado el apellido no tenía nada que ver con las armas, sino con algo más que el comercio ilegal. Solo eran una familia rica y de renombre con varias propiedades a su nombre y servicio. No con eso. ¿Sabían eso? ¿Sabía con quién la habían casado? Una parte de ella se burló afirmándolo; para qué iban a casarla con una buena persona, como a su hermana, cuando podían seguir haciéndola sufrir sin estar controlándola.
-Ahora recoge todo antes de que ella se despierte -ordenó, dándose la vuelta, con una mano en la cintura y la otra en el pelo-. Lo último que me faltaba es que viera todo esto.
Hayakawa se movió rápido, como un camarero atendiendo las mesas de los comensales. Con el traje podría parecerlo, pero cuando se guardó una de ellas en la parte de atrás del pantalón como si nada y la tapó con la chaqueta no le dio la misma impresión. Se preguntó si también la llevaba cuando estaba con ella, cuando entraban en la universidad o cuando simplemente caminaba por el ático esperando alguna orden de ella.
Las manos de Ran se pasaron por su pelo varias veces, pero no para colocarlo, alejándose de la mesa del comedor. Fue caminando lentamente a su lado izquierdo, donde estaba el piano con algo apoyado en la silla que lo acompañaba. El look despeinado que no le había visto en la vida, pues siempre lo llevaba pulcro y engominado hacia atrás en sintonía con su estilo, le daba un aire despreocupado y de recién levantado. Le quedaba bien, con sus rasgos acentuados acorde a la luz del ventanal. Parpados caídos que profundizaban aún más el amatista de sus ojos, con unos pómulos altos y marcados que acentuaban la fuerza de su mandíbula cuando la tensaba. Pareciera que no hubiera terminado de arreglarse porque alguien lo interrumpió en el proceso. Pero no era la misma hora a la que se iba. Normalmente se iba mucho antes que ella y se despertaba sola en la cama, lo mismo cuando se acostaba.
Las manos de Hope se tensaron alrededor de los barrotes de la barandilla. ¿Había estado tan ciega que no se había dado cuenta de lo obvio? ¿Desde cuándo la había considerado tan tonta como para darle órdenes al guardaespaldas con el que pasaba más tiempo que con nadie, que él?
-Hayakawa.
-¿Señor? -se dio la vuelta hacia él volviendo a ponerse recto y al servicio del hombre al que aparentemente tenía que servir con lealtad.
Los párpados de Ran cayeron varias veces en lo que tardó en colocarse la chaqueta a juego con el pantalón sobre los hombros y meter los brazos. Mientras se ajustaba adecuadamente los gemelos, los cuales pudo ver que podrían haber sido uno de los regalos de ella antes de la boda, empezó a decir con aire despreocupado:
-¿Qué opinas de mi mujer?
Hope se tensó de pies a cabeza. Solo estaba jugando con él a uno de sus juegos macabros. Porque un sádico siempre jugaba con sus presas antes de lanzarse directas a su cuello; ¿aquello era el juego o estaba atacando después de las amenazas? Peor que una pesadilla. Hablar de ella era una cosa, pero ahora preguntar por algo tan personal resultaba incómodo. Sin embargo, Hayakawa
-Es... Es una buena mujer, señor, muy ocupada en su trabajo y que pasa tiempo con su familia.
-No te estoy preguntando acerca de su historial, sino acerca de ella y tu opinión. ¿Te parece amable, una buena persona y humilde como parece? ¿O una mujer infiel que desobedece a su esposo cuando puede?
Si era una manera de provocar algo en él, la ofendida fue Hope. Él no tenía derecho, ninguno, a recriminarle algo cuando podría haber estado con más amantes de los que ella habría tenido en la vida esos dos años. Y contando para atrás. No con el historial de infidelidades que podía demostrar; las flores, las notas... Y todo lo que hubiese en ese despacho si tuviera el valor de entrar. Saber qué hacía cuando no estaba en casa para molestarla o ignorarla. Volvió a apretar la barra, hasta que los nudillos se pusieron blancos.
-Es una mujer fiel, señor, siempre lo ha sido.
Una risa seca salió de su garganta. Hope volvió a mirarlo. Ya se había colocado el traje a medida y ahora mantenía las manos guardadas en los bolsillos del pantalón. Tenía las piernas abiertas en una posición domianante, escuchando al guardaespaldas hablar y una mirada gélida que jamás se habría pensando ver en un rostro tan sereno como el suyo.
-Podría preguntar si has intentado algo con ella, sobrepasarte o permitirte el lujo de intentar algo insignificante, como meterte entre sus piernas para lograr algo -fue específico en lo que decía, sin dejar de mirarle. Le pareció que no pestañeaba, que no quería perderse ningún detalle de la reacción del otro-. ¿Debería preocuparme eso?
Un jadeo salió de la garganta de Hayakawa. Otro quiso salir de la de Hope por la mera insinuación de una infidelidad. Se estaba atreviendo a cuestionarla, a intentar humillarla... ¿Para qué? ¿Para lograr un objetivo oculto? Sus cejas se alzaron cuando la insinuación que ahora ella estaba empezando a plantearse pudiera ser cierta. Pero era algo ridículo, no tendría sentido. Si Hayakawa pasaba más tiempo con ella, era por las órdenes de él. No porque ella lo pidiera. ¿Ran pensaba que era el guardaespaldas con quien se acostaba? ¿Cómo podía tener ese valor después de todos los desplantes?
-La señora es muy amable y muy guapa, señor, pero alguien como yo jamás se atrevería a ponerle las manos encima.
-Pero sí a dejar que ella te las pusiera -comentó, como una sugerencia de lo más placentera en su mente-. Imagínate, una fantasía viniendo de alguien tan guapa como ella. Tenerla para ti, pensar que eres el hombre más importante para ella, llevarte su imagen a casa como regalo porque ella comparte cama con otro... Una bendición para muchos.
O una farsa cuando eso jamás había ocurrido.
-La señora jamás haría eso -se defendió, entre avergonzado y incómodo.
-Entonces ayúdame a comprender por qué le guardas más fidelidad que al hombre que te paga. Los hombre son tan básicos que ver algo que les llama la atención les es imposible de olvidar. Quizás las piernas de mi esposa sean igual de inolvidables.
Ya era suficiente. Eso era una tortura, tanto para ella como para un hombre que no tenía culpa de nada. Hope se levantó de un salto de la escalera, con el corazón bombeando sangre a toda leche e intentando que el rojo de su cara se marchase cuanto antes, pues la situación lo requería, y buscó en su garganta el tono más despistado y creíble que pudiera tener pese a que la actuación no fuera lo suyo.
-¿Hayakawa? -exclamó, y contó los segundos para empezar a bajar las escaleras e ir a la primera planta-. ¿Con quién hablas? -fingió estar sorprendida mientras se acercaba, incluso disimuló algo de más cuando se detuvo y los miró a ambos con la pregunta en la cara-Estáis los dos aquí.
Ran descruzó los brazos y suavizó la expresión, viéndola acercarse hasta donde estaba con un rostro más sereno del que le estaba dando a Hayakawa segundo antes. Aún llevaba puesto el pijama, pero al menos era largo y la cubría donde tenía que hacerlo. No estaba medio desnuda ni nada como las esposas de los millonarios de las películas americanas. Se fijó en que también llevaba el anillo, en el mismo lugar donde ayer se lo había enseñado. Aquello le hizo preguntarse si era cierto que jamás se lo quitaba o que solo fue un comentario para provocarla.
Debía de ser morboso acostarse con una persona casada, aunque la relación fuera fría y distante. Completamente inexistente a pesar de ese papel firmado y esa alianza.
-No -le dijo, pero con un tono diferente a la expresión que le estaba dando. Esta vez que más frío y grave que las anteriores respuestas que le daba, lo que la sorprendió en partes-. Estábamos hablando.
-Espero que de nada importante.
Lo miró a los ojos. Quería ver si le mentía con la mirada o si actuaba tan bien para mirarla y engañarla. Para ver si realmente tenía que estar atenta a cualquier cosa que le dijera para desconfiar de él. Ran le devolvió la mirada, pero a los segundos cambió de sitio y se dio la vuelta
-A partir de ahora Hayakawa estará contigo en todo momento. Se acabó decirle que se tome descansos y se separe de ti.
-¿Por qué?
-No necesitas una respuesta -respondió, rápido y tranquilo. La expresión no le cambió cuando Hope separó los labios con sorpresa-. Estaré en mi despacho.
Hope dio un paso hacia delante.
-¿No la necesito? Bueno, pues quiero tenerla, dado que es mi vida.
-Suficiente.
-Suficiente cuando yo lo diga.
Ran la miró fijamente, como si las palabras lo hubieran golpeado en un lugar que no esperaba. Su mandíbula se tensó, pero en lugar de contestar de inmediato, se giró hacia la ventana, frotándose el cuello con una mano.
-Lo único que necitas sabes es eso.
Ran se dio la vuelta. En otra situación, Hope se habría detenido y callado para no provocarle y ella para no recibir. Hope sintió que su corazón latía rápido y algo se rompía dentro de ella, como si algo despertara. Las palizas de su padre aún se lo advertían en recuerdos silenciosos, en dolores invisibles de huesos o cada vez que cerraba los ojos después de un largo día que la agotaba. Pero hacía tiempo que no vivía con él y que no tenía que callarse las cosas para dar su opinión al respecto.
Si Ran iba a ser de esos hombres con los que planeaban comprometerla, que al menos tuviera conciencia de que ella no era una marioneta que podía escuchar las burlas y acusaciones infundadas sin decir nada a cambio y con una sonrisa.
-Eres mi esposa, es suficiente razón.
-Entonces podrías empezar a comportarte como uno -le retó. La mandíbula de Ran se tensó, masticando la respuesta mientras volvía darse la vuelta y se acercaba al ventanal para mirar por él.
Hope ignoró su rabieta de niño pequeño y se volvió hacia Hayawaka. Este había intentado hacerse al margen para no intervenir en la discusión de ambos a su manera.
-Hoy no iré a clase, solo a la última por la tarde -dijo, con un tono más amable-. Quiero estar más concentrada en otras cosas. Te avisaré cuando ya esté lista para irnos.
-Por supuesto.
Hayawaka se fue por el camino que conectaba la sala de juegos con la otra salida más cercana al ascensor rápidamente. Los ojos de Hope lo vieron perderse en la habitación con las cortinas echadas y algo en ella se alivió. Al menos, se había librado de un castigo injustificado que lo agobiaba y que no tenía sentido. Por otro lado, ahora le tocaba a ella sufrir las consecuencias de la interrupción.
¿Iba también a interrogarla por una aventura con su guardaespaldas? ¿Se atrevería tanto a eso? Al menos, no tenía que pillarla sorprendida cuando se lo dijera.
-¿Qué haces aquí?
-Es mi casa también, que yo recuerde. Sigo pagando las facturas.
-Me refiero a que deberías estar trabajando.
Se dio la vuelta hacia ella lentamente. Los ojos de Ran la miraron por encima de las pestañas sorprendido por el detalle, rubias como sus cejas. ¿Le sorprendía que se supiera su horario, o que se preocupaba por él?
-Alguien me está sustituyendo. No es mi parte la que me tocaba hacer hoy.
-Entiendo -comentó ella por encima, sin darle mucha importancia-. ¿Vas a estar todo el día aquí o luego vas a salir?
Se encogió de hombros.
-Estaré en el despacho -repitió, guardándose las manos en los bolsillos del pantalón. Seguía sin responder a la segunda pregunta.
Una pausa.
-¿Te molesta?
-No me molesta. ¿A ti sí?
Otra pausa. Esta vez un poco más larga y que le hizo darse cuenta de que no estaba en un debate o en un seminario de preparación a la defensa con los estudiantes de derecho. Normalmente no era así, ¿por qué de repente con él sí lo hacía? ¿Era por eso que la gente se alejaba de ella, porque era demasiado cruel?
-No eres virgen.
-¿Qué?
-¿Cuándo...? Da igual -movió la cabeza hacia el ventanal con la ciudad de fondo-. Es una tontería preguntarlo a estas alturas.
Los dedos de Hope se crisparon.
-¿Y qué si no lo soy? -quiso saber, apretando los puños. Cómo lo podía haber adivinado, lo desconocía. Pero algo le decía que ese comportamiento hacia su guardaespaldas tenía algo que ver con que ahora estuviera sacando el tema tan directo a ella.
-No me molesta. Pero sí me impresiona.
La rabia de Hope no hizo más que ascender. ¿A qué venía esa conversación ahora?
-¿Entonces por qué diablos te molesta tanto el tema? No es como si te hubiera mentido a la cara, puesto que nunca me preguntaste si había tenido otros hombres. Oh, no, espera, nunca me has preguntado nada.
Con las pupilas dilatadas, Ran estiró el brazo para agarrarla y tiró de ella por la muñeca. Hope gritó por haber sido pillada por sorpresa tan de repente.
-¿Con otro hombre que no fuera tu esposo? Si hubiera sabido que ibas a ponerme los cuernos a la primera oportunidad que tuvieras jamás no te habría dado tu espacio ni dejado salir con tanta facilidad.
Su tono está cargado de veneno, una acusación oculta que no necesita ser explicada. Se sintió como si el aire se volviera más pesado, y algo en su estómago se revolvió. No es solo que esté molesto; está sospechando de ella, algo que nunca había sucedido antes de manera tan abierta. Peor.
La estaba acusando de infidelidad. ¡A ella!
Quiso gritarle tantas cosas a la cara, sentirse liberada de la presión que le oprimía los pulmones y el pecho, que Hope se quedó paralizada devolviéndole una mirada ardiente y plagada de ira descontrolada.
-¿En serio estás sugiriendo esto? ¡Yo jamás te he mentido ni puesto los cuernos! -le gritó con tanta fuerza que le dolieron las cuerdas vocales-. ¡Y no eres nadie para prohibirme cosas!
-Soy tu esposo, me debes lealtad.
Le enseñó los dientes plantándole cara. Podía sentir su agitada respiración en la cara de lo cerca que estaban, ambos rojos y dispuestos a destruir el mundo. Ran no retrocede, su expresión sigue siendo dura, pero en sus ojos hay algo más, una sombra de algo que ella no había visto antes: vulnerabilidad disfrazada de ira. Él, el imperturbable Ran Haitani, está sintiendo miedo.
Cobarde.
-¿La misma lealtad que tienes tú cuando no vuelves a casa ni me hablas? ¿La misma que has estado estos dos años sin hablarme? ¿La misma que nos juramos y que ninguno ha cumplido porque no nos vemos? Eres un egoísta -gruñía-. Si quieres a alguien para follar, vete con una puta, pero no me hables como si fueras el más traicionado en esta farsa.
Hope dio un tirón tan fuerte con el brazo que las uñas de Ran se clavaron en su piel al salir. La marca de su mano cerrada alrededor se quedó grabada en la piel blanca y llena de pecas. La zona dolió y escoció, pero nada la detuvo a salir casi corriendo de una sala donde no dejaba de ser juzgada. Sin embargo, camino a las escaleras para poder dar zanjado el tema e irse de una vez. Pensaba en irse al hospital y estar con su tía, pasar el resto del día con ella hablando y decirle todo, con tal de estar fuera de ese sitio.
Incluso, si se atrevía y le duraba el enfado, le pediría las llaves de su antiguo apartamento y pasaría la noche ahí.
Solo subió dos escalones cuando algo la agarró del brazo que se sujetaba a la barandilla y al equilibró e intentó cogerla en el aire. Intentó defenderse, pero de nada sirvió cuando al darse la vuelta por acto reflejo otro mano la sujetó. Al momento de hacerlo se vio en el hombro de un hombre que la sujetaba con tanta fuerza que la habría matado.
-Suéltame. ¡No! ¡Suéltame!
Si iba a matarla a palos, al menos sería en la intimidad en vez de con público. Se habían, porque también imaginaba que Ran también, olvidado que tanto Hayakawa y las criadas estaban en la cocina haciendo lo que hiciesen ahí y que podrían haber escuchado todo el intercambio de palabras. Golpeó y pateó a Ran como pudo desde su complicada situación, pero en vez de torcerse de dolor o de soltarla simplemente, la llevó escaleras arriba.
En cuestión de segundos pasaron a la segunda planta, recorrió a zancadas el largo pasillo con Hope sobre el hombros intentando defenderse y entrar en la habitación principal. Las cortinas aún estaban echadas y apenas había luz que pudiera apoyarla. Antes de poder decir algo, lo que fuera, Ran se la quitó de encima con rabia y la lanzó con fuerza sobre la cama. Allí rebotó y le faltó el aire por el susto de haber aterrizado en la mitad aún deshecha. Ran se pasó la mano por el pelo para echárselo hacia atrás y la señaló con la barbilla, el rostro completamente serio, envuelto en sombradas.
-Siéntate -le ordenó.
Hope se enderezó con las fuerza de sus codos y le devolvió una respuesta.
-¿O qué? ¿Vas a violarme para demostrar que eres un hombre? ¡No solucionará nada!
-Cállate.
El silencio entre los dos se extendió por la habitación como una nube espesa. Ran permaneció de pie, inmóvil, su expresión dura, pero sus ojos relevaban una lucha interna que nunca antes había mostrado. La tensión en su mandíbula y la rigidez de su postura lo delataban; es un hombre acostumbrado a manejar el control, la fuerza y la intimidación, pero no a lidiar con este tipo de personas. Hope podía verlo.
Detestaba que alguien lo desobedeciera.
No iba a seguirle el juego ni a hablar de aquel hombre tan a la ligera si realmente iba a hacerlo. Habría sido más fácil tumbarla boca abajo y forzarla de esa manera, que pudiera ahogarse y no defenderse, en vez de boca arriba y él... Alejándose. Se estaba alejando. ¿Qué hacía yendo al armario en vez de ocuparse de ella? Al poco rato, salió de él con el ceño fruncido y la oscuridad inundando los ojos que una vez le parecieron bonitos, y entre sus manos llevaba algo que hizo palidecer a Hope.
-Extiende las manos.
-No -se defendió.
-Extiéndelas o lo haré yo.
El primer vacile. Tardó en responder.
-No -repitió, cortante.
-Hope.
-¡Que te den!
Harto, se alejó del armario y se movió con la rapidez sorprendente a por ella. En un movimiento rápido, él tomó por las muñecas, tirando con brusquedad. Ella jadeó, sorprendida por la fuerza de su agarre, y siente que sus manos empiezan a temblar. Él no la miraba a los ojos mientras envuelve un trozo de tela alrededor de sus muñecas, atándola con una precisión casi mecánica, como si su única misión en ese momento fuera hacerla sentir el peso de su ira.
-No... No... -repetía y otra vez. Empezó a trabajar con una corbata alrededor de sus muñecas, pasando varias veces por ellas y uniendo las partes a modo de amarre improvisado.
Ella intentaba resistirse, pero la fuerza de Ran era demasiado, y la tela apretaba más y más alrededor de sus muñecas. La sensación contra su piel es demasiado, una señal física de lo que está pasando. Sus pensamientos empezaron a agolparse, su respiración se aceleró aún más, y algo dentro de ella se descontroló.
El pánico empezó a invadirla, la sensibilidad de sus piernas desapareciendo y pronto reapareciendo para tensarlas cuando notaba el tacto de la tela sobre ellas. Iba a hacerlo. Iba a atreverse hacer lo que ella le había dicho y de la peor manera que podría ocurrírsele. Estaba demasiado consumido por su propia tormenta que siempre ha siempre ha sido su refugio. La tela seguía aprteando, y cada uno era peor.
De cara e indefensa como las lecciones de educación que le daban en su antiguo hogar con una vara y la piel descubierta. Cada cuenta mal hecha, cada párrafo olvidado, cada mala traducción... Todo error significaba un pequeño castigo que luego el mayor respondería. La imperfección no iba a ser toleraba. Ella no iba a ser tolerada, nunca; era lo que su madrastra se encargó de enseñarle con una vara y un trapo mojado.
-Suéltame... No, no, por favor.
A modo de intentar soltarse, daba tirones con una poca de la fuerza que le quedaba que era detenida con la tensión en dirección contraria hacia él. Las palabras suenan distantes para ella. Todo a su alrededor empieza a difuminarse. El cuarto parece encogerse, las paredes acercándose lentamente mientras su corazón late desbocado. De repente, el aire se vuelve insuficiente, como si algo invisible la estuviera sofocando. Su pecho se contrae, su visión se nubla, y una sensación de pánico la envuelve por completo.
El pecho le empezó a doler y los pulmones se sintieron vacíos con el aire que entraba y salía a toda velocidad por ellos. Su mente empezó a hacer cosas raras, como recordar las pocas razones por las que la castigaban de pequeña y la escusa que siempre ponían: «tu hermana nunca haría eso»; o «aprende de tu hermana y no tendré que volver a hacerlo»; o el clásico «extiende las manos, que yo las vea, y que esto quede entre tú y yo: me duele más que a ti».
¿Iba a poner él la misma escusa para hacerlo? ¿Iba a castigarla para que aprendiera, como cuando era niña y necesitaba ser «domesticada» de las ideas que la hacían imperfecta? Pero no lo hizo. En vez de eso, elevó la mirada, el rostro envuelto en sombras y luz dividido, y se encontró con el rostro desesperado y cubierto por lágrimas de súplica como sus palabras. Sentía la calidez húmeda de estas deslizándose por sus mejillas, bailando en la barbilla y cayendo por el cuello.
La respiración agitada de Hope, entrecortada y acelerada, que le oprimía el pecho aún más, le hizo detenerse y dejar de atar la tela y sus manos. Las manos le temblaban como si estuviera a metros bajo tierra, y el cuerpo se le había helado.
-Hope -llamaron-. Hope.
-Por favor, no lo hagas. Por favor, por favor,... -sollozaba envueltas en lágrimas y tan sonrojada que no parecía un color sano. Le ardía la cara y el cuerpo para el frío que sentía. Movía las muñecas aprovechando que habían dejado de trabajar en ellas, pero la fricción de la tela solo conseguía apretarse más a su alrededor y asustarla.
Dos manos le sujetaron el rostro congestionado en un intento de llamar su atención. Dos ojos, también, la miraron transparentes y ella buscó alguna pizca de luz en ellos. Algo que pudiera tranquilizarla y devolverla a la realidad poco a poco. La presión en su pecho fue disminuyendo a un ritmo que ella apenas notó, pero que pudo consolarla cuando tardó en reaccionar al cambio. La oscuridad, la apenas luz que entraba por las cortinas, las emociones... Todo la hacían sentirse pequeña en aquel lugar.
Una parte de ella se arrepentía de que aquel hombre la vieran llorar, y otra muy compleja la advertía de que no era otra prueba más para que el verdadero dolor iniciara.
Hubo un momento extraño en el que dejó de ver, de escuchar -solo un profundo pitido instalado en sus oídos-, por cual no pudo saber lo que iba a pasar. Cuando ese momento pasó, estaba envuelta en temblores en las extremidades y en unos brazos ajenos que le presionaban el rostro contra el torso. Unos dedos moviéndose sobre la fría ropa que cubría porciones de su piel.
-Hope, mi Hope, respira.
Se arrodilló rápidamente frente a ella, sus manos temblorosas mientras desataba las corbata con torpeza, desesperado por liberar sus muñecas. La corbata cayó al suelo, arrugada, y él la toma de los brazos, sin saber qué hacer, cómo ayudarla.
Ella no puede escucharle del todo. Está demasiado atrapada en su propio ataque de pánico, luchando por cada respiración. Sus manos libres tiemblan, y todo su cuerpo está rígido, como si estuviera lista para romperse.
Lo hizo, no porque todo su orgullo apenas se mantuviera, sino porque sabía que era lo correcto. La parte racional que la seguía protegiendo después de estar alejada de las amenazas que hace años le causaban tanto dolor y fracturaban hasta lo más diminuto de su ser. En algún momento que pasaba eso, que las manos de aquel hombre se ocupaban de limpiarla las lágrimas y desatarla, se encontró tumbada boca arriba en la cama con las piernas en el mismo sitio.
A Ran Haitani no le gustaba decorar ni presionar. Solo presionar.
Cuando Hope se durmió, abrazada con fuerza contra la espalda de la misma persona que le había generado tantos dolores de cabeza, la cabeza le latía con fuerza y el pecho le dolía como si una decena de elefantes la hubieran arrollado. Su cuerpo se sentía rígido bajo la ligera sábana que la cubría. Pero cuando se despertó, ese dolor se había convertido en una presencia invisible.
Abrió los ojos lentamente, parpadeando suavemente y la poca luz que entraba a través de las cortinas irritando sus pupilas. Gruñó contra la almohada, pero se esforzó en levantarse con el fuerte latido atravesando la parte trasera de su cabeza. Le recordaba a las veces que se olvidaba de comer y dormir cuando tenía que entregar un trabajo.
Los recuerdos le bailaban alterados unos con otros, desde el más pasado hasta el más reciente, sin detenerse en el contexto de desarrollo a cómo has llegado a estar las cosas. Un huracán de memorias desorganizadas. Tardó en levantarse de la cama, y cuando lo hizo fue como recordar las razónes por las que estaba en una habitación que realmente no tenía nada que ver con ella y esa sensación se instauró en su pecho. Los recuerdos, aún desordenados, volvieron a ella con más fuerza; un dolor notable que recorrió sus muñecas y le hizo marearse. La habitación estaba como cuando se hubo acostado; cortinas echadas, cama revuelta y espacio desordenado.
Salió de la habitación frotándose los ojos y llegó a las escaleras. Todo seguía igual. Mismo espacio limpio, vacío e iluminado por la luz de los enormes ventanales que rodeaban toda la cara oeste del ático. Siempre era así, un apartando vacío de emociones y vivencias que detonasen la presencia de una persona más que el servicio que se encargaba de mantenerlo todo limpio. La luz, a diferencia de por la mañana, bañada de un tono anaranjado suave los muebles blancos y las paredes allá a donde llegaba.
Sí era cierto que la zona del salón, donde estaban el sofá, la chimenea y todo lo correspondiente para un área de descanso a doble altura, era una parte en la que no entraba toda la luz por su distribución, una pequeña parte quedaba iluminada y la hacía más reconfortante a la vista y...a ella le daba tranquilidad. Dentro de un límite; ahí solía estudiar y ver películas, sola, y a veces comer para no tener que sentarse en la rigidez de la mesa. Como para ser capaz de pintarlo y plasmar su realidad en un bonito cuadro con su marca de agua.
Todo el apartamento estaba abierto. Lo que hicieras en una zona, iba a ser visto. Menos la zona de juego y el despacho de Ran, con paredes detrás de las escaleras.
Hayakawa apareció de repente en el salón, saliendo por el comedor y caminando a zancadas hacia la cocina. Le sorprendió verlo de esa manera, tan alerta, pues en lo que llevaba cuidando de ella jamás le había visto en esas condiciones. Cuando se dio cuenta de que había una persona más en la sala, observando desde lo alto de las escaleras, Hayakawa se detuvo y pegó un brinco de sorprenda al verla ahí parada y en silencio. Pronto recobró la compostura, como si nada de aquello hubiese pasado.
-Buenas tardes, señora, espero que haya dormido bien.
Estaba segura de que de alguna manera, tanto él como las criadas en habían escuchado los gritos y la conversación. Aquello la avergonzaba, pues la hacía ver como una persona sin capacidad de contención emocional o...algo así. Pero también le daba pena. Ellos no tendrían que haberlo escuchado. No tenían nada que ver con la discusión.
-¿Ran...se ha ido?
Hayakawa sacudió la cabeza.
-El señor se ha encerrado en su despacho y no ha hablado con nadie. No ha comido nada.
Cómo no, querer aclarar sus ideas y desaparecer del mundo era una buena opción. Ella también lo habría hecho. La diferencia estaba en que lo que había ocurrido allí arriba, no solo cuando Hayakawa se fue y empezaron a discutir, estaba lejos de olvidar o pasar desapercibido. Y que él ya estaba acostumbrado a hacerlo de serie con ella, cuando no la estaba ignorando. ¿Cabía la posibilidad de que pudiera estar buscando una forma de explicar su comportamiento?
Entonces, dijo algo que la sorprendió.
-Antes de entrar me dijo que le informarse que fuera a hablar con él -comentó él-. No ha salido desde que usted volvió a la cama.
Hope le respondió con un asentimiento y lo vio desaparecer de camino a la cocina. No se escuchaba tampoco nada de allí, pero sí que estaban las luces encendidas. Luego de un rato pensando en qué hacer, decidió que tendría sentido ir a hablar con él en vez de evitarlo. Al final, la conversación tendría que salir en algún momento, y no evitarla. A no ser que quisieran odiarse más todavía; uno tenía que tomar cartas en el asunto y ser el adulto. Por una vez. Bajó al comedor directamente, en vez de torcer e ir a tumbarse al sofá, y cruzó el arco desnudo de la sala de juegos.
La sala de juegos estaba igual, con la diferencia de que en ese sitio tenía sentido que cada cosa estuviera en su sitio guardado y ordenado para no perder nada. La enorme mesa de billar relucía por la luz natural, dándole ese ambiente juerguista que muchos esperarían de un antro. La puerta al despacho estaba a mano izquierda, así que el jugador que se pusiera en esa esquina tendría que actuar con seriedad cada vez que la puerta se abriera a varios metros de distancia de él. El puzle deslumbraba de lo limpio que estaba, con cada figurilla guardada en dos cajas diferentes a mano derecha e izquierda de cada jugador. Lo miró demasiado tiempo; pareciera que nadie lo tocaba desde mucho.
Cerró los dedos en un puño y, tras un minuto de pensar en si estaba bien hacer lo que estaba haciendo, golpeó dos veces la madera de la puerta, uno tras otros. No recibió una respuesta inmediata, aunque sabía que había una persona ahí dentro. Volvió a mirar el puzle a medio hacer. La curiosidad la llamaba a intentarlo.
Después de un rato, presionó el picaporte y empujó para abrir la puerta. Los hombros de Hope sintieron una presión sobre ellos. Ya estaba. Estaba en la habitación que, al igual que su estudio, nadie podía entrar sin permiso. Y no era para nada lo que se esperaba. Lo cierto era que era un cuarto grande, pero no demasiado, lo suficiente para poder tener un entorno de trabajo adecuado.
Los muebles eran oscuros, pero las paredes claras y decoradas con cuadros tanto de pinturas barrocas como de títulos o pósters antiguos, de deportes o de series, enmarcados. Algunos los reconoció, esperando que fueran réplicas exactas que las originales; La Asunción de la Virgen, de Lanfranco, El Juicio de París, de Rubens, El Rapto de Proserpina, de Poussin... Entre muchos otros. Había un escritorio de madera oscura repleto de objetos al fondo del cuarto, frente a dos sillones de cuero acolchado.
Dos gruesas estanterías repletas de libros y otros objetos se pegaban a la pared izquierda con cajones y armarios en la parte inferior. Al lado de la puerta estaba una cómoda con apenas decoración pero sí para complementar unos cuadros de más. La parte derecha solo tenia estanterías intercaladas pegadas a la pared con objetos personales que por la poca iluminación apenas distinguió. En medio del cuarto, una mesa auxiliar rectangular y un sofá del mismo material que el resto del mobiliario iban sobre una larga y gruesa alfombra blanca.
Ran estaba sentado en la silla detrás del escritorio, los codos apoyados sobre la superficie plana y un ordenador abierto y encendido (por las luces) al que atendía. Su cabeza se disparó hacia arriba cuando la puerta se cerró a espaldas de Hope, con ayuda de una mano que la empujaba.
-¿Has dormido bien?
-¿Eh? Sí -apartó la mirada de los cuadros, de los conocimientos que adquirió en las clases de Arte Moderno y cómo les habían enseñado a distinguir la técnica de cada uno de los pintores. No pudo evitarlo.
Los dedos de Ran pasaron varias veces por el pelo revuelto y al natural, echándolo hacia atrás y luego colocándolo como podía. Lo tenía bastante largo a comparación de las veces que lo veía con la gomina, lo que le delató enseguida. Se preguntó si realmente era pereza a cortárselo o si quería batir un record de longuitud.
-¿Por qué me has dejado dormir hasta tarde?
-Estabas cansada, preferí dejarte dormir.
-Tenía cosas que hacer. Clases a las que ir -se defendió.
Ran levantó la mirada suavemente hacia ella.
-No iba a despertar a mi esposa cuando estaba cansada y le debía horas a la cama.
Mentiroso. Era un jodido mentiroso.
Se mordió el labio. El dolor de garganta persistía y cada vez le recordaba más a las lecciones de canto que habían intentado inculcarle sin éxito para que al menos supiera entonar. El resultado fueron varias afonías, revisiones al médico por el desgaste de las cuerdas y problemas para hablar durante días. Claro que para su familia eso fue una alegría; significaba no prestarle atención ni escucharla. Mandaban al servicio a que la cuidaran, y no iban ni a verla cuando la fiebre le subía.
-No lo hagas -le pidió en voz baja.
-¿El qué?
-Compadecerte de mí después de lo que ha pasado -explicó en un tono más o menos orgulloso, decente, digno-. Si quieres decir algo, dilo, puedo soportarlo.
Levantó la barbilla mirando al frente. Ran se alejó de la mesa y se dejó caer en el respaldo con lentitud. El cuero sonó a cada movimiento. La escrutó con la mirada en un silencio extraño que solo fue evitado por el constante ruido de las manecillas del reloj sobre la cómoda de roble a la izquierda del escritorio.
-¿Qué te hicieron para que sufrieras un ataque de ansiedad?
Hope le devolvió la mirada. Una pequeña tirantez en su corazón la hizo conmoverse por la confesión tan a la ligera que le estaba dando. Fue como si le hubieran agarrado el corazón y luego soltado de repente.
-Ya, bueno, eso no significa nada en mi caso, ¿no? -se defendió de nuevo, sin evitar el veneno que desprendían sus palabras-. No a todos nos pasa lo mismo.
Ahora era el turno de ella ser una mentirosa. ¿Qué más podía hacer? Su padre la había amenazado con que si decía algo de su vida en la casa familiar se iba a arrepentir. No podía arriesgarse tampoco a demostrar su fragilidad a una persona que la había atado para castigarla, y en consecuencia, sufrido un ataque de ansiedad.
-¿Me estás mintiendo?
-No.
-Mentirosa.
A Hope casi se le escapó la risa; no pudo ocultar la sonrisa traidora que se le dibujó en los labios y que conseguido levantar la pesadez de la conversación.
-¿Tanta importancia tenía antes para ti que ahora quieres hacerme creer lo contrario?
-Pensaba... -tardó en encontrar las palabras-. Pensaba que te habías acostado con alguien más en el matrimonio que no fuera yo, y supongo que fue eso lo que me hizo reaccionar de esa manera. Normalmente esas cosas no me detienen, pero me afectó.
Hope quería escupirle.
-Y culpaste a Hayakawa de eso -finalizó por decir. Si le sorprendió que supiese una información clasificada entre su guardaespaldas y él, apenas lo mostró cuando la caída de sus ojos cayó sobre ella perezosamente-. Nunca he sido infiel. Ni lo haría. No tienes ni idea de lo que me afecta a mí.
-No te daría una paliza ni te encerraría en la vida por eso, Hope.
Simplemente se limitó a cerrar los ojos, intentando alejar los recuerdos de hace unas horas para no volver a sentir que el mundo se derrumbaba sobre sus hombros.
-Antes no parecías decir lo contrario.
-No es el mejor día para retarme -casi rió, y dejó caer la cabeza contra el respaldo-. Lo último que me faltaba hoy era tener que enfrentar a la fiera de mi esposa que ya me ha demostrado que puede defenderse sola -una pequeña pausa en un silencio cómodo entre los dos-. Si hubiera sabido eso, no te habría puesto un guardaespaldas.
Involuntariamente, la comisuras de Hope se elevaron en una divertida sonrisa. Se acariciaba los dedos con nerviosismo, pero al menos ya no le latía el pecho con fuerza y le generaba esa ansiedad que antes la había llevado al límite.
Se pasó las manos por la cara en un intenso de despejarse. Los ojos le dolían y pestañear le parecía algo casi complicado que le suponía un reto. Era como enfrentarse a algo que te perjudicaba pero que no sabías resolver, como los médicos en la Edad Media cuando pensaban que el cáncer se solucionaba introduciendo carne sana en las extremidades afectadas.
-¿Te duele algo?
-No duermo mucho -respondió cruzando los brazos, la tensión de los músculos de debajo presionando contra la tela-. Supongo que ya lo sabes.
-Podrías cambiar tu horario o algo, así no... -le hubiese gustado decir algo más que una simple recomendación o un consejo, algo referido a pasar tiempo con ella o pasar más tiempo en casa, o algo así, pero no se atrevió-. Podrías dormir más, ya sabes.
La cabeza de Ran se volvió hacia ella y se quedó un rato en silencio. Tic, tac, se escuchaba. Los dedos de Hope se movían contra ellos y se frotaban contra la piel contra la carne y las uñas, raspando los pequeños restos de pintura que podrían haber quedado ahí de las prácticas de ayer. Un acto nervioso que la señalarían de enferma mental pero que en realidad era un reflejo por manías tomadas del pasado. Cuando la encerraron en su habitación, después de la paliza, se acostumbró a dañarse a sí misma pensando que sería mejor que alguna de las personas que estaban al otro lado de la puerta lo hicieran a su manera.
Se apartó el pelo de la cara, pero un mechón rebelde se salió del agarre y le bailó frente a los ojos. Hope se irritó intentando colocárselo.
-Las cosas a veces no son como queremos. Mi parte del trabajo es mayormente nocturno, pero estos días es diferente. Podría decirse que son unas pequeñas vacaciones.
Inspiró y exhaló.
-No son vacaciones si no puedes descansar -contestó de vuelta-. Tienes mala cara, y sigues trabajando.
-Como he dicho, a veces no tenemos lo que queremos siempre.
Cabeceó en modo de respuesta. Quizás tuviera razón. Toda su vida había consistido en tener cosas que no quería y en respuestas secas que no tuvieran sentido más que «por y para la familia».
Si su padre había sido una mujer cualquiera para su progenitor, no tenía sentido haberla dejado con él si tenía más familia con la que vivir. Pero nunca había preguntado el motivo porque significaría tener un castigo como respuesta.
Ahí estaba otra vez esa muralla invencible, compleja e imposible de derribar si no se abría por el otro lado. Había descubierto en ese tiempo, y en lo poco que lo conocía, que la personalidad y vida de Ran eran diferentes una de otra, y que la parte más personal de él pocas veces se dejaba ver porque una pared los separaba. Una pared gruesa que separaba los intentos de Hope de poder comprenderlo, más allá de lo que ya veía, y que quizás era un modo de defensa de protegerse de los más ajenos a su confianza. ¿Eso era ella, una extraña que podría amenazarlo en el futuro? Acababa de confesar que le daban palizas dobles por defender a su hermano -lo que la sorprendió, porque no recordaba haberlo visto en la boda ni en ningún momento-, no muy alejado de la vida que ella había tenido por cometer el más mínimo descontento.
-¿Vas a hacer algo ahora que estás despierta? Tienes que comer algo.
Recostado en el asiento y diciendo eso, le recordó a la actitud de un padre preocupado por su hijo pero sin querer mantener más contacto que esa actitud protectora.
-Lo haré -respondió-. Haz tú lo mismo.
Otro asentimiento sin emoción.
-Lo haré.
Pero Hope no estaba tan segura para cuando se levantó de donde estaba y se acercó a la puerta. De todas formas, no era como si se hubieran preocupado alguna vez el uno por el otro y ahora las cosas hubiesen cambiado. La diferencia estaba siempre ahí. Nunca iban a ser una pareja, menos una familia, y no iban a recuperar el tiempo perdido ahora.
Sin embargo, algo la empujó al borde de preguntarse la razón por la que realmente había ido al despacho al que nunca entraba por una orden que bien en otra situación habría desobedecido. No le habría hecho caso, o quizás sí, pero no con la misma actitud que estaba mostrando ahora; abierta y capacitada para una conversación sincera.
Si las cosas iban a ser siempre así, por lo menos uno de los dos lo había intentando a su manera y lo habían demostrado. El divorcio no era una opción en algo que Hope no sabía bien cómo llevar, y tampoco es que tuviera algún lugar más al que ir después de aquello. ¿Con sus amigos? Demasiados problemas tenían ellos. ¿Con su tía? Era una casa enorme en la que se sentiría incómoda y que jamás podría pagar. Suficiente tenía con pagar la matrícula de la universidad cada año más lo que conllevaba ser un estudiante de Bellas Artes y la inversación en material propio, decente.
-Hope -llamaron, y Hope tuvo un momento de lucidez en el que recordó la forma en la que la había llamado antes de dormirse en sus brazos.
«Hope, mi Hope, respira», le dijo.
En ese momento no se dio cuenta, pero ahora lo hizo. Cayó en la forma suave de llamarla en medio del ataque que su propio cuerpo liberaba contra ella. En la rapidez con la que había reaccionado para quitarle los nudos de las manos y deshacerse de la corbata, tirándola a cualquier lado de la habitación. En cómo sus brazos no la aprisionaron contra la cama, sino que en todo momento se concentró en dejarle el rostro alejado de él para darle su propio espacio...
En cómo, después de irse, la había metido en la cama mientras ella dormía y encargado de taparla y apagar todas las luces para no molestar. De alguna forma, había sabido en todo momento lo que le estaba pasando y lo que le habría gustado que hicieran para cuando se despertase. Solo le faltaba haber preparado su plato favorito, pero dudaba que lo supiera o que alguna vez hubiera escuchado de él.
-Jamás te haría algo que no te gustase.
Aguantó la respiración. Y ella le creyó, aún así. Quería hacerlo. Ignorando todas las alertas que tenía esa oración después de lo ocurrido. Al poco rato, salió del despacho con la cabeza confundida.
Marchó a la cocina obedeciendo la recomendación de su marido ignorando la negativa de su estómago a consumir algo. Aún no lo demostraba, pero si no comía algo ahora estaba segura de que por la noche se levantaría a hacerlo y el horario de comida tendría que cambiar. Mejor hacerlo ahora que tener problemas de alimentación en un futuro, de nuevo. Cuando entró en la cocina, Hayakawa no estaba, pero sí la cocinera revolviendo algo en la encimera y la criada ordenando...algo en un armario de rodillas en el suelo, varios productos de limpieza a su alrededor.
-¿Queda algo de comer? -preguntó, sorprendiendo a ambas.
La cocinera giró el cuerpo hacia ella y le señaló con el mentón hacia la nevera.
-El señor dijo que se hiciera algo de comer para cuando usted despertara. Lo hemos guardado para que se conserve.
Hope asintió y fue a la nevera. Tuvo cuidado de no tropezar con lo que la criada hacía y liarla sin querer. Ya había tenido suficiente con aquella mañana. El estómago le advirtió que no quería nada para digerir, pero hizo casi omiso a su opinión y abrió la nevera de todas formas. La diferencia de temperatura la saludó. Estaba hasta arriba de comida, pero un plato envuelto en papel de film le llamó la atención sobre todas las cosas.
Su plato favorito.
Cada día entendía menos a Ran Haitani.
Pasaron varios días de esa conversación. Hope no volvió a encontrarse con Ran en todo ese tiempo. Lo que hizo en ese período fue volver al ciclo de la universidad, casa, hospital y trabajos de clase.
Su tía esos días había estado mejor. El tratamiento no había sido tan duro como el de la última vez y resultado exitoso en una pequeña parte, tampoco la había dejado tan agotada y permitido pasar más tiempo con ella hablando. Lo ocurrido en casa fue el único tema del que no habló, pero sí se encargó de mencionar que Ran y ella habían hablado y aclarado algunas cosas; su tía le aplaudió el éxito, pero la felicidad no llegó a invadir a Hope como se esperaba. Mintió.
Después de clases, iba a verla, no tan seguido, un día sí y un día no, y le llevaba orquídeas. Las flores se quedaban en la cocina. Cuando regresaba a casa, se concentraba en los trabajos de las asignaturas que más le costaban un rato y al otro se ocupaba de pasar los apuntes a limpio, tomando referencias de libros que había ido a coger a la biblioteca del campus para apoyarse. Con ellos, también pudo buscar información sobre el trabajo final que añadió en la bibliografía cada vez que hacía una mención a uno y a su autor. Al menos no podrían decirle que no estaba haciendo un buen trabajo. Análisis, boceto, trabajo bien redactado... Los exámenes finales eran una tontería al lado de aquella obra con la que también estaba aprendiendo. Lo complicado sería salir al mundo laboral, como decían sus profesores. Quizás en el extranjero...
De vez en cuando rompía el ciclo, pero muy poco. Una vez limpió el estudio.
No volvió a hacerlo cuando se dio cuenta de que era una tontería porque todo volvería a estar sucio y tirado en cada esquina. Algo de lo que se dio cuenta fue de que su habitación era apenas su habitación. Tenía el mismo tono minimalista que el resto del ático, como si en realidad quien viviera allí fuera la inmobiliaria que revisaba el piso y lo mostraba al público. La única parte que podría tener su toque, como se refería ella a algo que tuviera su esencia, era su estudio de trabajo, y quizás el baño compartido del cuarto principal.
Decidió anotar en una hoja de su libreta de ideas todos los objetos que eran suyos, y se dio cuenta de que no tenía tantos como la casa demostraba, y que su mente efectivamente estaba jugándole malas pasadas de nuevo. En su otra casa, lo único suyo era una habitación más parecida a la de un castillo de época por su sobriedad que el de una adolescente como lo fue en su momento.
El cuarto día empezó a hacer un boceto de la habitación y de la casa a como le parecía, a una escala reducida en su cuaderno de dibujo. Cuando llegaba a una asignatura que no le resultaría difícil aprobar o se marchaba a la biblioteca a repasar los contenidos del día, añadía objetos que quizás sí le dieran su esencia personal a una casa que en ese tiempo no había mostrado interés por cambiar. Terminó encargando el marco de un cuadro.
Al parecer, reponer el material de clase y de casa no estaba disponible esos días en el mercado para enviar a casa, así que para hacer la compra tuvo que dejar que el pedido se hiciera en la tienda y acordar que ella fuese cuando le mandasen el código. Hope no entendió bien esa política al cliente hasta que, en un impulso de hacer algo nuevo, encendió la televisión y vio las noticias.
Lo que Anabella había contado de las mafias y los yakuzas y los policías en el bar dejó de parecerle una tontería cuando la primera noticia que sonó fue la muerte de una banda resonada en las calles que había resultado, no solo en el exterminio de todo un clan, sino en el asesinato de los civiles que pasaban por ahí a manos de la organización que más aparecía en las noticias y de la que los policías solo conocían el nombre y apenas tenían imágenes de los integrantes y el líder. Empezaba a sospecharse que tuvieran uno, sino varios, debido a la diversidad de acciones que ejecutaban en aquellos últimos meses. Hope miró ensimismada, sentada en el sofá de la primera planta, cómo la reportera lo contaba, con tanta frivolidad en los rasgos y preocupación en el tono, alternándose con los vídeos recopilados en redes sociales y oficiales de la cadena de televisión.
Una nueva potencia, decían, que pronto controlaría todo el continente asiático. Seriamente, no parecía algo al azar. Ahora, en lo personal, desconocía cómo funcionaban.
Resultaba curioso cómo las noticias contaban de primera mano la situación y la policía colaboraba. Normalmente, cuando colaboraban juntos, era porque algo grabe estaba sucediendo, como un secuestro o algo que afectase a la población. De nuevo, la imagen del jefe de comisaría salió en pantalla recomendando no salir hasta altas horas de la noche y evitar quedar en barrios con tendencia a los conflictos. A su vez, advertían a las mujeres y a las madres evitar acercarse con hijos a ciertos lugares que pronto olvidó o quedarse solas. Le prestó gran atención a ese detalle. «No quedarse solas», habían dicho. Las mujeres solían ser el centro de muchos problemas, sobre todo en la población resentida, pero ahora imaginaba que no valdría arriesgarse sin tener un motivo importante. Tampoco es que ella pudiera hacerlo.
Desde la advertencia de Ran, Hayakawa se quedaba todo el rato con ella y se alejaba apenas unos metros cuando estaba en casa. Si su intención era cortarle la respiración ahora que no estaba con ella, por ahora lo estaba consiguiendo.
Por ahora, repetía. Porque un día de estos iba a despistarlo y perderlo para poder vivir sin alguien que caminara a sus espaldas o que, al mínimo intento de amenaza de su espacio, interfirieran en su camino. Anabella y Joshua seguían sin preguntar sobre el extraño hombre que había aparecido en el bar a recogerla, y casi que mejor. ¿Qué iba a decirles, que era su esposo, quien nunca estaba con ella, el que había ido a por ella porque no le cogía una llamada? Sonaría tóxico y rídiculo. Y una excusa. Por otro lado, su amigo con familia propia había faltado a clase más días de los que había dicho. Hope pensó en ir a hacerle una visita.
Hayakawa estaba en el comedor mirando por el ventanal al otro edificio cuando Hope lo encontró. Lo había buscado en la planta de arriba pensando que quizás estaría distraído en alguna de las habitaciones sobrantes del apartamento. Se había vestido con unos vaqueros, una camiseta clara con un encaje sofisticado en la parte del escote y una chaqueta abierta de punto marrón. Llevaba los zapatos en la mano y un bolso.
-Señora -hizo una reverencia.
-Tengo que recoger unos paquetes a mi nombre para hoy. Pensaba salir ya antes de que se hiciera tarde y perder la oportunidad.
Asintió con la cabeza.
-Avisaré al conductor.
-¿Puede ser solo contigo? Tengo que ir rápido antes de que cierren y luego hacer otras cosas -le preguntó directamente-. No tardaremos mucho.
Hayakawa se dobló por la mitad accediendo. Hope asintió, satisfecha de haberlo conseguido.
-Como diga.
Las puertas del ascensor se abrieron, solo para descubrir que ya había alguien dentro. Normalmente no era una forma de encontrarse con los vecinos. En el tiempo que había vivido allí, los vecinos se reunían en el garaje para conocerse, no yendo a los apartamentos de los otros porque hacía falta una llave para acceder a cada planta.
Hayawaka reaccionó más rápido, poniendo el brazo entre las puertas que se abrían y el cuerpo de Hope, una mano en la espalda que señalaba que ese día estaba usando el arma -¿la llevaba siempre?-, para que al acabar el recorrido fuera una realidad completamente diferente. La persona que estaba en el ascensor estaba al final de este, en la zona del espejo, apoyando la espalda contra la superficie y la cabeza echada hacia abajo. Los brazos se abrían a cada lado del cuerpo, los músculos marcados en la camisa remangada, sujetándose a la barra de apoyo, las largas piernas cruzadas. Varios mechones de pelo le bailaban en el rostro paliducho y afilado.
La posición de Hayakawa se relajó al reconocerlo. Con la camisa por fuera del pantalón, los tirantes de cuero que le recordaban a los que la policía utilizaba para guardar el arma, pero sin arma esta vez, y el chaleco colgando de la mano, en otro momento no lo habría reconocido. Habría pensando que por un momento el sistema de protección estaba averiado. La postura agotada lo distinguía.
No era más que una realidad contraria que jugaba con ella a su antojo.
-Hola -saludó.
Se quedaron como dos tontos ahí. Por primera en mucho tiempo, el pecho de Hope se infló y sintió más ligero. Tanta tensión para absolutamente nada.
-¿Vas a algún lado? -preguntó en voz baja, dejando la chaqueta que se había quitado antes de entrar en casa sobre la superficie del sofá.
-Tengo que recoger un pedido.
Arqueó una ceja.
-¿Tan complicado es que te traigan una caja de...? -no acabó la oración. Hope se dio cuenta de que no sabía a lo que se dedicaba mientras él no estaba. Una parte de ella crujió.
-Pinturas y cosas -acabó ella, viendo que desconocía lo que iba a buscar o lo habían omitido-, ya sabes, de arte.
Su vocación. Su amor por la pintura. Y él ni siquiera sabía a lo que se dedicaba, en lo que trabajaría cuando acabase los estudios. ¿Sabía acaso que estaba en la universidad?
-Cosas de arte -se frotó el ceño con una mano y cerró los ojos; cuando los abrió, un suspiro escapó de sus labios e hizo el amago de buscar algo en sus pantalones-. Dame un momento. Encargaré a alguien para que te las recoja.
Hope lo siguió con la mirada mientras empezaba a caminar hacia, posiblemente, su despacho por la puerta de atrás. La mano que lo agarró por el antebrazo lo detuvo de intentar huir de nuevo, de dejarla sola ahí y sin poder defenderse. Ran la mir�� por encima del hombro, como si la molestia que lo hubiera alterado con su respuesta hubiese cambiado y fuera alguien.
-Voy a salir porque tengo más cosas que hacer -le dijo-. No encargues nada.
-¿Ibas a volver a salir? -preguntó lentamente, mirándola de pies a cabeza. No iba con ropa de fiesta, ni de nada, pero la última vez había salido con lo primero visto en el armario y probablemente estuviese preguntándose si iba a volver a hacerlo-. ¿A otro bar?
Las mejillas se le colorearon, aunque intentó que no se notase. Hope frunció el ceño, claramente irritada. Se cruzó de brazos y, con un tono más serio le respondió:
-¿Qué? No. Son cosas de clase, y porque quiero ver a un amigo.
-Demasiadas preguntas para respuestas tan vacías. ¿Necesito saber el nombre de tu amigo o quien sea que vayas a ver? -dijo, en un tono más fuerte.
-No, pero...
Antes de poder acabar, Ran dio un fuerte tirón del brazo, saliendo del agarre que ella aún mantenía sobre él, pillándola por sorpresa, y se alejó a zancadas aún más rápidas de donde habían estado.
Lo siguiente que vio y escuchó, fueron la puerta cerrándose de un portazo y el clic de un pestillo.
Ran Haitani no la llamó.
La fiebre de Elsa disminuyó poco después de cenar. Hope había ido a casa de su amigo después de acabar sus compras y encontrado a la niña sudando y con fiebre alta. Se quedó con ellos toda la noche. Ran no la llamó de vuelta cuando le dio el mensaje a su guardaespaldas de avisarle.
Kai fue capaz de respirar por sí solo después de eso, y en un momento llegó a quedarse dormido con la niña aún en brazos empezando a cabecear. Por el otro lado, Hope estaba llena aún de energía y recogió la casa de forma que quedase medianamente decente para un padre soltero con una hija de un año que empezaba a llevarse cualquier cosa a la boca. En total llenó dos bolsas de basura hasta arriba, y le ordenó a Hayakawa que las fuera a tirar mientras ella se quedaba en la casa ordenando. Hayakawa no puso mucha queja.
Se encargó dejar los apuntes limpios y cuidados en un sitio donde pudiera verlos y no destrozarlos; la encimera de la cocina, pegados al borde y con un soporte duro para que no volasen por cualquier corriente tonta de aire. Hizo todo como pudo y con cuidado, mientras que la niña la observaba desde su corral de juegos pegado a la esquina del salón y se divertía tirando juguetes al suelo. Hubo cierto momento en el que deseó pegarla a la pared para que dejase de molestar. Cuando tuvo todo recogido y el orden, fue a la habitación y cerró la ventana abierta para ventilar y volvió al salón a por Elsa. Esta lanzó un quejido lastimero y se frotó el ojo con su puñito cerrado a la vez que escondía el rostro en su cuello; Hope se quedó petrificado por el gesto.
¿Desde cuándo le caía bien a los niños? ¿Desde cuándo Elsa se vendía a la primera de cambio? Tapó a Yuta con el edredón de la cama en el suelo, poniendo una almohada al lado de su cabeza para que la próxima vez que se moviera, estuviera sobre una superficie blandita, y le recordó a la pequeña bebé que tenía en brazos que ninguna mujer tenía que hacer eso gratis por otra persona. En especial, un hombre.
Elsa sollozó una vez más, y entonces se fue a la cuna de cabeza. Acarició su cabeza un par de veces hasta que sus enormes ojos empezaron a cerrarse, producto del sueño y el agotamiento de un posible resfriado infantil. Al hacerlo recordó que era lo mismo que había visto hacer a su niñera con su hermana hasta que se dormía a causa de los terrores nocturnos que la acechaban.
De pequeña, solía tenerlos con mucha frecuencia y corría a su habitación a decírselo. Solía despertarse porque sentía su mano moverla, o su voz llamándola, con el rostro pálido y abrazando un enorme peluche suplicaba que la ayudase con el monstruo que dormía en su armario. Al final Hope la dejaba durmiendo con ella hasta que se despertaba antes que su hermana y la llevaba en brazos a su habitación evitando al personal del servicio que se preparaba para despertar a las niñas.
El viaje de vuelta a casa fue silencioso. Las calles estaban oscuras y no había ni un alma que pudiera tranquilizarla. Solo estaban abiertos los establecimientos veinticuatro horas de comida rápida y gasolineras. No debían de ser más de las doce, tal vez, cuando llegó al edificio. Hayakawa fue con ella todo el rato. Solo se separaron cuando tuvo que aparcar el coche, pero ella esperó pacientemente en el cubículo del ascensor hasta que apareció y pudieron subir.
Supuso que Ran estaría en casa, esperando, a que ella llegase para pedirle explicaciones. O no. Tal vez lo dejara correr como siempre, pero con la llamada y el teléfono apagado...lo dudaba mucho. Lo había intentado llamar y dejado varios mensajes. Nada funcionó.
-¿Te ha llamado?
-Sí, señora.
-¿Le dijiste lo que te ordené?
Un asentimiento.
Hope notó los tensos rígidos, pero al menos ya no pesados y dolorosos. Se tocó la frente y pasó los dedos por el pelo. No había dormido mucho la noche anterior, y el sueño empezaba a acumularse. Lo último que quería era discutir a lo tonto; añoraba su cama y la sensación de relajación cuando se tumbaba en ella, o cuando se levantaba sin miedo a las acciones que pudiera haber hecho hace día.
-Cuando lleguemos a casa -comenzó a decir, guardando el móvil de nuevo en el bolso-, déjame a mí hablar, ¿vale?
-Por supuesto.
No hablaron más. Pero no estaba tan segura. Ran iría por la opción fácil, pensaba, que era preguntarle al hombre que pagaba por protegerla y llevarla a todos lados dónde había estado. En vez de a ella. Por lo menos era lo que su padre hacía cada vez que salían. Una relación basada en la desconfianza y en las infidelidades que, al parecer, solo podían darse en el caso masculino. Y acabarían discutiendo porque ella no iba a pensar en quedarse callada, esperando ser el trofeo de alguien.
La otra opción, era que no estuviese en casa. ¿Podría suceder? No parecía imposible. Aunque para eso tendría que haber llamado a Hayakawa para avisarla, ¿no? Y Hayakawa acababa de decirle que había hablado con él. Sería de tontos marcharse teniendo una oportunidad como aquella.
El ascensor se detuvo y Hope tuvo un momento para recomponerse antes de que las puertas se abrieran. Hayakawa se hizo a un lado para dejarla pasar. Se pasó una mano por la cara, para despertarse, que de poco sirvió. Necesitaba una ducha, tumbarse en la cama... En cuanto salió, unos brazos agarraron los de Hope y tiraron con fuerza de ella. Antes de poder emitir cualquier sonido, Hayakawa se giró hacia ella por reflejo, seguramente al no poder verla avanzar en su campo de visión. Intentó revolverse sin éxito de la persona que la agarraba, solo para encontrarse con la sorpresa de que no era Ran.
Hope se sobresaltó y empezó a luchar para liberarse, pera la persona la mantenía agarrada, sus ojos fríos y calculadores. Ran estaba delante de ella, con la misma ropa de ayer, el pelo echado hacia atrás y una mirada que dejaría seco a cualquiera que se atreviese a mirarlo directamente a los ojos.
-¡No!
El puño de Ran golpeó contra el rostro de Hayakawa sin importarle que llevase las gafas y pudieran tener un accidente. Los dos; él en la mano y el otro en la cara. El sonido rebotó en el eco del ático como el chasquido de un látigo. Hayakawa se tambaleó por la sorpresa y cayó al suelo como si nada. ¿Cuánta fuerza tenía?
-¡Ran!
Pero él no le devolvió la mirada ni hizo nada para ir con ella en ningún momento. Hope intentó patear a la persona que tenía detrás, pero solo consiguió apretar el agarre que tenían sobre ella. El cinismo que reflejaba le estremeció hasta los huesos.
Una de las manos agarró la parte de atrás del uniforme de su guardaespaldas y tiró de él. Lo arrastró por toda la primera planta, aprovechando su estado de semi-inconsciencia, mientras Hope le gritaba que se detuviera, que era suficiente. Al igual que antes, la ignoró y marchó con el cuerpo de Hayakawa a la terraza. Lo único que consiguió fue dejarse la garganta entre voz y orden que no fueron cumplidos por su posición. Tuvo el «detalle» de cerrar la puerta de la terraza a sus espaldas cuando salió, el viento golpeando con fuerza ambos cuerpos.
La persona a sus espaldas no daba de sí. Su fuerza doblaba la suya por encima de todo. Desde allí, podía ver lo que sucedía con el cuerpo de Hayakawa y las manos de Ran sobre él cuando lo dejó caer contra el suelo de cemento.
-¡Para! ¡Para! ¡No ha hecho nada! ¡Suéltame, joder!
No la escuchaba. Y si pudiera, no lo haría de cualquier forma. Un tirón hacia atrás con más fuerza la movió de donde estaba. Sus pies se enredaron y tropezó, pero en ningún momento apartó la vista de su descontrolado marido y el cuerpo inconsciente de Hayakawa. El primer golpe fue una larga pero profunda patada que torció el cuello del guardaespaldas y provocó un jadeó en Hope. La sangre salió de su boca y manchó el cristal.
Hope se quedó mirando esas gotitas de sangre, cómo seguían su camino en descendente hacia el suelo. Sin poder siquiera reaccionar, vino el otro; agarrándolo del cuello de la corbata, un puñetazo en la cara. Y luego otro, y otro, y otro, en el mismo sitio. Su mandíbula empezó a golpear, un rostro sangrantes que chorreaba a cada golpe y reacción.
Y de la nada, un ruido que rompió todos los esquemas de Hope, que luchaba contra la otra persona sin resultados.
Todo se detuvo.
El corazón de Hope dejó de latir para luego regresar con una fuerte subida de energía que descendió hacia sus piernas. Los brazos de la tercera persona, un extraño para ella que miraba la escena sin reacción, la dejó libre y ella salió a la carrera. Tiró con tanta fuerza de la puerta de cristal que temió que con ella cayera todo el complejo, pero aún así no se detuvo. Fue corriendo hacia las dos personas que había visto matarse, una más que otra, y se congeló cuando vio lo que efectivamente era una escena grotesca. No supo cuándo había empezado a temblar, pero se descubrió a sí misma pálida y sin saber qué hacer.
-¿Qué has hecho? -preguntó en un murmullo. Hope se llevó las manos a la cara, examinando lo que tenía delante. De cerca era peor que de lejos, cuando apenas podía ver y escuchar nada más que unos gritos y unos sonidos opacados-. ¿Qué has hecho?
Hope lo miró, en shock, sin saber qué más decir. Su mirada era dura, aunque había algo en sus ojos que no podía adivinar. Se quedó en donde estaba con el cuerpo rígido y... La sangre.
-Aléjate de él.
-¿Qué has hecho? -preguntó de nuevo. La mano cayó de su rostro cuando se volvió a mirarle, a enfrentarle. Su respiración pesada sacudía el pecho cubierto por una camisa blanca inmaculada que, de alguna manera, dejaba unas transparencias negras de fondo que llamaron la atención de Hope.
Lo había matado.
Había matado a la persona que cuidaba de ella, que había estado con ella esos dos años y que jamás le había sido desleal. La misma persona que hacía unos días casi la forzaba en contra de su voluntad y le ordenó permanecer pegada a ella para no ponerla en peligro. Había obedecido. Se había quedado con ella todo ese tiempo como el perro fiel que era. Entonces, ¿por qué hacer eso? ¿Por qué hacer eso con ella delante, en su casa, en el sitio donde ella pasaba más tiempo y que no podría volver a ver?
-Ven aquí.
-¡No me toques! -su voz era fine, el tono cortante y lleno de dolor, reflejando la furia y el miedo que le corría por dentro-. ¡Ni se te ocurra tocarme!
De un momento a otro, Hope ya estaba encima suya golpeando con fuerza contra su pecho. Ran permaneció inmóvil en todo ese tiempo, con la cabeza mirando al frente y sin levantarle la mano como habría esperado de una persona que acabase de matar a alguien en frente de otra.
Golpeó, pateó y gritó («te odio», «eres un asesino», «eres un monstruo sin sentimientos», «deberías haber sido tú», un sin fin de palabras que salieron de su boca sin filtro) todo lo que pudo hasta quedarse a gusto, pero de nada sirvió. Parecía una estatua, inmovible e indolora, después de todo aquello.
De repente, se dio cuenta de que estaba llorando y se alejó de él. La respiración agitada que la sacudía se volvió irregular de nuevo. Los restos de sangre en la ropa de Ran, ahora pegada a la suya, la hicieron marearse. El estómago se sacudió y sintió como si se hubiese subido a una montaña rusa de emociones. La rabia a flor de piel le hacía cosquillas en las manos, aunque quizás eso se debiera a los golpes continuos en el pecho de Ran. Poco le importaba a qué debiera.
Se las miró, y se sorprendió al verlas manchadas de sangre fresca, aún goteante y escurridiza, y temblorosas. Picaba. Mucho. ¿Cómo iba a dibujar ahora? ¿Cómo iba a terminar el trabajo, la carrera que iba a acabar en unos meses? Ran no solo le había amargado la vida durante dos años, sino destrozado su sueño. Su vida. Haciendo que los dos ahora fueran culpables; él por asesinar y ella por ser cómplice.
-Ran, es tarde, ¿te ocupas o me encargo yo? -sonó una voz distorsionada. Era la tercera persona, el chico joven que la había estado sujetando mientras sucedía todo aquello en la terraza. Su mirada gélida le recordaba a la de Ran.
-Ocúpate de este -«este», se repitió. Aún tenía el orgullo de referirse así a la persona que cuidó de Hope durante todo el tiempo que él no estaba-. Yo me encargo del resto.
Antes de que pudieran hacer algo, Hope se tiró al suelo de rodillas al lado del cuerpo moribundo de Hayakawa y los fulminó con la mirada. Ahora que se fijaba, vestían un estilo bastante similar en cuanto al traje y el tono con el que hablaban, tan confiado y seguro en sus acciones. Sus ojos...la forma de mirarla era también idéntico.
-Hope -dijo Ran, con voz grave y con una cara que le dejó claro que no estaba para juegos-, aparta.
Al ver su expresión, se sintió aún más angustiada. Su pecho subía y bajaba con rapidez y, aunque deseaba confrontarlo, no podía evitar sentirse abrumada por la situación.
-Lo has matado -el tono con el que lo dijo fue más grave del esperado, y penoso por el dolor que aún se instalaba en su garganta después de los gritos-. Has matado.
Se acercó a ella de una zancada y estiró el brazo. Como la última vez que discutió con ella, Ran fue a agarrarla del brazo para llevársela con él. A diferencia de ese día, Hope hizo fuerza con su tronco inferior en sentido contrario, cruzando los pies bajo su cuerpo. Escuchó a Ran bufar al darse cuenta de lo que estaba haciendo. Llegó a utilizar el otro brazo en un momento, pero al ver que tampoco conseguía levantarla del todo se puso a su altura.
El olor a sangre y colonia que se mezcló en el aire la aturdió en el momento que abrió los ojos para encontrarse con los de Ran. Mientras los suyos seguían empapados en lágrimas e hinchados y ridículos en su punto de vista, los de su esposo irradiaban ese hielo característico de la soberbia y una llama por atreverse a desobedecerlo. Pudo verse reflejada en ellos: pelo revuelto y ropa descolocada. Una apariencia ridícula acorde a lo que estaba haciendo.
De fondo podía escucharse la suave risa de la tercera persona, como si se estuviera divirtiendo con la cómica escena de matrimonio digno de una sitcom.
-Ho...
Hope y Ran giraron la cabeza al mismo tiempo. La mirada del otro chico se levantó de suelo y miró con cierta sorpresa en el rostro lo que sucedía. La cara destrozada y ensangrentada de Hayakawa le devolvían una mirada lastimosa y moribunda. Hope nunca había visto un muerto, pero los estudiantes de medicina forense decían que era como ver el estado humano más alejado de la vida en todos los sentidos. Lo descubrían como una experiencia inolvidable y única, y quizás tuviera razón.
Hope nunca olvidaría lo que estaba viendo.
Tenía dos orificios de bala a quema ropa en dos lugares diferentes, el hombro derecho y el vientre. Desconocía los puntos sensibles y más cercanos a la muerte de un humano, pero estaba seguro de que esos dos eran uno de ellos. Un charco de sangre espesa y caliente en el que Hope estaba sentada de rodillas lo rodeaba. Las piernas estiradas de vez en cuando soltaban un tic nervioso que le recordó al de un animal herido de gravedad. Pero él respiraba. Pesada y lentamente, pero respiraba. Hope se estiró para limpiarle la cara de toda la sangre y los golpes que había recibido. Tenía que hacerlo.
Intentar salvarlo aunque fuera una tontería y estuviese condenado. Los rasgos quedaron más o menos distinguibles pese a sus intentos de dejarlo claro. Él...no tenía ningún lunar debajo del ojo.
-Hop...e -repitió, ahora más lento, saboreando el nombre y todo lo que conllevaba. El frío se instaló en sus brazos, y ahí donde Ran agarraba con fuerza para tirar de ella.
En un momento de debilidad, el cuerpo de Hope permitió que lo levantaran de donde estaba. Las dos manos de Ran agarraron sus muñecas y las mantuvieron descubiertas para él. Tenía las palmas manchadas, las muñecas con rastros de sangre. Entonces se dio cuenta. Estaban en problemas. Él por asesinato y ella por complicidad; le daba igual la tercera persona. Iban a ir a la cárcel. Irían a por ellos. Si nadie los había visto, alguien tendría que haber escuchado los disparos en la madrugada. No un vecino madrugador ni el que tuviera problemas para dormir, pero sí uno que estuviera cerca de ellos.
Y llamaría a la policía, y verían aquella escena y los meterían en la cárcel sin necesidad de juicio porque el cadaver estaba ahí y las huellas estaban en la pistola. Miró hacia la pistola, guardada en el pantalón de Ran de forma que la chaqueta pudiera ocultarla.
El mundo empezó a girar en sus ojos. Dejó de sentir los dedos de las manos en el momento que se dio cuenta que estaba helada y que el aire frío que corría por la terraza del ático, en la planta más alta de todas, golpeaba con fuerza.
-Vas a ir a la cárcel -empezó a decir. Ran le devolvió una mirada extraña que no supo interpretar, pero que podría haberse acercado más al interés que a la frialdad de un psicópata-. Has matado a alguien. En casa. Aquí. En nuestra casa.
-No voy a ir a la cárcel.
-Nos van a detener y nos pudriremos en la cárcel por asesinato. Vendrán... Van a venir.
Empezó a murmurar más cosas para sí misma que para las dos personas que estaban ahí. El chico se había puesto de cuclillas al lado del cuerpo de...esa persona que no se parecía a Hayakawa. Las manos de Ran se pusieron sobre sus mejillas y le giraron la cabeza hacia él.
-Es resistente.
-No vamos a ir a la cárcel porque nadie más que nosotros tres lo sabemos y no saldrá de aquí -declaró. Le sustuvo la mirada hasta el punto en el que solo podía ver el amatista de sus iris y sentir su respiración contra ella. Hope solo sentía la aspereza de la sangre contra su piel y los dedos de él moviéndose sobre sus mejillas para apartarle las lágrimas torpemente-. Está vivo, Hope, apenas respira.
Sus ojos se suavizaron por un segundo, como si por un momento entendiera lo que ella estaba sintiendo. Pero la lucha interna era evidente.
-Voy a sacarle información -anunció el chico, con un tono animado y adecuado a la situación-. Tendré que conseguir bolsas de sangre para una transfusión.
Ran desplazó los ojos hacia él tras acariciarle las mejillas una vez más a su esposa. Inhaló un par de veces, hasta que se dio cuenta de que los rastros de colonia habían desaparecido.
-Pregúntale qué le ha hecho a Hayakawa.
Hope reprimió un sollozo. Si ese no era Hayakawa, ese hombre era otra persona. Y había estado con ella...¿desde cuándo? ¿Desde que habían salido? ¿Desde qué momento? ¿Significaba que había estado todo el rato con ella y no se había ni dado cuenta de que no era Hayakawa?
-Le partiré de paso algún que otro dedo hasta que confiese para quién trabaja y qué pretendía hacer.
-Avisa a los demás para que tomen responsabilidad de sus propios agentes y lo tengan en cuenta -propuso de seguido Ran. Hope se quedó de piedra mientras los escuchaba hablar con tanta intimidad y profesionalidad.
El chico suspiró.
-La próxima vez que vuelva ocurrir hazlo en otro lado. Sacar un muerto de un edificio público es más complicado -se rascó la nuca incorporándose en la totalidad de su altura. Era alto, per más lo era Ran y aún así a ella le costaba adivinar cuánto podría medir. Sus complexiones eran similares, así como sus facciones, pero se diferenciaban en la forma de actuar. Mientras uno se tomaba las cosas con calma y se quejaba en voz alta, el otro era imperativo y disfrutaba de dar órdenes para que las cumplieran-. Mikey ya tiene suficiente con lo suyo como para que nosotros molestemos.
-¿Quién es Mikey? -se atrevió a preguntar.
Los dos hombres volvieron la cabeza hacia ella sorprendidos. Llevaban hablando entre ellos todo el rato, con ella escuchando, y no habían recordado que estaban en presencia de una civil que podía interferir en sus planes. Sin intercambiar palabras, actuaron cada uno a su manera. El chico de traje azul, pero un azul ni claro ni oscuro, intermedio, buscó en sus bolsillos y de estos salió un móvil de pantalla plana que empezó a utilizar. Por el otro lado, uno de los brazos de Ran bajaron hasta su cintura y la impulsaron a caminar con él hasta abandonar la terraza.
No sabía cómo estaba caminando cuando apenas podía sentir las piernas. Le temblaba todo el cuerpo, pero el agarre de Ran le impedía desmoronarse como un trapo. Fueron al despacho cruzando el comedor y la sala de juegos, donde se encerraron. Las luz de la lámpara de pie estaba encendida e iluminaba una esquina del cuarto. Entonces, Ran la soltó y ella pudo ser libre de responder a sí misma.
Pero, ¿qué debía hacer? ¿Gritar? No le quedaban fuerzas para hacerlo y la situación, al parecer, estaba mejor controlada de lo que pensaba al principio. ¿Empezar a gritarle a Ran que era su culpa? Ya lo había hecho, y no tuvo sentido porque también tenía las cosas controladas. La mirada que le dio a Hope en respuesta a sus acusaciones fue suficiente para darse cuenta de que poco le importaban las consecuencias mientras sus deseos se cumplieran. ¿Ponerse a llorar? También hecho. Y seguían cayendo aunque fuera incapaz de reaccionar a cualquier otra cosa. La conmoción de los disparos, del golpe de Ran cuando menos se lo esperaba, su mirada fría y la risa divertida de ese chico...
Hope fue a sentarse al sofá y se dejó caer sobre él. ¿Qué estaba haciendo? Podría haber salido corriendo en cualquier momento, aunque fuese por la salida de emergencia y enfrentarse a las escaleras, y llamar a la policía. ¿Cuándo había tocado techo? Ella no era una criminal. Se suponía que no estaba casada con un asesino temerario. Hope sollozó. ¿Cómo había olvidado el pequeño, gran, detalle de que llevaba una piscina y Hayakawa podía tener órdenes de disparar a todos aquellos que se acercaran demasiado a ella? ¿Cómo no se había dado cuenta en ese tiempo de que, en secreto, aquel despacho podría ser parte de una organización criminal como la que hablaban en la televisión?
Entonces eso la convertiría en una socia indirecta, ¿no? O en una cómplice. Y al ático, al sitio que había empezado a considerar su hogar, la sede de donde salían muchas de las órdenes. ¿Por qué todo estaba torciéndose? ¿Por qué? ¿Por qué tenía la necesidad constante de arruinar todo?
Ran se sentó a su lado y le extendió la mano hacia la mejilla. Sin embargo, Hope se la golpeó y alejó de él todo lo que pudo en ese caro sofá. Sus ojos se oscurecieron.
-¿Quién eres?
El miedo, la rabia y la tristeza la impulsaban a moverse con cuidado, pero también un profundo deseo de querer saber la verdad. La verdad.
Tenía manchas de sangre en la cara, la mandíbula tensa y unos ojos oscuros que le devolvían una mirada seria y casi reverente, pero sin alejarse de...una pizca de preocupación. Una calidez que buscaba en la suya a toda costa y que estaba lejos de devolvérsela. Había intentado tocarla con la mano manchada también de sangre y los nudillos, ahora que se fijaba, rotos por los golpes continuos en la cara. El intento de tragar le costó una barbaridad. Tenía la piel levantada, rasgada y aún sangrante en una sola mano. La otra, estaba roja por la sangre que le salpicó el rostro y la ropa.
Tuvo ganas de vomitar. Lo sintió, pero nunca le salió el impulso. Solo sentía las nauseas y el revoltijo en el interior de la barriga que la estremecía y recordaba: «no te acerques a él. No te fíes de él. Te hará lo mismo». No dudó en esa teoría. Había intentado atarla y someterla en un momento, y luego le recordó que nunca le haría lo mismo para días después, ahora, ir con el cuento de que la protegería de todo. ¿Qué persona era Ran que hacía todo sin preguntar a los demás? ¿Le daban...siempre la razón todo o qué diablos pasaba?
La puerta estaba cerrada. La opción de huir no podría ser, entonces. Aunque tampoco es que pudiera. Con lo que escuchó ahí fuera, dudaba que el ático estuviera libre en un tiempo como para poder moverse con libertad. Y Ran...no tenía cara de soportar juegos como el gato y el ratón de nuevo. Por primera vez, Hope le devolvió la mirada retándolo a que le respondiera a la pregunta. Pudo advertir cada uno de sus gestos y rasgos más profundos de los que nunca se había percatado. Ni en el beso que compartieron en el ascensor hace días.
Su piel era blanca y parecía de esa clase de «sensible a cualquier producto», bien cuidada y brillante sin necesidad de cremas de rejuvenecimiento. Aún era joven, ambos lo eran, pero él tenía esa belleza etérea y extraña. Sus pómulos eran altos, marcados, y una mandíbula bien marcada que sujetaban unos rasgos atractivos y maduros. Sus labios, uno más grande que otro -el inferior sobre el superior-, le parecieron sensuales la primera vez que lo conoció y habló con un tono desafiante a las normas (lo que probablemente le llamó la atención) y diplomático.
Debajo de todo eso, se escondía un ser que no conocía y con el que llevaba durmiendo dos años. ¿Qué tipo de cosas podría haberle hecho mientras dormía?
-Soy el hombre con el que te comprometiste.
-A él tampoco lo conocía porque apareció un día y al siguiente ya estábamos comprometidos -una lágrima rebelde estuvo a punto de caerle por la cara, pero fue más rápida y disimuló el gesto de quitársela con limpiarse la sangre. Sangre de humano. Volvió a temblar-. Has matado a alguien y no estás temblando -dijo, frotándose la costra de la sangre seca que empezaba a formarse en los dedos-. ¿Cómo quieres que confíe en ti si has hecho eso?
Ran inspiró con profundidad. Se pasó la mano por la cara para despejarse y se tomó un momento para aclararse. En ese tiempo, Hope lo observó moverse por el despacho. Si bien el traje era el mismo con el que se había presentado en casa hacía unas horas antes de irse, la diferencia estaba en que la chaqueta estaba perdida y tenía el pelo despeinado por la agitación. El fuerte mentón marcado estaba tenso y los músculos del cuello lo mismo.
-Soy Ran Haitani y tú eres Hope Wägner, la mujer con la que estoy casado y a la que prometí proteger de todo peligro.
Recordaba sus votos matrimoniales. «En salud y en la enfermedad. En la pobreza y en la riqueza. Por y para siempre, yo, Ran Haitani, prometo serte fiel y protegerte hasta que la muerte nos separe». Ahora solo parecían un chiste mal contado por el realismo que tenían.
-¿Por qué has matado a Hayakawa?
-Ese no era Hayakawa.
-Entonces dime por qué estaba conmigo.
-Hayakawa está muerto de verdad, Hope -soltó de repente-. Me llamaron hace dos horas para decirme que habían encontrado su cuerpo en un callejón de Shibuya.
Hope se agarró el pecho. Todo lo que podría haber dicho se le quedó atascado en la garganta y dejó de pensar. Volvió a pasarse las manos de la cara, quitándose el pelo oscuro de la cara e intentando no fijarse en el leve temblor que la sacudían de pies a cabeza.
En cuanto se las quitó, los dedos de Ran empezaron a tamborilear contra el pantalón. Eso la puso aún más nerviosa.
-¿Por qué? -la voz se le atascó en la garganta y sonó como un quejido lastimero de un animal moribundo.
-Cuanto menos sepas, es mejor para ti -sonó como una recomendación pero le dio más sensación de advertencia que de lo otro. Hope negó con la cabeza.
Se negaba a pensar que Hayakawa estuviera muerto y que todo aquello fuera por nada.
-Quiero saberlo -dijo de golpe-. Todo.
-Si te contase todo, no me creerías o preferirías no hacerlo. Serías cómplice y te volverías loca.
Apretó los puños contra la tela de su ropa. Solo fue ahí cuando se dio cuenta de que tenía las uñas manchadas de sangre seca y las cutículas sucias. Una sensación fría recorrió tanto la espalda como los costados de Hope invocando una rabia.
-¡Intentalo! -exclamó-. Tengo el derecho de saber lo que está haciendo mi marido cuando no está en casa, con quién está y en qué problemas anda metido como para que mi guardaespaldas esté muerto.
Invadida por la ira, se levantó de un salto y fue a por él.
-No puedes hacerme esto. ¡No puedes! No puedes simplemente callarte cuando hay un hombre muerto en nuestra terraza y que resulta que había estado conmigo todo el tiempo -exclamó, apretando los dedos-. ¡No tienes derecho a nada ahora! ¡No tienes ese derecho a decidir lo que es mejor para mí cuando podría haberme matado!
-No habría dejado que te matasen -respondió de golpe, volviendo la cabeza hacia ella en el momento que escuchó la palabra muerte salir de sus labios. Tenía los ojos tan abiertos como podía y la piel pálida cubierta de restos secos de sangre, el cuello igual-. Te llamé para preguntar dónde estabas. Pensaba que te había pasado algo.
Eso le sentó como una bofetada en la cara. Peor de lo que él había pensado que pasaría.
-¿Me estás culpando de lo que ha pasado?
-No he dicho eso.
-Pero piensas que es mi culpa no haberte respondido. Como todo -no necesitó una respuesta ni una mirada más allá de la que le estaba dando para saber su opinión. Las piernas de Hope se descongelaron-. No puedo con esto.
Sin nada más que decir, fue caminando a la puerta, la cual abrió de un tirón. No había nadie en el ático cuando salió. Seguirían trabajando en la terraza, si es que había alguien más que ese chico de confianza para su esposo. Hope tecleó los botones del ascensor, pero no se movió. Recordó como una tonta que necesitaba la llave para activarlo.
-¿A dónde crees que vas?
Los pasos de Ran sonaron a sus espaldas acercándose en un corto tramo de tiempo.
-A la casa de mi tía. No puedo seguir aquí más tiempo -agarró el bolso y empezó a buscar en él la llave del ascensor apresuradamente. Encontró un paquete de chicles vacío, las llaves del estudio, incluso un juguete de Elsa, pero no las llaves-. ¿Dónde...?
El bolso le fue arrebatado y confiscado. Ran lo lanzó al otro lado de la casa antes de acercarse a ella y ponerse a centímetros. Pegaron sus frentes empapadas en sudor. Los ojos de Hope volvieron a arder por la oleada de emociones que estaba sintiendo y viviendo en un corto periodo de tiempo. Dejó que sus manos se subieran a sus mejillas y la acariciaran como un padre a una niña. Podría haber sido un gesto tierno de no estar en esa situación, algo que ella habría correspondido.
-No vas a irte. No vas a dejarme, Hope, nunca dejaré que hagas eso -señaló enfatizando en la pertenencia y posesividad. Sin embargo, habló en voz baja para no asustarla.
-Entonces explícame por qué mi marido es un asesino -suplicó, también en voz baja, lágrimas finalmente saliendo de sus ojos y empapando los dedos de su esposo.
La mirada de Ran se suavizó aún más al verlas.
-No te va a pasar nada -le repitió-. No irán a por ti de nuevo, Hope.
-Por favor -suplicó entre lágrimas de tristeza, dolor y conmoción. ¿Qué más podía decirle? ¿Qué podía decirle para hacerle entender que no quería esa vida, que no era lo suyo? ¿Por dónde empezaba a hablar? Sacudió la cabeza de nuevo-. Quiero irme de aquí -sollozó finalmente. Estiró los brazos y los puso en sus hombros para abrazarlo. Le correspondió enseguida e hizo lo mismo en sus caderas, apoyando la cabeza en el hueco de su cuello-. Quiero irme de aquí, Ran.
-¿Quieres irte de aquí?
No tardó mucho en pensar una respuesta. Asintió con la cabeza sin dejarle tiempo a procesar la información. Los ojos de Ran brillaron donde la oscuridad se había instalado. No supo reconocer qué tipo de reacción era esa, o qué se le pasaba por la mente, pero tenía que ser algo bueno para poder mirarla de esa forma, ¿no? Los pulgares no dejaron de frotarse en sus pómulos y en dejar suaves caricias en ella.
-No iremos, ¿vale? El tiempo que sea necesario, y tú... -propuso, pero no finalizó la oración porque algo lo detuvo de seguir-. Haremos justamente eso.
De acuerdo o no, Hope no tuvo otra que asentir con la cabeza y darle la razón. Estaba tan débil y confusa, y todos sus pensamientos volvían a hacerse una bola a cada momento que pasaba y adquiría más. Ran estiró la mano y le colocó el mismo mechón de pelo rebelde que siempre le daba dolores de cabeza tras la oreja. El cuerpo entero se estremeció cuando dejó esa misma mano caer sobre su hombro.
-Nos iremos. Te juro que todo se arreglará.
Y una parte de Hope le creyó.
Quiso creerle.
Ran Haitani era un asesino.
Una de las pesadillas más recurrentes que atormentaban a Hope por las noches era la siguiente: ella estaba en un bosque, por la noche, la luna en lo más alto y el frío calándole los huesos. De la nada, se escuchaba un aullido y ella salía corriendo. El lobo, de pelaje blanco y ojos negros como la noche, la perseguía sin sentido y jugaba con su mente ocultando sus pisadas. El final siempre era el mismo. Una pared invisible le impedía seguir huyendo y el lobo la miraba con burla y una sonrisilla descarada. Y cuando acababa sobre ella, fauces abiertas listas para desgarrarla... El sueño se acababa. Y dejaba a una Hope empapada en sudores fríos sobre una cama casi desnuda por las patadas a las sábanas.
Sin embargo, aquella vez fue diferente. No tuvo ningún sueño y pudo dormir bien.
La luz clara del cielo despejado la saludaron. Sus ojos ardieron al primer contacto, por lo que los cerró y dejó que el dolor desapareciera mientras se iba despertando poco a poco. Una vez pudo hacerlo, lo que se esperaba era totalmente diferente. Un cielo despejado, claro y azul como el color primario que tantas veces había utilizado a lo largo de su vida, mezclado con otros para darle tenebrosidad o claridez. Apenas había nubes, pero las existentes eran tan pequeñas que parecían manchitas en el manto. A lo lejos, montañas picudas atravesaban el cielo con las puntas cubiertas de blanco, como si alguien hubiera derramado un vaso de leche gigante sobre ellas.
El aire era caliente porque estaba en un coche. Uno en marcha que ronroneaba con el movimiento en carretera y cuyo motor no sonaba a diferencia de otros más estridentes. El aire caliente le golpeaba la cara, y se dio cuenta de que era culpa de la calefacción. Sus piernas estaban tapadas con una manta como si fuera una niña.
-¿Dónde estamos? -preguntó, apacible y ronca.
Ran conducía con tranquilidad, una mano en el volante y otra sobre la palanca de cambio, la mirada al frente. Cuando la escuchó, su cuello pareció tensarse por la sorpresa, pero su voz salió acogedora y para nada indiferente. Esperaba ver un rostro con manchas de sangre seca aún y ropa de igual manera, pero se desconcertó al ver un rostro limpio y bien cuidado y ropa en perfecto estado. La camisa blanca seguía remangada, una especie de corsé abrazado a su espalda y con el que los policías se aseguraban el arma, por los codos. Varios ríos de tinta oscura recorrían el brazo sobre el volante -el izquierdo- y la luz natural los resaltaba como faros. Tenía los mechones lilas y negros echados hacia atrás, alguno que otro cayendo sobre su frente lisa.
-Acabamos de salir de Osaka. Había un desfile en la carretera que te has perdido.
-¿Te gustan esas cosas?
Hizo algo raro con la garganta y una media sonrisa asomando.
-Algo así. Soy más de irme a la cama antes y dejar que la vida siga fluyendo. Pero de pequeño solía ir a verlo.
Supuso que se debería a alguna de sus anécdotas de la infancia donde no le daban las palizas. Hope se encogió en el asiento y miró por el retrovisor. Un coche negro, igualito al que solía recogerla, iba tras ellos dejando rastros de nieve y agua salpicando la carretera. Los cristales estaban polarizados, así que se imaginó que los de aquel coche también lo estarían.
-Gente de confianza -respondió antes de que ella tuviera oportunidad-. No iba a irme fuera de la ciudad sin gente que supiera con seguridad dónde estábamos o en el caso de que nos siguieran.
«¿Seguirlos? -se preguntó-. ¿Tan importantes somos ahora que medio ejército está tras ellos?» Intentó tomarse con humor ese pensamiento, pero nada más allá de la realidad. Alguien tendría que haber escuchado los disparos incluso si Ran se confiaba de que nadie iría tras ellos. Un vecino, o las criadas de la casa, que no habían aparecido ni cuando lo escucharon. O alguien de la calle...metros de distancia abajo.
-Tengo una casa rural en Osaka a la que llevo tiempo sin ir. Mi hermano y yo solíamos ir con nuestros padres, pero cuando crecimos la abandonamos y al final quedó a mi nombre. Suelo dejársela a mi hermano cuando quiere salir de la ciudad para descansar y esas cosas.
Hope pensó en la Osaka rural como el típico sitio donde alguien se escondería y como destino turístico de los extranjeros para comprender la cultura tradicional del país. No sabía por qué, pero también sonaba como destino al que la gente rica iría para huir del estrés de la ciudad.
-¿Has...conducido toda la noche? -preguntó en un tono que bien podría haber sido clasificado de emotivo, de no ser porque aún estaba confundida por los acontecimientos y su mente hecho un ovillo de conversaciones.
Ran siguió mirando al frente. Los nudillos sobre el volante no respondían a ninguna emoción, pero sí la fina tensión que dibujaba su mandíbula al apretarse. La piel del cuello estaba roja, seguramente de haberse frotado la sangre hasta limpiársela.
-He hecho alguna parada.
-¿Te ha visto alguien?
-Solo la suficiente -respondió tranquilo-. No he matado a nadie, si es lo que te preguntas.
-No me lo estaba preguntado -se defendió esta vez-. No sabía que tenías una casa en Osaka, pensaba.
Ran torció el cuello hacia un lado para crujírselo. Una suave risa brotó de sus labios. Una que casi le pareció real y divertida.
-Hay muchas cosas de mí que no sabes.
-Lo sé.
Como que había disparado a un hombre en terraza. Como que se había enterado de que ese mismo hombre no era su guardaespaldas y sorprendido a su esposa en medio de un brote de ansiedad. Ese tipo de cosas. Lo que a una le gustaría escuchar cada vez que pudiese de forma repentina y por medio de la violencia. Hope apoyó la cabeza contra el cristal viendo el paisaje nevado pasar. Lo cierto era que tenía una belleza natural y peculiar.
-Tu familia dijo que tenían una casa también por Osaka pero que nunca la utilizaban porque les parecía un desperdicio cuando tenían todo en la capital o en la ciudad -mencionó en un tono neutral, como si no estuviera seguro que de fuera su familia o un comentario que hubo escuchado por otro lado-. Me parece curioso que no nos encontrásemos.
Recordaba esa casa. Era el único lugar donde podía salir sin que alguien la sujetara del brazo y luego la llevaran a dar explicaciones. Las pocas veces que había ido, lo recordaba como la época bonita.
-Apenas íbamos, y cuando lo hacíamos mi hermana y yo siempre nos quedábamos en casa con la familia y esas cosas. Una vez me escapé y tardaron en darse cuenta doce horas después, cuando volví empapada por la lluvia. Me había protegido de un árbol toda la noche -un escalofrió le recorrió el cuerpo al recordar el momento en el que pensaba que iba a morir por las inundaciones, pero eso no lo mencionó. Era un detalle demasiado privado-. De todas formas, seguro que no compartíamos pueblo.
-¿Seguro? -inquirió, interesado-. Dime su nombre.
Hope rebuscó su nombre en su cabeza. Dijo su nombre en alto, y le resultó extraño dado el tiempo que llevaba sin ir.
-No me suena.
Dijo en voz alta el suyo. Hope torció el gesto.
-Tampoco me suena.
De alguna forma, eso consiguió animarle el ánimo y distraerla de lo que realmente le preocupaba. Pensar en la pequeña posibilidad que había de que pudieran haberse encontrado cuando eran pequeños le pareció gracioso. ¿Habrían visto sus padres un potencial futuro partido en él para su hermana, y actuado como convenía? Si se hubieran conocido desde pequeños las cosas no serían las mismas. Quien estaría en ese asiente acolchado y cómodo sería su hermana, la favorita de todos y la delicia de la familia, la criatura más pura del universo como así la llamaba su madrastra. Y Hope estaría en otro lado, seguramente casada con otro hombre, mejor o peor, que Ran, haciendo cosas diferentes a esas.
Sería su hermana la que tendría las manos llenas de sangre, probablemente. La que estuviera en su lugar cargando con el peso de un marido delictivo y que cumplía, al menos, su palabra a la hora de permitir que se marcharan del ático a la primera de cambio y sin ropa. Tras prometerle eso, Hope propuso hacer las maletas e irse, pero Ran en vez de eso se fue, advirtió de sus acciones al chico que trabajaba en la terraza, y volvió con una chaqueta en las manos con la que pudiera cubrirse. Ahora, la chaqueta estaba en los asientos de atrás y ella tapada con una manta que no había visto en su vida pero que le calentaba lo suficiente.
-¿Vamos a...parar a comer o algo?
-He comprado algo mientras dormías. Mira en los asientos de atrás.
Lo hizo. Estiró los brazos con cuidado de no salir del cinturón ni de hacerse daño y dio con una bolsa de plástico que, por su peso, debía de tener una gran variedad de objetos. La pasó a los asientos de delante, también con cuidado, y la posó sobre su regazo. Puso una piernas sobre el asiento en busca de comodidad, revolviendo entre la infinidad de cosas que había en esa bolsa. Desde chocolatinas hasta bolsas de comida rápida que necesitarían una...botella de agua que también estaba al fondo de la bolsa. Hope resopló una risotada.
-Guau, un peligro para los subidones de azúcar y de colesterol -proclamó en voz alta enseñando lo que tenía en la mano-. Podría sobrevivir con esto unos...tres días, tal vez.
-Te sorprenda o no, solía comer de eso cada vez que podía después de salir de clase o cuando mi hermano y yo salíamos a dar una vuelta. Lo que teníamos o lo gastábamos en eso o en comida normal, pero no nos llamaba tanto la atención.
-No sabía que tenías un hermano -indicó. Tiró del envoltorio de una chocolatina para abrirla y le dio un mordisco. El chocolate se derritió en su boca-. Hablas mucho de él pero nunca ha venido a casa.
Ran tarareó una respuesta. Miró por el retrovisor interior algo y volvió la mirada al frente. La sonrisita empezaba a asomar en respuesta a lo que hablaban. Mordió otra vez la chocolatina.
-Ya lo conociste -Hope lo miró sin gracia. Al final, esa cara fue la que consiguió sacarle una carcajada auténtica y que le encendió las mejillas-. Estuvo conmigo cuando nos prometimos, pero no vino a la boda porque tenía cosas que hacer. Tampoco es que le gustasen los formalismos. Mi teoría es que se quedó en casa jugando a los DJ's -dejó de reír para seguir mirando al frente con una sonrisa traviesa-. Le caíste mal, pero creo que ahora te tolera.
Siguió masticando y escuchando al mismo tiempo. Lo cierto era que le llamaba la atención toda esa información que no se había molestado en preguntar hasta ahora. Que su esposo tenía un hermano, su cuñado, y que lo conocía, y que ahora al parecer debía de caerle bien por lo que fuese. Y ella abriéndose poco a poco contando su pasado, como no había hecho con nadie, de una manera tan natural mientras él hacía lo mismo.
-Tu hermana también le cayó mal.
-Eso me consuela -dijo sin pensar.
-¿Enserio?
Pero no le dio una explicación al por qué. Lo que sí hizo fue ofrecerle una chocolatina, para descubrir que en un abrir y cerrar de ojos le había quitado la suya y se la estaba comiendo. Hope fue a buscar otra y empezó a comérsela enfurruñada.
-Eso no es justo.
El resto del viaje fue silencioso, pero al menos cómodo. De vez en cuando se hacían alguna pregunta tonta el uno al otro («podría ser alérgica a las avellanas», y en respuesta una risa algo repelente que le hizo odiarlo, solo un poquito; «¿por qué nunca me dejas entrar en tu estudio?», y una risa socarrona y distante que le hizo poner los ojos en blanco), y se sacaban los colores. Aunque mejor dicho era que él le sacaba los colores.
Le pidió que abriera una bolsa de esas de patatas porque él por obvios motivos no podía, y mientras lo hacía Hope, aprovechó para ponerle una mano encima del muslo y acariciarlo. Prefirió pensar que lo hacía sin darse cuenta, no a propósito para sacarle los colores y ponerla nerviosa. Y lo consiguió, ponerla nerviosa y roja. Fue como volver a ser una adolescente y que un chico la tocase por primera vez, con la diferencia de que con ese hombre ya se había besado y estaban casados.
A medida que avanzaban, las montañas se hacían más cercanas y la nieve cubría la carretera y el resto del paisaje. Mientras que la carretera de atrás era el trayecto vigilado por las autoridades para viajar desde la Osaka urbana hasta la rural, una vez cruzabas las señales que la diferenciaban se notaba en el paisaje. La nieve cubría las carreteras, más pequeñas y con más baches por el trayecto. Los humedales se congelaban y cuando los mirabas no te imaginabas que fuera una zona donde los animales descansasen y tomaran su comida en su época correspondiente. Un paisaje invernal completo, no como la capital demostraba con tanto movimiento y cuidado por el turismo.
Supieron que se acercaban al pueblo cuando vieron pequeñas viviendas cercanas entre ellas pero con montones de nieve apartados de la carretera hacia las aceras. Ran hizo una broma sobre algo que Hope no escuchó porque estaba más atenta al exterior; alguna tontería, supuso. Gente que se movía entre la nieve, con atuendos de invierno profundo que la dejaban pensando en qué tipo de clima estaban como para ver a tanta gente abrigada. A medida que se acercaban más a casas cada vez más juntas, Hope pensó en que el pueblo al que ella iba no era así y que todas las casas se movían alrededor de una única edificación; un monumento en honor a los dioses antiguos. Ese era todo lo contrario en cuanto a organización urbanísitica.
Un par de giros más y llegaron a lo que parecía la residencia familiar de la familia Haitani. La vivienda de Ran y su hermano, supuso, y que había adquirido en herencia. Se preguntó cuánto podría tener ella de poder sobre los bienes de Ran ahora que estaba descubriendo tantas cosas, y se entristeció al recordar el ático que había abandonado a la primera discusión y problemas. El lugar que ya consideraba un hogar. El coche frenó frente a lo que parecía un muro de piedra cubierto y rodeado de nieve y vegetación seca.
-Ya estamos -anunció apagando el motor. Hope se pasó las manos por la cara para despejarse. Mentiría si no dijese que en se estaba quedando dormida con el calor y la comodidad.
Hope abrió la puerta y salió por ella. El frío la saludó y le besó las mejillas, despeino la melena al parecer limpia de restos de sangre, y sus ojos se abrieron con semejante espectáculo. Lo que a Ran se le olvidó decir es que no solo tenía una casa rural, sino un chalet con apariencia de cabaña con recinto propio en el que su hermano y él habrían pasado más tiempo peleándose que jugando. Una casa de dos pisos se elevaba sobre ellos, con un enorme jardín de frente y una valla de madera pulida y bien cuidada, vigilada por dos arbustos poblados e inundados de nieve que los inclinaban hacia los lados. No podía verse más allá del recinto porque una larga berja de piedra tenía que rodear toda la vivienda para ser consideraba un recinto privado, así como la naturaleza.
Un auténtico palacio en un pueblo que apenas podía permitirse eso. ¿Las viviendas que habían dejado atrás tendrían al menos calefacción y agua caliente? Supuso que sí, porque tan atrasado no iban las zonas rurales del país. Aunque quizás tuvieran problemas para descongelar la caldera o conseguir gas alejados de las tecnologías de las ciudades. Notó la presencia de Ran a su lado mientras ella intentaba mirar por encima de la valla escuchando cómo el otro coche aparcaba detrás de ellos.
-Puedes entrar. Nadie te va a comer, ¿lo sabes, verdad? -bromeó. Unos brazos la rodearon desde los hombros hasta la cadera, como una serpiente capaz de atraparla y devorarla de un bocado mortal-. A no ser que quieras.
Las mejillas de Hope se volvieron rojas. Si las palabras causasen el mismo impacto que las acciones, entonces Hope estaría perdida. Algo en ella le dijo que le respondiera con el primer pensamiento llamativo que se le pasara por la mente a modo de broma, y la otra que se alejase de él para guardar el decoro. Él la había protegido incluso cuando le ordenó que no la tocase y que se alejara de ella -llamándolo monstruo y asesino-, y tranquilizado en medio de un ataque de ansiedad. Aunque no podía olvidar el momento del dormitorio y lo mal que lo pasó, la frialdad con la que la trató, también es verdad que se encargó de cuidarla después de eso y no se separó de ella hasta que se durmió y respiró bien.
¿Tendría que decirle algo? ¿Tendrían los dos que hablar de eso de una vez por todas y no cambiar de tema como en el despacho? Estuvo a punto de decirle algo, cuando una voz aguda la asustó y la obligó a alearse. La nieve crujió bajo sus pies.
-¡Señor Haitani! -habló una nueva voz. Hope y Ran siguieron la voz como uno solo atraídos por el sonido.
Una mujer alta, rubia y con gafas, se bajaba del coche que los seguía -que ya de por sí era sorprendente-, y avanzaba hacia ellos torpemente por los montones de nieve acumulados. Las botas de nieve negras iban a juego con el abrigo largo y los pantalones. Un bolso de cuero le colgaba del hombro y se movía con ella. Hope estuvo a punto de preguntar quién era cuando la tuvo a la misma altura y se dio cuenta de que eran muy similares. Ojos claros que resaltaban en una piel blanca pero melena oscura, cercano al castaño, no pelirroja, y una postura elegante y llamativa que resaltaba un cuerpo...¿ideal? ¿Adecuado a la sociedad? No supo cómo definirlo.
-Vaya locura de día -empezó a decir. Tenía las mejillas sonrosadas pese al poco tiempo que llevaba fuera y el flequillo revuelto por el aire-. Pensaba que iba a dormirme en el viaje, pero al final ha resultado inolvidable. Oh, ¿quién eres?
Miraba hacia Hope con una sonrisa amable y los ojos abiertos como platos, resaltados por una capa gruesa de rímel. Hope la miraba sin saber bien qué decir.
-Es mi mujer -anunció Ran, un tono neutro pero que sonó fuerte por la cercanía.
Su rostro pareció crisparse durante unos segundos, solo para ser sustituido por una sonrisa aún más grande y perfecta con sus dientes bien alineados.
-Oh, entonces usted es la señora Haitani -hizo una reverencia sobre la cintura perfecta, como cabría esperarse. Hope la miró con cierta consternación, pero asintió.
Aunque no estaba del todo claro, lo dijo bastante confiada. Habían acordado que en lo público seguiría teniendo el apellido de su familia, solo por tener algo que le perteneciera aunque no fuera de su agrado seguir apellidándose Wägner, y no adquirir el de su marido siguiendo la tradición.
-Mi esposa y yo vamos a quedarnos en la residencia de la familia durante las vacaciones. Usted -la miró, y ella saltó cuando sintió sus profundos ojos amatista sobre ella- podrá entrar cada vez que sea necesario para hablar del trabajo que los demás vayan necesitando. Ya sabe cómo actuar.
-Por supuesto, señor Haitani, es un honor.
Pero Ran no la escuchó. La mano en la espalda descendió hacia su cintura y le dio un suave impulso para que empezase a caminar. Hope le dio una última mirada a la mujer antes de cruzar el umbral del recinto familiar.
El jardín la sorprendió la igual que la residencia por fuera. Aunque todo estaba cubierto de nieve, se notaba que en verano y con el calor era un lugar perfecto para que los niños incapaces de estar quietos en un sitio corrieran y jugaran. Un camino de piedra despejado que llevaba al porche exterior sujeto por gruesos pilares de madera también pulida y cubierta en la base por una placa de metal para evitar accidentes. Escaleras que llevaban hacia él, con un centro de naturaleza que alguien tendría que haber cuidado cuando la casa se quedaba vacía. Había un pequeño agujero con agua a la derecha, con una de esas construcciones de bambú y piedras que sonaba cada vez que se llenaba de agua; ahora, estaba vacío y el pico del bambú se apoyaba contra la piedra inmóvil.
El acceso a la vivienda era una doble puerta con cristales octogonales decorando su superficie, bastante moderna y probablemente cercana al modernismo europeo en peculiaridad.
-¿Te gusta?
-Parece...relajante. En mi pueblo a penas estaba tan cuidado, solo lo necesario.
-Hice una reforma cuando vine por última vez. Estaba tan descuidada que algunas partes ya no tenían sentido, y las quite. El interior sigue igual.
Seguía teniendo el sabor amargo por la presencia de aquella mujer y sus miradas, en vez del dulce chocolate y pausada tranquilidad del viaje. Fue como si todo el estrés que llevase juntando esa semana se estuviera despertando poco a poco, y estuviera llegando a la mitad del camino.
-Es agradable saberlo -dijo simplemente, mirando la fachada y examinándola. Podría ser la inspiración occidental de una vivienda, aunque desconocía si Ran hubiera estado en Europa. La manta, que se había puesto alrededor del cuerpo para tapar cualquier rastro de sangre de ajenos curiosos que pudieran verla una vez fuera, se balanceó cuando empezó a caminar hacia el porche-. Estaré dentro. Me gustaría verla.
Dejó a Ran donde estaba y se metió de lleno en la boca del lobo. La madera de las escaleras crujió con su esposo mientras ascendía al porche. A diferencia del exterior, que podría tacharse de modernista y dedicado a una vida diferente, el interior era todo lo contrario.
Para empezar, la entrada estaba sujetada por dos columnas de madera y piedra a juego con las paredes que recordaban a la construcción clásica de viviendas y tenía el hueco tradicional para los zapatos. El techo era amplio, muy alto y con tablas de madera que soportaban el tejado allá donde la fachada quería crear una imagen de mayor amplitud. La sala de delante estaba decorada con toda clase de mobiliario elegante para cargar el espacio que no se iba a utilizar. Gruesos muros de piedra que separaban estancias de otras, decorados con cuadros familiares (uno de ellos mostraba una familia de cuatro individuos posando para una foto vestidos de blanco) o bien que podrían haber salido de una galería de arte estadounidense, y también de la mayor galería de arte asiática, tal vez. Debajo de uno, un jarrón de alguna antigua dinastía soportaba unas varas de madera con flores de plástico en las puntas. Hope se acercó y las tocó, solo para seguir caminando y hacerse con conocimiento de dónde estaba solo.
En el este había una cocina pequeña pero con buenas vistas a las montañas y, al parecer, lo que podría ser un lago congelado por el que algunas personas pasaban en su paseo diario. Curioso. Conectaba con una sala de bebidas, especial para adultos que esperaban pasar sus vacaciones allí disfrutando de la buena vida, y un salón de doble altura al que se accedía por escaleras de tres-cuatro escalones de aspecto subterráneo pero bien comunicado. Lo único destacable era el minimalismo, chimenea y la enorme pantalla.
En el área oeste, lo contrario. Un baño amplio y para las visitas, una amplia biblioteca con su mesa para las investigaciones y un ordenador que bien podría ser antiguo y un área parecida al hueco de la entrada por las columnas con grandes ventanales que daban al jardín delantero, con un sofá y una mesita auxiliar plagada de revistas de moda y decoración puestas en pilas. Se preguntó si la antigua señora Haitani disfrutaría de esas vistas y momentos mientras sus hijos se daban como el perro y el gato, o si el padre de Ran disfrutaba de un buen vaso de sake en la biblioteca.
«-Mi casa no era así -pensó para sí misma-. Esto parece un palacio». Quizás lo fuera, la residencia de alguna antigua familia noble que tuvo que venderla llegada la actualización de las jerarquías durante y después de la Segunda Guerra Mundial.
Subió a la segunda planta aún cautivada e hipnotizada por aquel lugar. Parecía el sueño de cualquier decorador de interiores y arquitecto con perspectivas de futuro. Le sorprendió ver el cambio rústico en las paredes a uno más simple y urbanizado en la segunda planta, con suelos de madera y zonas de piedra, pero mayoritariamente paredes de blanco con cuadros familiares e íntimos que ninguna persona pondría a vista de todos. Mientras que los de abajo era formales, adecuados a la vista de cualquier extraño, los de arriba mostraban la segunda cara. Rostros infantiles divirtiéndose, momentos únicos pero sin excederse. Se preguntó si esa cara de la familia era real o alguna imagen cogida de internet para recordar lo que la formalidad no podía ser; en su casa, era normal hacer eso. La única foto que tenían era una formal, con rostros serios de acuerdo a la rectitud que debían seguir, y era una estupidez de retrato familiar.
Había un total de seis puertas. Dos de ellas eran dos dormitorios de invitados, con sus baños propios; las otras un baño más pequeño con una curiosa cortina de peces en la bañera y tres dormitorios más. En dos de ellos no entró, pero le pareció curioso no hacerlo simplemente porque dos «R» marcasen cada puerta, una púrpura y otra azul. Tal vez le pareció algo demasiado íntimo como entrar en una casa que realmente no era suya, no a su nombre y no en derecho, y ponerse a investigar todo. Esas habitaciones podrían ser una excepción, algo que podría pasar por alto y tener en cuanta para más tarde pero sin invadir su espacio. Es por eso, que en vez de pararse en ellas, Hope pasó a la última habitación al final del pasillo y que dejaba de tener cuadros de llamativos colores a tener vacíos en las paredes.
El dormitorio principal era igual al del ático, con la diferencia de que en vez de cortinas de tela, eran mamparas, también de tela, que llegaban a tapar por completo la luz cuando amanecía. Casi que lo agradeció. Algo le decía que cuando saliese el sol por las mañana, con ese cielo despejado, la nieve reflejaría en su contra y molestaría a cualquiera. La cama estaba en el entro, también, con una alfombra y unas mesitas de madera...y una escalera que llevaba a otro sitio. Las subió con cuidado, teniendo en cuenta que aún podía resbalarse con la nieve en sus deportivas, solo para descubrir que llevaban a un despacho en alto con un ventanal al lado. Estanterías hasta el techo que cubrían las paredes de enfrente, y otra escalera por la que bajar. Aquello ya empezaba a complicarse. Parecía un laberinto. Y llevaba a las escaleras que había visto antes al subir, como un segundo acceso.
Recordaba haber visto un baño personal en la habitación, así que bajó las escaleras de nuevo hacia el cuarto principal. Se fue quitando los zapatos y los tiró en cualquier lado del cuarto, dejando la manta sobre un lado de la cama antes de cruzar el arco de la puerta y examinar lo que tenía delante. Un amplio baño, todo cubierto de marco blanco, con una enorme bañera pegada a la ventana, cuyas vistas eran extraordinarias a las montañas nevadas y a un pueblo con casas de maderas que dejaban rastros de humo en el aire por las activas chimeneas. También tenía una ducha, con una mampara transparente y fija que llevaba a un gran trozo de espacio con azulejos negros y un desagüe bajo el control. El resto del baño, estaba bien y lujoso al igual que los lujos del resto de la casa.
Sin pensarlo fue directa a la ducha. Había tantos botones para una simple ducha que resultaba complejo entender el por qué las tecnologías tenían que comprender el entorno de los humanos y facilitarles la vida. Sonaba ridículo pensando algo como eso mientras su vida estaba lleno de eso, pero también curioso. Era como el humano hubiera evolucionado tanto que necesitaba ser servido por sus propias creaciones. Hope gimió del placer al primer contacto contacto. Las gotas le golpearon el rostro, como una lluvia de rocío sobre sus mejillas, sus ojos cerrados, una sensual caricia que la hizo estremecerse al primer susurro sobre su piel. El agua filtrándose por su ropa, cargando la melena oscura que caía sobre sus espaldas y que notaba sucia y pesada.
Se frotó las manos con fuerza, viendo cómo la sangre seca se marchaba con el agua por el desagüe. El sentimiento de sentirse limpia apareció, de quitarse los restos de la razón por la que había acabado en aquella casa de una vez. El baño no tardó en llenarse de vapor y los pelos más finos de su cabellera en rizarse. En medio de todo eso se le escapó una risa, tonta y sin sentido, acompañada de lágrimas que tardaron en desaparecer seguidas del agua. Pero la sensación se quedó ahí. El querer llorar de nuevo, hasta que los ojos le ardieran de sequedaz y la tensión que llevaba sobre los hombros desapareciera.
Sentir la libertad en sus manos, de poder hacer lo que quisiera, de no tener que hacer siempre lo que la gente le ordenaba... Todo parecía un sueño. Lejos de aquella ciudad y el estrés, la universidad y los dichosos trabajos con los profesores que parecían empeñados en suspenderla. De todo.
Entonces se dio cuenta de que no estaba sola.
Una vez había pensado que los ojos de Ran eran dos témpanos de hielo, orgullosos y capaces de destruir vidas. Fue antes de casarse, en la capilla, mientras esperaba a que trajeran los anillos. No la miraba a ella, pero sí a todo lo demás, como si le resultase difícil de creer lo que estaba haciendo. En su momento, pensó que estaba siendo ridículo porque fue él quien le propuso matrimonio a ella en vez de a su hermana, y la dejó decidir a la espera de un sí -al parecer, su hermana no le parecía nada llamativa y le resultaba aburrida-, y quien había agarrado sus manos mientras el cura anunciaba la unión.
En el intercambio de votos, su voz fue diferente a lo que su mirada decía, pero Hope tuvo la sensación de que lo estaba pasando realmente mal con tanta gente. Cuando el cura anunció el beso, ella se propuso facilitarle las cosas: apartando el rostro con disimulo.
Ante otra persona, podría haberle costado una paliza de su padre o de su marido. Pero a Ran no pareció importarle cuando sus ojos se volvieron hacia la gente de la iglesia antes de que Hope pudiera ver su reacción. Pudo sentir la calidez del beso en la mejilla, pesado, durante todo el día. En las fotos familiares, su madrastra se encargó de pellizcarle la grasa que según ella tenía de más para enderezarla y espabilarla, pero no lo repitió cuando el brazo de Ran se posó sobre su cintura; simplemente se dignó a dirigirle miradas feroces que, para su sorpresa. .
Cada vez que esos dos ojos la miraban, se sentía como una niña pequeña siendo regañada. Algo mejor que la mirada juzgante que siempre recibía a la mínima que hacía algo, o que respiraba; o que vivía, en general. Ahí estaba él, haciendo lo que mejor se le daba desde el umbral de la puerta del baño y con una bolsa de lona negra colgando de un brazo. ¿De dónde la había sacado? Lo único que se habían llevado eran unos abrigos y nada más, aunque conociéndolo, podría haber ordenado que cogieran más cosas y se las llevaran con las prisas.
Ahora que se fijaba, se había cambiado la camisa en algún momento pero las manchas de sangre seguían ahí y los pantalones eran los mismos. Iba descalzo, pero estaba segura de que en la entrada estarían los mocasiones de cuero marrón que coleccionaba. Su mirada... Su mirada no era fría, todo lo contrario. Sin hielo de por medio, y con un cierto brillo que también podría deberse a la iluminación que envolvía toda la casa.
Hope extendió la mano a modo de llamada silenciosa. Las cejas de él se levantaron con sorpresa, como si no se lo esperara. Tal vez tuviera razón en eso. En dos años, no había mostrado el interés que tal vez hubiese necesitado por él. Lo ocurrido en el ascensor bien podría haber sido un error, pero estaba segura de que no era esos instintos bajos a los que siempre recurrían las protagonistas de series o películas cuando cometían un error. Pronto descubrió que sus órdenes sobre él eran absolutas en cuanto a lo que respectaba una ducha. Las pisadas a penas sonaron contra las baldosas al avanzar. Los calcetines de Hope chapotearon en el suelo empapado pero fue camuflado por la lluvia de la ducha.
Interrumpió el hilo de pensamiento cuando Ran tendió la mano hacia ella y le retiró un mechón más corto que otros, probablemente del flequillo ya lejos de ser clasificado como uno, desde fuera de la ducha, y se lo retiró de la mejilla. Hope dejó que lo hiciera, siguiendo el avance de sus dedos a través del hueco de su cuello hasta la mitad de este. Su corazón se aceleró. Se quedó ahí un buen rato, prestándole atención con movimientos de pulgar sobre la zona y luego sobre la contraria. En algún momento, le hizo mover el cuello para examinarla. La molestia de las gotas que discurrían por su rostro le complicaron ver su expresión. Sentirse indefensa no era lo suyo, pero por una vez, lo permitió.
Repitió el proceso unas tres veces en total y, a la última, no se tensó cuando Hope fue a acariciarle la mejilla con la mano empapada. No se estremeció ni la alejó como las veces que ella había hecho con él pidiendo espacio... Uno que él, a su manera, le había concedido. Con su permiso, arrastró los dedos por su mandíbula y bajó hacia su cuello, donde la sombra oscura de un tatuaje le llamó la atención. Líneas muy parecidas a las que adornaban su antebrazo izquierdo y los músculos que ahora se contraían a su toque.
Su dedo siguió el camino de curvas, tanto por músculos que ocultaba por debajo de la camisa como de la tinta negra, hacia su clavícula. Se detuvo ahí para que no volviera a alejarse, sintiendo la tensión bajo ellos. Hope alzó la mirada para comprobar si estaba bien, la respiración nerviosa.
Sin embargo, se inclinó hacia delante y lo besó suavemente en los labios. Le sorprendió ver que no se separaba de ella, sino al revés. La diferencia de altura volvía a ser un problema en ese momento, pero no había problema mientras pudiera ponerse de puntillas y llegara. Por la parte de Ran, sus ojos no la miraban como antes, sino que estaban clavados al frente. No la miraba. No la estaba mirando a ella, sino a otra cosa. El pecho de Hope se movió. No fue doloroso, pero sí incómodo. Hubiera sido mejor un rechazo. Al no saber cómo sentirse por eso, decidió tomar el camino rápido y ceder a la opción más viable.
Irse.
-Dejaré que te duches -anunció en voz baja, la mano sobre el pecho de Ran y cayendo a su costado.
-Espera...
Hope no se movió. No supo por qué, pero no lo hizo.
Él estiró el brazo de la misma zona que había acariciado y la envolvió en él por los hombros. Hope se vio entre un brazo fuerte y tenso que la sujetaba, pero que le parecía lo más cercano a una caricia, y un pecho aún más. Repitió el proceso de antes de acariciarle la mejilla, aunque esa vez en una postura más complicada.
Ahí se quedaron un rato, sin hablar, con la ducha encendida cayendo a espaldas de ella y empapando el brazo de él. Aunque ya debía de estar empapado por la propia Hope, no se estremeció por el contacto ni la apartó. Se quedó con ella.
No era de las personas que daban abrazos, pero tal vez pudiera hacer un esfuerzo. Solo esta vez. Solo...con él.
Ran Haitani no parecía mala persona con ella a solas ahí.
El resto del día se lo pasó investigando los secretos de la casa rural. Acabó duchándose sola cuando Ran se marchó, y él fue detrás de ella. El sonido de la ducha sonaba.
La bolsa de lana que Ran dejó sobre la cama antes de meterse en el baño la llamaba demasiado. Quizás porque una parte de ella aún desconfiaba de los asuntos que pudiera traerse entre manos. Y porque, realmente, estaba en su derecho (¿no?) de cotillear algo que había dejado a la vista de todos. Si estuviera en lo alto del despacho, que tuviera que subir escaleras, no lo habría mirado. Asegurándose de que Ran estaba concentrado en el baño y que tenía todo bajo control, Hope se acercó descalza a la cama. Gotitas de agua salpicaron la colcha limpia, pero poco le importo cuando tuvo a mano la bolsa de deporte. Era negra y parecía tener muchas cosas dentro, puesto que cuando se la puso sobre las rodillas pronto empezó a pesar. Hope la abrió.
Y la emoción cayó en burla cuando vio el contenido. Ropa. Eso es lo que había dentro. Casi se decepcionó por ver desde camisas blancas hasta alguna que otra sudadera bien doblada, calzoncillos hasta la ropa interior que Hope tenía guardada en los cajones del armario. Era su ropa. Así que alguien sí que había ido a recoger lo necesario al ático; por órdenes de Ran, supuso. Se sintió de repente muy ridícula por haber sospechado. La suficiente como para poder sobrevivir una semana entre lavado y secado.
Se puso una de las sudaderas y pantalones ajustados de deporte, acompañado de unos calcetines y ropa interior limpia por debajo. La casa estaba caliente, así que ponerse algo más sería un desperdicio y una tontería. Miró la ropa sucia tirada en el suelo y por un momento se planteó quemarla, puesto que dudaba volver a ponérsela para no evocar el recuerdo que traían consigo. Cuando la ducha dejó de sonar en el baño, Hope se levantó de un salto y salió de la habitación para dejar algo de intimidad.
La casa estaba en un curioso silencio. Toda ella. Solo se escuchaban los ruidos del exterior, que de por sí eran pocos, e iban acompañados de algún fenómenos meteorológico. Desde su habitación había visto la suave capa de nieve que empezaba a crecer debido al clima, y cómo se iba agrandando a medida que nevaba. Aún no era un problema, pero algo le decía que Osaka apenas le estaba demostrando lo que era una buena nevada. La chimenea del salón estaba encendida cuando pasó, así que alguien la habría encendido. En la cocina no había nadie, así que no tendrían cocinero contratado. «Claro, porque nunca hay nadie en la casa», se fijó. Lo que sí estaba era la bolsa de comida rápida. Hope se convenció de que eso era mejor por ahora que morir en el intento de hacer la comida a estas alturas.
-Vamos a tener que buscarnos la vida, eh -murmuró empezando a rebuscar-. Bueno, por lo menos están ricas.
Se cogió otra chocolatina y la mordió. También de chocolate con avellanas. En ese momento de éxtasis gastronómico, recordó que su teléfono estaba apagado y que ahora dependía de él para todo. Si había salido de la ciudad, lo de ir a la universidad se iba a complicar un poco. Y lo de avanzar con el trabajo final también, y los trabajos, y los apuntes que obviamente estaban en el mismo sitio donde los había dejado al regresar el día anterior. Todo lo que necesitase esos días, iba a ser a través de su pequeño móvil. Pensó en el viejo ordenador alojado en la biblioteca, y si sería capaz de conectarse a internet. O al menos encenderse.
Varios mensajes aparecieron en la pantalla de bloqueo. Dos de Jushua por privado, seis por el grupo con Joshua, Yuta y Anabella, y tres de Anabella preguntándola dónde había comprado los pantalones de la última vez porque tenían ese estilo chic que a ella le gustaba. Hope intentó responder a todos; a Anabella le dijo que se los habían regalado. Le hubiera gustado ver su reacción al enterarse que con o sin rebajas, los pantalones iban a costar un riñón. Era de las pocas prendas cara que se ponía y le gustaban. Una alerta en el calendario recordándole tomar la pastilla y la entrega de un boceto para un futuro trabajo que ya había hecho hacía muchos días. El restode la agenda estaba vacía, así que se libraba de trabajas por una semana.
Le resultó extraño, mientras caminaba por la casa en busca de algo que la entretuviera, comiendo esa chocolatina, no escuchar los pasos de Hayakawa ni verlo aparecer de repente por una puerta. Un calor se instaló en su pecho y se extendió como un escalofrío a lo largo de su cuerpo recordando. Pensó en cómo había sido tan tonta como para no darse cuenta de que quien no estaba con ella horas atrás no era su guardaespaldas de confianza, sino un extraño que le habría hecho cualquier cosa. Ran había dicho que podría pertenecer a otra organización, así que se destacaba la presunta inocencia en el caso de haberla. Tenía que ser alguien contrario al trabajo de Ran y...lo que fuese que hicieran en él. Estaba segura de que si le preguntaba volverían a discutir o a quedarse en ese silencio incómodo que no beneficiaba a ninguno. ¿Qué tan importante era el silencio en ese caso que no podía decirlo? ¿De verdad su vida correría peligro si se veía rodeada por eso?
Pensó en el hermano de Ran. ¿Él también estaría envuelto? Cada vez que hablaba de él sus ojos se iluminaban y se notaba la diferencia de hablar de cualquier cosa a él. Tenía que quererlo mucho como para haber recibido palizas por él de pequeño, y aún así hablar de él con tanto cariño. Observó algunos de los cuadros familiares que estaban por la casa por curiosidad. Y porque quería comprender parte de la infancia de Ran y su trayectoria a través de las imágenes del pasado.
Las de la planta de abajo eran demasiado formales y demasiado escépticas como para poder ver alguna señal transparente de emociones. En todas salían vestidas de blanco, o de algún color a juego que no resaltase demasiado. Tenían la misma posee; los padres detrás, pegados y mirando al frente, y los dos niños, uno más alto que el otro (Ran y su hermano, imaginó con la información que tenía), también mirando al frente. Lo que sí podría decirse era la enorme diferencia de rasgos que tenían entre ellos. Mientras que el padre era alto, delgado y tenía el pelo negro, tanto la madre como los niños eran rubios; los ojos amatista lo compartían padre e hijos. Era como un tira y afloja de genes. Ran parecía haber heredado los rasgos faciales de su madre y la altura de su padre, mientras que el niño rubio con gafas de pasta al contrario.
El parecido era indudable. Tenían que ser hermanos biológicos, no como su hermana y ella. Los de la segunda planta ya se volvían retratos más familiares. Por alguna razón, dejaban de lado la presencia de sus padres y se centraban en el pasado de los dos hijos. ¿Soberbia, quizás? ¿Algún asunto sin resolver a día de hoy? En todas, Ran aparecía con el pelo largo y rubio, con algún prendedor que le sujetase unos mechones rebeldes a la cabeza en vez de caerle al rostro. Pero eso parecía darle igual si en todas las fotos acababa con su hermano en brazos o tirándolo al suelo. En una, parecía que lo había hecho de rabiar al tirarlo a un charco y sin evitarlo haber estallado de la risa; su hermano, llorando, y él, al borde de la risa.
-Se llama Rindou -anunció una voz a sus espaldas.
Hope pegó un bote en el sitio de tal magnitud que casi se le cayó el marco de las manos. Se giró en cuestión de segundos pegándoselo al pecho en una actitud protectora.
-Ahí tenía seis años y yo siete -señaló la imagen-. Solo le saco un año, pero parecen más por lo diferentes que somos.
Siguió con la mirada al cuadro que señalaba. Era uno donde estaban con el uniforme escolar; pantalones a cuadros cortos, camisa planchada y tirantes. Ya sabían para lo que se estaban preparando esos niños.
-¿De verdad lo he conocido?
-Los años cambian y estas fotos no son un ejemplo para buscarle -se fue a reír. Estiró la mano para coger el cuadro que tenía en la mano y volver a colocarlo sobre la cómoda. Lo hizo-. Juro que fue él quien se tropezó.
-Seguro que sí.
-Es muy torpe -insistió-. Y, sin embargo, siempre ha sido más flexible que yo. Supongo que es porque he sido un vago toda mi vida.
Las cejas de Hope se subieron por sorpresa.
La amatista de sus ojos se posaron sobre ella con suavidad. Al ponerse a su lado, la mayoría de cuadros quedaban por debajo de lo que él medía. Llevaba una camiseta de manga corta y un pantalón de deporte ancho. Como ella, iba descalza.
-Fue a clases de gimnasia de pequeño y en su momento podía abrirse de piernas sin calentar. Yo, por el contrario, me encargaba de otras cosas -explicó. Y por alguna razón, le dio la sensación de que estaba hablando de algo más que un simple hábito o clases extraescolares.
Posó el retrato donde estaba, sobre la cómoda y rodeado de otras fotos y un jarrón con flores de plástico. Orquídeas. Unas flores demasiado hermosas para ser arrancadas y puestas en un simple jarrón. Las recordaba de haber visto muchas veces en la cocina; «son las mejores que estuvo enviando hace poco, las que están aún en la cocina», pensó.
-Yo...iba a ballet. Me rompí algunos dedos mientras lo practicaba, pero también me gustó. Con el tiempo.
-Ahora parezco un vago al lado de vosotros -reflexionó frotándose el pelo húmedo, soltando algunas gotitas allá donde parasen al caer-. Un atleta y una bailarina. Quizá debería dedicarme a la música en vez de a los negocios.
Le fue difícil imaginarse la escena, pero aún así lo intentó. Una sonrisa empezó a asomar de sus labios, traicionándola. Le miró de reojo, esbozando esa pequeña sonrisa, un tanto arrogante pero con una pizca de sinceridad.
-No, por favor.
-¿Por qué? Soy bueno con las manos.
La miró a los ojos. Seriedad. Mierda. «Mierda», pensó en respuesta. Lo decía enserio. Hope no pudo reprimir la carcajada. La situación ya era surrealista, como para añadir era risa. Sin embargo, cuando levantó la cabeza, vio una perezosa sonrisa en los labios de su esposo. El estómago se le revolvió nervioso.
-A ti también te tengo -soltó-. En una foto. No la de la boda. Una normal. Me la envió tu padre cuando ofreció el matrimonio.
Volvió a repasar con la mirada la cómoda. Estaba mintiéndole. Hope casi hizo un puchero. La situación la abrumó, pero no tenía tiempo para discutirlo.
-No seas mentiroso. Lo estábamos pasando bien por una vez, y acabas de arruinarlo con ese comentario.
Ran sacudió la cabeza.
Se peinó descuidadamente mientras tarareaba una respuesta. Sus ojos perezosos la miraban desde su imponente altura, haciéndola parecer una niña.
#ran haitani bonten#ran haitani#ran haitani x you#tokyo revengers ran haitani#ran haitani x reader#tokyo revengers
16 notes
·
View notes
Text

| and all at once, you are the one
— player! yuki ishikawa × OC
— gênero: fluff, sugestivo, um pouco de angst
— conteúdo/avisos: galerinha menor de 16 anos, vamos passando por favor! Os diálogos que estão em itálico são em inglês.
— word count: 7,5K
— nota da autora: pense numa luta de escrever algo sobre esse homem. Um baú pela fé! Mas acredito eu que tenha ficado bom e condizente com o que vejo da personalidade dele!
Yuki P.O.V
Um barulho estridente entra pelos meus ouvidos, e mal preciso raciocinar pra saber que é o despertador me avisando que era hora de levantar. Não tive dificuldades de sair da cama, já que consegui dormir bem. Bom, melhor que esses últimos dias com certeza. Ohei no relógio e marcava 7:30hs e resolvi dar início ao meu dia, já que teria jogo hoje. Abri as cortinas e dei de cara com o dia limpo, brilhante e fresco, logo no começo do dia, o que muito me impressiona, já que essa última semana foram apenas dias nublados e escuros, às vezes chuvosos. E sentia que isso inconscientemente afetava o meu humor.
Os rapazes do time, que mesmo novos no meu ciclo de vida, conseguiam perceber, e Loser falava muito sobre isso pra mim. Como eu parecia abatido, mas não tinha um significado real para isso, mesmo que eu sentisse que tinha algo faltando. Então, resolvi por a culpa nos dias cinzentos. Pode ter sido também o cansaço, ter que me readaptar em um clube novo, num lugar novo na Itália e com as mudanças no meu corpo de novo. Mas nada que impedisse de seguir a minha vida, e foi isso que me propus à fazer. Entrei no chuveiro para lavar rapidamente o corpo, já que iria suar de toda forma no treino e no jogo do fim de tarde de hoje, não perdi muito tempo com isso. Fui fazer a minha comida de sempre para tomar meu café da manhã e pegar meu carro para ir em direção ao centro de treinamento e ginásio do Perugia.
As ruas dessa comuna da Itália são pacíficas. Catedrais bonitas e grandes, cheias de detalhes. A capital da Úmbria parecia sair de um filme, e hoje em específico ela estava florescendo. O clima realmente estava muito agradável, me sentia bem só de olhar os lugares. Estacionei em uma vaga escondida que tinha por dentro, e fui pegar minhas roupas e equipamentos no porta malas do carro. Antes de entrar para a parte que da no vestiário, meu telefone toca com o nome de Ran brilhando na tela. Sorri largo antes de atender.
"Oi carinha! Quanto tempo, quais são as novidades?" enquanto falava com ele pelo celular, cumprimentei todo mundo que estava presente no vestiário e já fui pro meu espaço para colocar a roupa do treino muscular.
"Oi Yuki! Por aqui tá tudo bem, e com você ai?"
"Por aqui tudo na paz!"
"Que ótimo! Bom e de novidades eu tenho algumas sim... Inclusive, você já está no centro do Perugia?"
"Sim, porque?"
"Porque, Melissa veio me encontrar no Japão, e nós vamos para a Itália, inclusive já estamos aqui, e resolvemos assistir o jogo do Perugia. Estamos nós dois e algumas amigas dela. Vieram fazer uma viagem de garotas pela Europa."
"Você tá falando sério? Vocês estão aqui?" minha felicidade era tão genuína que mal percebi que tinha colocado a camisa ao contrário enquanto falava com ele no viva-voz.
"Estamos sim senhor! Melissa tá com saudade de você também, assim como eu. Depois do jogo a gente pode sair pra comer ou algo assim, afinal de contas as meninas estão conosco também."
"Elas foram pro Japão com Melissa? Pra conhecer você?" coloquei fones conectado no celular pra poder continuar falando com Takahashi e não incomodar ninguém, enquanto seguia para a academia.
"Não, elas estão em Roma à alguns dias, Melissa veio sozinha pro Japão, fazer uma surpresa pra mim e voamos juntos para a Itália, e falei com Loser e ele conseguiu ingresso para nós três."
"Três? Eu achei que tinha mais gente." me senti confuso com o número.
"E tem, é Melissa e mais três amigas, mas duas delas resolveram sair para aproveitar Roma pela noite, e apenas ela e sua outra amiga vão para o jogo."
"Então tudo bem, eu vou pedir pra deixarem a entrada de vocês três reservada para área VIP, vai ser melhor da gente se encontrar quando acabar o jogo, e assim que tiver chegando me manda uma mensagem."
"Pode deixar capitão, até mais tarde!" sua voz tinha um fundo de sorriso, e me fez sorrir também.
"Até mais tarde garoto." desliguei a chamada com um sorriso enorme no rosto. Ran fazia falta, seria bom rever ele, e também sua namorada.
Com os fones já conectados, coloquei uma playlist aleatória pra tocar enquanto seguia com os exercícios, tinha muito o que fazer. Perto de 12hs o almoço estava liberado no refeitório e o time todo foi comer. Sentei na mesa com Loser e mais outros jogadores, enquanto pegava algo leve mas proteico para comer. Ficamos lá por vários minutos conversando sobre o jogo da tarde de hoje, e assim que terminamos de comer, fui falar com o supervisor do ginásio para informar da chegada de Ran, e logo em seguida, segui o resto do time para a quadra onde iniciariámos o último treino antes da partida.
* - - ⓨ - - *
Estava se ajeitando os últimos toques para o jogo ter início. Todo mundo estava trocado e se alongando um pouco no vestiário. Jogaremos contra o Padova hoje, um time repleto de atletas excepcionais, mas não importa como fosse, nosso time tem toda capacidade de ganhar. Ao entrar na quadra para começarmos à aquecer, já estava quase cheia as arquibancadas. Me posicionei, depois de cumprimentar alguns fãs, - os quais sou sempre muito grato pelo apoio, - para começar a me alongar. Enquanto fazia isso, tentava procurar Ran com os olhos ao redor do ginásio. Ele havia me mandando mensagem à pouco mais de 20 minutos dizendo que estava perto do ginásio já. Ao que parece, ele percebeu que eu estava à sua procura e levantou o braço na área VIP pra acenar pra mim, e Melissa fez o mesmo. Retribui com um sorriso.
Assim que ele acenou pra mim, olhei um pouco pro lado e vi a moça que estava junto deles, acredito ser a amiga de Melissa que ele falou, mas no momento, ela era apenas um imã para meus olhos. Por não ter contato comigo, ou parecer apenas impressionada pelo nosso ginásio, não participou das saudações, mesmo com um sorriso enorme no rosto o tempo todo. Nada disso me importou sendo sincero. Estava vidrado no rosto dela. Não parecia ser tão mais velha que Melissa, então tentei desfocar minha atenção um pouco, já que ela era pouco mais nova que Ran, e provavelmente ela era uma criança pra mim com meus 29 anos.
Ao me dar conta do meu pensamento, ri incrédulo comigo mesmo. Sou um pateta não é? Nem conheço a menina, já estou fazendo suposições porque achei ela bonita. Já fui melhor, sinceramente. Parecia que não via uma mulher à séculos (mesmo que faça realmente um tempinho desde a última vez que me relacionei com uma), estava agindo como um irracional, sem o menor cabimento. Voltei o meu foco para o que importava, o jogo. A rodada de aquecimento de ambos os times terminou, e o jogo enfim, tinha início.
Cada saque, cada recepção, cada ponto, era uma adrenalina fervente que passeava pelo meu corpo, uma corrente elétrica que me deixava acordado, hoje mais do que antes. Não foi uma partida fácil, 3x1 para nosso time mas ainda assim com placares passando de 25 pontos em todos os sets. Não podia negar que sentia certa falta do Milano, mas me entrosar assim com o pessoal do Perugia era incrível, e ter mais uma vitória contada pra gente, era mais do que incrível. Agradecemos ao público, tiramos algumas fotos e demos alguns autógrafos e o técnico fez uma pequena reunião antes de liberar a gente. Teríamos dois dias de folga por causa do jogo de hoje, mas a quadra de treinamento está sempre aberta pra todos. Por ter mais conhecimento e intimidade com Agus, e agora, morando no mesmo complexo que ele, sempre saímos juntos do ginásio. Mas como hoje Ran está por aqui, convidei ele pra vir jantar conosco, mas o mesmo recusou, dizendo que ia se encontrar com uma garota que conheceu em uma das suas caminhadas. Vi Takahashi se aproximar da gente e nos cumprimentar, e falei que só ia tomar um banho pra gente poder sair, ele concordou e ficou falando com Agus.
Resolvi não prestar atenção na moça que acompanhava o casal pra não perder o foco novamente, apenas segui em direção ao banheiro e tomei meu banho, completo e demorado dessa vez. Separei uma roupa versátil e leve pra vestir, uma que normalmente uso, sapatos e uma camisa branca, larga e uma calça jeans preta. Peguei uma jaqueta preta pra colocar por cima, pois imaginei que estivesse frio. Assim que estava terminando, Ran me avisou que estava me esperando no estacionamento. Coloquei meu perfume e arrumei minhas bolsas pra colocar no meu carro e fui encontrar eles. Ran tinha seu braço em volta de Melissa, enquanto o casal falava com a moça, e agora, não tinha mais como escapar.
Me aproximando mais conseguia perceber o quão bonita ela realmente era. Usava um vestido branco de lã, com uma bota comprida, a roupa toda desenhava bem seu corpo, que era muito bonito também. Tinha cabelos longos e ondulados que estavam presos pela metade, davam um ar jovial para ela. Parecia ser alta, pelo menos um pouco mais que Melissa. Meu companheiro de seleção percebeu minha aproximação e me cumprimentou de novo, assim como a namorada, que fazia bastante tempo que eu não via.
"Yuki! Ai quanto tempo! Como você está?"
"Oi pequenininha, estou bem! E vocês como estão?" ainda tinha seus braços envolvidos em mim enquanto nos falávamos.
"Estamos bem grandão. Olha, acho que o Ran já te informou sobre a situação, queria muito que minhas outras amigas tivessem vindo mas elas preferem badalar a vida, pelo menos consegui arrastar uma. Yuki, deixa eu te apresentar a que sobrou, essa é Helena. Helena, esse é nosso amigo, e parceiro de equipe do Ran, capitão do time japonês, Yuki Ishikawa." ela fez uma apresentação como se eu fosse a pessoa mais importante do país, ri um pouco da formalidade mas agradeci. Helena esticou sua mão pra mim, e eu prontamente peguei. Era quente. Delicada.
"Olá Helena, é um prazer conhecê-la." me prontifiquei em ser educado, e valeu à pena pelo sorriso que recebi.
"Olá Yuki, o prazer é todo meu. É uma honra finalmente te conhecer." tá, uau, okay. Sua voz parecia mel, e parecia derreter meus ouvidos e arrepiar meus pelos quando disse meu nome. Queria escutar de novo.
Combinamos de ir para um restaurante pequeno e local, onde a comida era muito boa. Fomos no meu carro, já que eles resolveram ficar em um local perto do ginásio para melhorar a locomoção. As moças foram atrás, ao que parece eram do mesmo país e amigas à algum tempo, desde que Melissa começou a trabalhar na FUNAI, as outras amigas eram primas de Helena, e irmãs gêmeas. Resolvemos ficar na parte aberta do restaurante, que era ventilado e bem iluminado, com uma decoração arborizada. Era um ambiente aconchegante e relaxante. Enquanto comíamos, os assuntos eram variados, e acabei descobrindo várias coisas sobre Helena nesse meio tempo. Ela resolveu fazer uma viagem com as amigas pra saber qual lugar iria condicionar o seu intercâmbio acadêmico de medicina veterinária. A moça de 24 anos (perto de fazer 25) disse que sempre foi apaixonada por animais e queria dedicar sua vida pra isso. Aparentemente tinha gostado da Itália, e não posso negar que me animei em ouvir isso. Ela gostaria, que se possível, fazer a faculdade e já começar a atuar na área aqui, estava tendo algumas aulas de italiano para facilitar o processo também.
"Bom, se a sua ideia é aprender italiano, o Yuki pode dar ótimas aulas, já que ele aprendeu praticamente sozinho o idioma e fala muito bem!" Ran falava com a cara mais limpa que eu já tinha visto. O rubor no meu rosto era aparente, e acredito que Helena tenha percebido, pois achou graça e riu fraco.
"Ele está exagerando, não é assim..." tentei desconversar.
"Bom, ao que parece você realmente fala bem o idioma, e eu estou aceitando qualquer tipo de ajuda! Então, se tiver como dar as aulas, eu aceito." eu não estava esperando por isso então fiquei meio sem graça, mas tinha amado a ideia com certeza. "Estou brincando, não vou ocupar seu tempo dessa forma."
"Ah não se preocupe, eu não iria me opor de qualquer forma." tentei ser o mais sutil possível, mas ela percebeu minhas intenções de alguma forma.
O decorrer do jantar, com a sobremesa, foi muito agradável. Como estava dirigindo e jogando também, não quis beber, só as meninas tomaram algumas taças de champagne, mas resolveram seguir a gente nas bebidas sem álcool. Deixamos o carro perto de uma rua, e resolvemos caminhar um pouco para espairecer o jantar. Melissa e Helena resolveram ficar atrás vendo todos os detalhes da cidadela, enquanto eu e Ran íamos na frente para falarmos e nos atualizarmos um do outro. Na época de clube eu sentia uma falta enorme dos meus companheiros de seleção, e depois das Olimpíadas de Paris com a nossa derrota, e alguns membros deixando a seleção, a gente apenas se uniu mais. Melissa chamou nossa atenção dizendo que pegaria um algodão doce pra ela, e nós resolvemos esperar. Helena ficou acompanhando a amiga, e tirei um tempo pra prestar atenção na garota. Ainda estava embasbacado com a beleza dela, me sentia sem jeito mesmo só olhando pra ela, e sendo sincero, queria tentar ficar à sós com ela, mas não sabia como iniciar.
"Que cara é essa Yuki?" Ran parecia ter percebido os mil pensamentos correndo na minha cabeça, e resolvi ser sincero.
"Ai cara, não sei. Eu me senti muito atraído por ela, mas não sei como agir. Faz muito tempo desde que me relacionei com alguma mulher pra ter algum tipo de conversa ou algo assim. Geralmente as que eu fico é só alguns beijos ou coisa do tipo. Não tenho muito tempo ou disposição, você sabe."
"Eu entendo Yuki, mas olha, pelo pouco que falei com Helena, ela é uma garota super incrível, não é difícil falar com ela ou fazer um assunto. Ela não parece se opor à ficar com você caso vocês conversem um pouco. Eu e Melissa podemos deixar vocês à sós um pouco. Mas eu sei que sua principal dúvida nisso tudo é pelo fato dela ser um pouco mais nova que você. Não é?" me senti surpreso em como eu não tinha falado nada sobre aquilo e ainda assim ele havia percebido.
"Eu entendi isso quando vi você se segurar em algumas coisas que você falava, tentando não soar muito assertivo ou coisa do tipo. Tentando não ser invasivo demais, andando em casca de ovos. Ela não se importa com isso Yuki, se deixa levar. Fica tranquilo, seja você. Caso não role nada, pelo menos você ganhou mais uma amiga." ambas se aproximaram de nós novamente e Ran me deu mais um toque antes de voltar pra sua namorada e me deixar à sós com Helena.
Andamos lado à lado por um tempo em silêncio, até que resolvi quebrar o gelo, levando em conta o que Ran tinha me dito, e que tinha certa razão. Não iria perder nada se não ficássemos juntos por um momento, mas eu tinha algo à ganhar, tendo alguma relação ou não com ela.
"O que você tá achando da cidade até agora? E da viagem também." deixei meu tom de voz ameno, pra não assustar ela e nem chamar atenção do casal.
"É de longe uma das cidades mais lindas que eu vi nessa viagem. É muito aconchegante, parece uma vila antiga bem estruturada. E as construções são belíssimas. Quero ver se tenho tempo de dar uma volta nas galerias e museus que tem aqui."
"Olha se quiser, eu posso te levar neles. Fazer um mini tour pela cidade talvez? Ran e Melissa iriam conosco." dei a ideia, mas não queria que fossem de verdade, fiz só pra deixar ela confortável.
"Além de professor em horas vagas, você também é guia turístico? Tá saindo melhor que a encomenda viu senhor Ishikawa..." ri um pouco do seu comentário.
"Bom, depois de morar tanto tempo na Itália a gente acaba desenvolvendo uma ou outra habilidade, mesmo que eu já seja velho pra isso." vi ela parar no caminho pelo canto do olho, e virei confuso pra ela. Melissa e Ran se afastavam de nós um pouco. "O que foi?"
"Você ai se chamando de velho. Tá maluco Yuki? Você ta na flor da idade, é super jovem, inclusive parece ser ainda mais jovem do que é. Sua idade não é um problema. E você não é nada de velho. Uma pessoa velha não faz metade do que vi você fazer em quadra hoje. Para com isso hein? Um homem lindo, elegante, determinado como você me dizendo que é velho. Cada uma." achei graça da sua indignação. Voltamos a caminhar.
"Bom, obrigada Helena. Mas é que eu realmente me sinto assim, tanto pelo meu modo de viver e por passar tanto tempo sozinho também. Em minha profissão eu não posso ir até meus 40, mesmo querendo se eu pudesse. Quero me estabelecer e construir uma vida com alguém, mas na minha idade não é tão fácil. Tenho quase 30 já." tentei fazer ela entender meu ponto de vista, mas ela parecia determinada em me fazer pensar o contrário. Agarrou meu pulso e me parou à sua frente. Nossos olhos ficaram quase da mesmo altura por conta de seu salto e à vendo tão de perto assim, quase perdi o fôlego.
"Nem começa. O modo como você vive não é culpa sua de forma alguma. É o jeito que você escolheu viver pra consegui se sair bem naquilo que você tanto ama fazer que é jogar. E olha, sinceramente, vendo você em quadra, e fora dela, me perdoe, mas pretendente não falta. Sei que pra construirmos uma família é bom que seja alguém ideal pra isso, pois é um passo grande que se dá na vida." cada palavra que saia de sua boca era verdade, e me senti hipnotizado pela forma como era firme em dizê-las.
"Você é um homem incrível Yuki, pelo pouco que conheci de você hoje. É íntegro e muito responsável. Super focado e muito resiliente, além é claro de ser muito bonito e atraente. Mas você precisa se soltar mais. Não dá pra pensar em ter uma pretendente sem ao menos tentar conhecer alguma, por mais corrida que sua vida seja, não precisa beber ou algo assim, só sair, conhecer pessoas novas. Tenho certeza que logo menos você vai ter tudo aquilo que deseja." quis beijá-la. Agarrar ela ali no meio da rua e consumir ela, até onde pudesse ir. Quis encher ela com meu gosto e ser invadido pelo seu. E infelizmente não consegui segurar, minha boca foi mais rápida que minha cabeça.
"No momento, o que estou desejando é você." vi ela se espantar com meu comentário, mas não pude me importar menos. Tinha meus olhos vidrados em sua boca, minhas mãos agindo por conta própria e querendo tocá-la. Ela olhou para os lados como se buscasse alguma coisa, e antes que pudesse pensar, suas mãos me puxaram pela nuca e nos beijamos.
Me senti fraquejar, perder a força das pernas e da mente. Uma nuvem se apossou dos meus pensamentos e nela só sentia o gosto do seu beijo. Por ser maior que ela, suaa mãos pareciam se perder no meu cabelo e ombros. Para me manter de pé, agarrei sua cintura, como se fosse a coisa responsável para me dar forças e me manter ali. Quis puxá-la pra mais perto, mas caso fosse possível ela se fundiria à mim, já que não havia espaço suficiente pra nós dois. Não ali, ou lugar algum. Com o fôlego cessando, ia diminuindo o ritmo frenético do beijo, enquanto ela acariciava minha nuca e os cabelos ali, e a outra fazia um carinho em meu peito. Nos separamos como se estivéssemos em êxtase, nossos corpos arrepiados e entregues. Me sentia flutuar, absorto da sensação de ter sua boca contra a minha, não sabia pensar em mais nada. Preciso beijá-la de novo.
"Acho que o casal foi embora, deixaram a gente aqui."
"Que bom, pelo menos não atrapalham a gente." ela me deu um tapa leve no peito, me repreendendo e ri. "Já que eles nos deixaram aqui, você gostaria de ir pra minha casa? É perto daqui. Podemos tomar alguma coisa, aproveitar o resto da noite." não sabia negar minhas intenções, não queria.
"Você sabe que é uma proposta tentadora? Como fui abandonada aqui na rua com um belo rapaz, acho que terei que aceitar." sua fala era baixa, sedutora e mordaz. Seus dedos passeavam pelo meu peito enquanto sua voz desenhava melodias no meu interior. Peguei sua mão e guiei ela pra onde o carro estava.
Parei em alguma loja de conveniência para comprar uma bebida leve para nós dois e alguns petiscos também. A ida até meu apartamento foi rápida, e chegando lá, vi uma mensagem de Ran.
"Eu e Melissa resolvemos continuar a caminhada à sós já que vocês pareciam estar se entendendo bem. Espero que tenha deixado de vergonha e feito algo! Aproveita a noite com ela, que eu vou aproveitar com a minha namorada. Até mais!"
Ri da sua mensagem mas mentalmente agradeci. Deixei o carro na minha vaga do estacionamento do prédio, cumprimentei o porteiro e subi com Helena para minha casa. Enquanto esperávamos o elevador subir, ficamos trocando algumas carícias, toques leves e olhares pesados. Se não tivesse tanta paciência já teria agarrado ela bem aqui, mas não queria ser desrespeitoso e resolvi esperar. O elevador chegou, algumas outras pessoas entraram também, falei com todas e nos posicionamos no fundo da caixa de metal. Provocava ela tocando em sua cintura, beijando sua têmpora, ajeitando seu cabelo, e sentia sua respiração pesar. Sorria satisfeito com o que causei.
O caminho até minha porta foi silencioso, deixei que ela entrasse primeiro no meu apartamento e acendi as luzes. Tirei meus sapatos e fechei a porta, enquanto percebi ela analisar cada cantinho da minha sala. Deixei ela olhando tudo enquanto colocava o que comprei na cozinha, e assim que voltei ela estava encostada na parte de trás do sofá, admirado algumas fotos que tinha na parede. Cheguei perto dela de forma sutil, peguei sua mão e depositei um beijo no dorso, fui subindo. Passei pela extensão do braço até chegar ao ombro, coloquei seu cabelo de lado e a mesma deixou o pescoço cair pro lado, me dando mais acesso à pele exposta. Seu corpo parecia pegar fogo ao meu toque, do mesmo jeito que eu me encontrava com o seu. Tinha um cheiro bom de lavanda espalhada por ela, e enquanto depositava beijos e algumas mordidas esporádicas na pele do pescoço, sua mão puxou minha camisa e fez ficar de frente pra si. Olhei pra ela por cima, querendo captar cada detalhe antes de me afundar no mel dos seus lábios.
Com ela escorada no sofá e eu pressionando o seu corpo pra perto do meu, deixamos nossas bocas comunicarem o desejo que compartilhavam entre si. Íamos acelerando, diminuindo, respirando e fazendo tudo de novo. Me sentia preso nas carícias dela, como se tivesse uma força gravitacional me colocando fora de órbita dos meus sentidos e da minha noção. Pedi pra ela sentar e escolher algo pra gente assistir enquanto pegava algumas coisas pra gente saborear e passar o tempo (além das nossas bocas). O vinho que comprei tinha uma porcentagem bem pequena de álcool, era quase um suco de uva natural, já que não costumo e nem posso beber muito. Nos servi e me sentei ao seu lado.
Com o passar do tempo enquanto íamos revezando entre ver o filme, beliscar algo, e nos beijar, resolvi tirar minha jaqueta, pois estava sentindo a temperatura esquentar, provavelmente pelo aquecedor. Depois que coloquei ela no cabide da sala e voltei pro sofá, senti o olhar de Helena me penetrar, analisando e reparando em cada detalhe que podia ser visto do meu corpo, e pela primeira vez na noite, fiquei tímido. Conseguia sentir minhas bochechas esquentarem ao ponto de saber que estavam vermelhas, e quase não consegui manter contato visual com ela.
"O que foi? Tudo bem?" tentei não parecer patético, não funcionou.
"Tudo ótimo... Melhor que nunca." sua resposta foi direta, e sem rodeios para achar outra coisa.
De repente me senti acanhado de estar próximo dela. Obviamente não à trouxe pro meu apartamento com intenção puramente sexuais, óbvio que se rolasse eu não iria me opor. Mas agora pensando nisso, e nela, e toda a situação que passa na minha mente, começo a ficar nervoso, e não acho que tenha sido discreto sobre isso, pois ela percebeu.
"O que foi gatinho? Você parece tenso." suas mãos alisavam meus braços e ficava em um conflito enorme entre perder a cabeça ou manter a compostura.
"Ah, não é nada, acredito que seja o cansaço do dia batendo no corpo agora. Só isso!" quis passar confiança no que dizia, e acredito que convenci ela.
"Ai nossa eu imagino. O jogo foi super puxado e você ainda veio acompanhar a gente depois, deve estar todo dolorido. Quer que eu te faça uma massagem?" me virei pra ela quando proferiu a frase e dei de cara com seus olhos brilhantes. Ia recusar, mas ela ofereceu de tão bom grado que não faz mal.
"Não quero que se incomde com isso... Mas eu adoraria." ela negou o incômodo com um sorriso fatal pra mim, e percebi. Deveria ter dito que não. Acabei de cavar minha cova.
Com um pedido de licença, ela se posicionou calmamente sob meu colo, ficando na metade da minhas coxas que estavam fechadas, com uma perna sua de cada lado. Enquanto prendia o cabelo em um rabo de cavalo alto e aquecia as mãos, tentava manter minha respiração controlada, assim como minhas mãos, que queriam voar pra cintura dela. Seu corpo depositava um leve peso sob mim e quis pegá-la no colo no mesmo instante que suas mãos foram pros meus ombros. Estavam quentes e escorregadias, mas eram firmes e habilidosas. Mesmo que não estivesse tão tenso assim, ela conseguiu relaxar meu corpo ainda mais, tanto que fiz tudo no automático.
Apoiando ela mais pra cima das minhas pernas, foi automático. Aplicando uma leve pressão com apertos em sua cintura macia, foi automático. Minha cabeça indo pra trás, meus olhos revirando, e um som quase que ridículo saindo pelo fundo da minha garganta, foi super automático. Infelizmente, a reação que tive quando senti ela beijar a extensão do meu pescoço também foi automática, mas não tive a intenção. Apenas acordei do meu devaneio e percebi o que estava acontecendo.
"Helena, calma. Desculpa. Eu acho que me precipitei um pouco. Me perdoa se toquei em você de alguma forma que-"
"Yuki, tá tudo bem. Se eu não quisesse que você tocasse em mim, eu teria afastado sua mão." ela tentava me certificar alisando meu peitoral e ombros ainda por cima da blusa, mas isso só fez tudo embaralhar mais minha cabeça.
"Sim, não. Quer dizer, não. Eu não sei se você se sentiria confortável comigo fazendo isso, e eu só fiz..." tentava colocar um pensamento coerente pra fora mas eles pareciam presos.
"Eu não estou desconfortável, com toda certeza. Eu ofereci a massagem porque vi você tenso. O que aconteceu durante ela não tem nada de errado, ou tem pra você?" inclinou a cabeça pro lado, confusa.
"Não, não é isso! É que, eu tive medo de você pensar algo errado ou algo assim, achar que eu estava me aproveitando de você!"
"Ishikawa, você pode ter certeza que de errado eu já pensei várias coisas e todas pareceram certas pra mim, e eu não negaria de ter você se aproveitando de mim. Se eu não parei, é porque eu quis, e porque eu vi que você reagiu bem com meus carinhos. Ou estou errada?" meu corpo ofegante e vermelho não me deixava nem mentir.
"Não, muito pelo contrário, é só que. Pensei ter passado do ponto agindo dessa forma quando você apenas me ofereceu uma massagem, mesmo que eu não reclame dos toques ou qualquer coisa. Mas... Bom, eu sou um pouco mais velho que você, você não está desconfortável com isso?" quando terminei de falar, pensei ver o rosto dela modificar.
Ela me analisava como se tivesse alguma resposta preciosa escondida em mim pra o mais difícil dos enigmas. Lentamente, suas mãos foram de encontro a barra da minha camisa. Gelei. Ela olhou pra mim como se pedisse permissão e eu cedi, não estava com muita força pra negar. Senti o tecido de algodão passar lentamente pela minha cabeça, e assim que ela pousou a peça de roupa no sofá, se mexeu no meu colo até ficar basicamente no pé da minha barriga, o mais perto que conseguia chegar na posição que estávamos, e em seguida, segurou meu rosto com suas duas mãos e me fez focar em seus olhos. E foi o que fiz.
"Eu vou deixar bem claro pra não surgir dúvidas e questionamentos nessa sua cabecinha de novo então me escute com atenção. Se eu me importasse com a sua idade, eu não teria trocado meia dúzia de palavras com você. Eu não teria beijado você na rua. Eu não teria deixado você me trazer pra sua casa. Não teria me arrepiado cada vez que suas mãos passam pelo meu corpo, ou seus braços fortes me envolvem. Não teria subido no seu colo com a desculpa de fazer uma massagem idiota quando tudo que eu mais quero no momento é ter cada pedacinho seu em contato comigo." estava sem fôlego. Sem rumo. Sem noção. Mas ela continuou.
"Sua idade é a coisa que menos importa pra mim e pensei ter deixado claro o suficiente quando estávamos conversando naquela rua. Você não deixa de ser um cara maravilhoso porque é 5 anos mais velho que eu. Eu não poderia me importar menos com isso. Agora, se isso é um problema tão grande pra você, a nossa diferença de idade, eu entenderei e ficarei na minha. Mas se só for uma insegurança sua, uma dúvida impertinente, eu vou beijar você, e tocar você, até ela se dissipar da sua cabeça, entendido? Se sua idade importasse pra mim, eu não estaria implorando mentalmente pra ser sua." fiquei cego, tonto. Maluco.
À puxei com tanta força pra mim que pensei ter machucado ela de certa forma, mas o que doía mais era só a vontade de consumir cada mínimo pedaço dela. Levantei com seu corpo envolto do meu, e fui em direção ao meu quarto, enquanto ainda tentava deixar o mínimo de resquício de sanidade passar por mim. Queria colar meu corpo no seu, desenhar ele nas pontas dos meus dedos, aprender cada curva, cada pedaço, cada movimento. Os nossos beijos pareciam insuficientes ali. Quanto mais tinha dela, mais queria ter. Suas mãos e unhas percorriam minhas costas e abdômen, enquanto tentava não me perder beijando cada resquício de pele que encontrava. Falávamos profanidades um para o outro, cada poro de nossos corpos exalando desejo. Queria prender ela ali, na minha cama, na minha casa, na minha vida.
Percebi o quão idiota fui de me segurar ou de pensar que a idade entre a gente seria um problema. Agora sabia que o único problema ali era não ter ela comigo. Queria beijar, tocar, cheirar, desejar cada parte dela por quanto tempo eu pudesse, e nunca seria suficiente. E no decorrer da noite, enquanto o tempo passava sem a gente perceber, me afoguei nela.
* - - ⓨ - - *
Pensei em levantar correndo, sem lembrar onde estava, mas recordei que hoje era meu dia de folga e resolvi relaxar novamente. Pelo horário e do sol que estava lá fora, acreditei já passar das 8hs da manhã. Tentei me revirar na cama, pronto pra pra levantar e fazer minha rotina da manhã, mas tinha um peso impedindo que eu o fizesse. Olhei para baixo e vi Helena agarrada em meu corpo como um coala, seus braços envolviam minha cintura e suas pernas estavam jogadas na minha. Não sabia como ela não sentia calor, com seu vestido e meia calça ainda no corpo. Lembro de não passarmos de beijos e toques quentes ontem, por ser muito cedo ainda, mas o que fizemos, aproveitamos bem. Tinha um sorriso aberto no rosto, meu coração batendo forte e meu peito quente, pensando no que passamos ontem.
Tentei retirar ela de mim de forma leve, para não acordar seu sono e fui me arrumar. Estava sem camisa ainda, e com várias marcas por todo meu dorso, pra sempre me relembrar da noite passada. Tomei um banho rápido e me troquei para comprar algumas coisas numa conveniência próxima pro café da manhã. O meu seria o mesmo de sempre, mas gostaria que ela tivesse um diferente. Lavei minhas mãos e comecei à preparar o café, até meu telefone tocar. Ran me ligava, então resolvi deixar no viva voz pra não perder tempo.
"Bom dia bonitão, isso é hora de acordar?" seu tom de voz era alegre, e já me fez abrir um sorriso enorme.
"É meu dia de folga cara, deixa eu ter um pouquinho de paz."
"Eu imagino a paz que você teve. Gostaria de saber onde está a amiga da minha amada, você não sumiu com ela não né?" ri da pergunta, o que se passa na cabeça desse garoto?
"Ainda não! Estou planejando alimentá-la e depois sair sem rumo e derrubar o carro no precipício. O que acha da ideia?" meu tom sarcástico era forte, mas a conversa toda era muito engraçada pra mim.
"Alimente bem pra ela não se perder de barriga vazia." concordei rindo. "Mas falando sério agora, o que houve? Ela está contigo?"
"Está sim. Depois que vocês se afastaram da gente ontem, resolvi tomar uma atitude. E tudo que aconteceu foi muito no calor do momento, e agora que ela tá dormindo aqui e eu fazendo o café, to entrando em parafuso em pensar que vou encarar ela agora." meu rosto esquentou só de pensar nisso, e ao que parece o universo não quis deixar isso passar, pois senti seus braços envolverem minha cintura, e num leve susto me despedi de Ran, e me virei pra vê-la.
"Bom dia Yuki." sua voz sonolenta me fez ficar bobo. Como queria que toda manhã fosse assim...
"Bom dia linda. Dormiu bem?" acariciava seus cabelos com minha mão limpa, e a outra deixei fechada com meu braço em sua cintura.
"Muito bem, tinha um ursão de pelúcia me fazendo compainha." seu comentário fofo e arrastado me derreteu e me inclinei pra beijá-la novamente, mas ela recuou. "Nem pensar! Acabei de acordar e não escovei os dentes. Não mesmo senhor." fiz bico mas não retruquei, deixei ela subir pra se higienizar e se organizar, e a chamei para comermos juntos.
"O que planeja fazer hoje? Tenho o dia de folga, e posso ser completamente seu pelo resto do dia." perguntei para trazer algum assunto pra mesa, mas me arrependi da forma que falei quando vi seu olhar brincalhão pra mim, balançando as sobrancelhas.
"É mesmo? Bom é uma notícia ótima. Eu estava querendo conhecer algumas cidades pela redondeza, pensei em fazer isso com Melissa, mas a viagem tomou um rumo diferente, e como só tenho até hoje aqui, quero tentar por em prática." não pude deixar de notar o aperto que surgiu no meu peito quando ela falou em ir embora, mas não quero focar nisso agora.
"Bom, não seja por isso, chama os dois, e a gente se organiza e vai pra alguma." ela concordou e assim que terminamos de comer, falamos com os pombinhos.
O local escolhido foi Ancona. Como é um local litorâneo, deixei Helena no apartamento que ela está com Melissa para pegarem o necessário e fui com Ran comprar algumas coisas para usar na viagem. Enquanto nos falávamos decidimos ir para praia de Monte Conero que ficava na comuna italiana. O clima estava agradável, e como era uma viagem de mais de 1 hora, decidimos sair logo para aproveitar o clima. O caminho todo foi recheado de risadas, boa música e muito papo. Todos nos divertimos e agradeci mentalmente pela virada que minha vida teve nesses dois últimos dias. Jamais imaginei estar vivendo isso, tão inesperado, não é do meu feitio, mas Helena me faz querer viver, aproveitar cada momento que me é dado. Não vou negar e dizer que não gostaria de passar o dia de hoje inteiramente com ela, mas não nos conhecíamos. Éramos de certa forma estranhos um para o outro, e o foco principal dela com essa viagem não acredito que tenha sido se envolver com alguém, e sim aproveitar com a amiga. Eu só iria embarcar junto.
Penso no absurdo disso tudo que está acontecendo. Eu de todas as pessoas estou falando sobre ficar com alguém e ter ela por muito tempo comigo depois de um dia apenas. É carência, só pode ser. Passei boa parte do caminho pensando nisso, mas de nada adiantava, já que não mudaria o fato de que estava sentindo tudo isso. A última vez que namorei, foi pouco tempo depois de entrar na seleção japonesa, gostei muito dela, mas não o suficiente pra continuar. Não foi o suficiente pra ela. Sempre me dizia que o vôlei tinha muito mais de mim do que ela jamais teria, e resolveu terminar. E quando ela terminou, percebi que talvez ela estivesse certa. Doeu na época, mas não o suficiente pra pensar em correr atrás dela, pois tinha campeonatos mais importante para me preocupar do que apenas um término. E foi ali que nunca mais me relacionei sério com ninguém, fui nomeado capitão da seleção, e fiz minha vida na Itália, me relacionei com um mulher ou outra, mas meu tempo e dedicação era voltado somente para o vôlei, e não tinha como mudar isso mais. Refiz minha vida inteiramente pra isso, cada passo dado, cada caminho escolhido, foi única e exclusivamente pra chegar onde cheguei hoje, e não me arrependo de nada.
Mas de uns tempos pra cá, vendo todos meus amigos tendo filhos, se casando, construindo uma vida além da carreira, enquanto eu faço o contrário, construo uma carreira além da minha vida, e isso começa a pesar de certa forma, pois quero encontrar um equilíbrio para os dois, só acho que já esteja tarde para começar. Quero me provar enganado. Tenho medo de ter construído uma rotina que se torna tão intrínseca em mim, que não consiga sair mais, e caso tente, tudo desmorone. No meio dos meus devaneios, percebo que chegamos ao local que resolvemos passar o dia. Estacionei o carro perto da praia, que por ser uma segunda-feira, estava vazia e nos dirigimos para a areia quente. Não iríamos tomar banho, pois não trouxemos roupas para tal, mas resolvemos aproveitar o dia para jogar um pouco e relaxar ao sol, não que eu seja o maior fã da bola de ar quente sob nossas cabeças, mas o dia hoje pedia.
Espalhamos nossas coisas sob a manta que trouxemos, e as meninas já se animaram para jogar um pouco de toque, enquanto eu e Ran arrumávamos os comes e bebes que compramos. Ficamos vendo elas jogar enquanto conversávamos para passar o tempo.
"Onde você está?" Ran me pergunta genuíno, sentando ao meu lado enquanto come uma barra de proteína e me entrega outra, agradeço.
"Onde eu estou? Aqui, oras."
"Você está em vários locais, menos aqui Yuki. De uma meia hora pra cá, até chegarmos aqui, você se calou e sumiu. O que houve?" não conseguia entender o quão bem ele conseguia captar essas coisas.
"São pensamentos, coisas rondando minha cabeça, dúvidas. Quero tentar me manter no lugar."
"Mas esse lugar que você quer se manter, é bom? Te faz bem?" fiquei sem resposta imediata pra pergunta.
"Acho que sim, sempre me fez."
"Então, o que mudou? O que está acontecendo? Pode falar comigo capitão, nada aqui é segredo." agradeci mentalmente pelo apoio dele. Era realmente um menino especial.
"Eu não sei... Não sei Ran, sendo o mais sincero que posso. No caminho pra cá me peguei pensando na minha ex, do Japão, e tudo só veio desenrolando e agora está tudo embaralhado. São tantas coisas que mal consigo pensar."
"Essas questões tem a ver com Helena? O momento de vocês ontem não foi bom? Não se deram bem?"
"Quem me dera fosse isso, foi justamente o contrário. Enquanto estávamos na rua ainda, e depois que chegamos no meu apartamento, conversei com ela, e expressei minha insegurança em relação �� nossa diferença de idade. E ela foi tão segura, tão certa, tão racional que me peguei pensando, o quanto mais eu posso perder da minha vida?" ele me escutava com atenção, concordando vez ou outra. "Não me arrependo de nada que fiz até aqui, de tudo que dediquei e sacrifiquei pelo meu sucesso, que é algo que tenho muito orgulho, e não quero que mude. Refazer toda minha rotina e todo trabalho que tive, mas até quando eu continuo com isso? Quero me casar, ter filhos, quero que eles me vejam jogar e que possa ter o respeito deles e a admiração também. Mas pra isso, tenho que me relacionar com alguém, como faço isso? Como faço pra funcionar? Tenho que deixar a pessoa entrar na minha vida e me ver por mim mesmo, cada mísero detalhe que sigo à risca à mais de 10 anos, e tenho que ser recíproco. Sem isso não tem como funcionar."
"E o seu receio é justamente por causa de querer fazer isso com ela?"
"Eu não sei. Nos conhecemos tem pouco mais de um dia, não posso simplesmente dizer que quero casar e ter filhos com ela e trazer ela pra o meu mundo sem ao menos conhecê-la. Mas me rasga por dentro a insistência que meu coração está tendo de fraquejar por ela. Isso não tem cabimento pra mim Ran, não tem. Eu não posso me propôr à ter um relacionamento com alguém sem saber se vai dar certo."
"Mas a magia de uma relação é essa Yuki. Não a incerteza de não saber o que pode acontecer, mas todo dia ter mais uma chance de fazer durar. Eu não estou dizendo pra você fazer uma loucura e casar com ela, ou que ela seja a pessoa certa pra isso, mas você não pode mais negar que tudo abalou no momento que você começou a sentir algo, e se deixou levar por isso. Rotinas se renovam e hábitos mudam Ishikawa. Não deixe de dar uma chance de sentir algo por ela, não deixe seu medo falar por você aquilo que o seu coração está sendo calado à força. Ninguém começa uma relação pensando em como vai acabar, não pense na sua como um fim, mas um recomeço. Dedique a mesma força e coragem que você tem no vôlei, para o amor. Uma hora, isso tudo pode acabar, sua carreira pode ser algo passageiro, sua vida e realizações não serão. Eu nunca vi você se render pra nada em sua vida, não se renda pra sua felicidade também." estava digerindo, tudo aquilo.
Minha cabeça e corpo e alma são devotas 100% do meu tempo para me dedicar ao esporte que tanto amo, que mudou minha vida, e me deu uma razão. O vôlei é e sempre será o meu primeiro amor. O mais genuíno. Construi uma vida com ele, venci batalhas internas e me superei junto dele. Quando voávamos, voamos juntos, e quando caíamos, caímos juntos. Sempre fiz questão de dar o meu melhor pra tudo em volta dele. Mudar meu corpo, alimentação, rotina, minha vida. E acabei mudando tanto que me mudei no processo pra alcançar o topo, e esqueci que as pessoas que nos levam até ele, vão permanecer se a gente despencar. Olhando aqui para os três, se divertindo, aproveitando, sorrindo e principalmente, se amando, me dei conta que minha felicidade não é segundo plano na minha vida e que o vôlei já tem seu espaço nela, só preciso preparar o espaço para colocar mais uma nova felicidade, a eterna.
Com o coração acelerado, minhas mãos suando, corpo arrepiado e trêmulo, meus sentidos estavam aguçados, me aproximei deles. As nuvens que estavam nublando minha visão se abriram, e deram espaço um sol lindo e brilhante, com um sorriso acolhedor e olhos cintilantes. Senti uma adrenalina fervente que passeava pelo meu corpo, uma corrente elétrica que me deixava acordado, hoje mais do que antes, agora mais do que nunca. Fui procurar então, um novo motivo pra minha felicidade.
"Posso me juntar à vocês?" encarava Helena enquanto falava isso, e o sorriso que se abriu no rosto dela, desapareceu com toda e qualquer dúvida que tivesse. Nunca fugi de me arriscar. Agora, o que estava em jogo, era minha alegria, e esse eu jamais me perdoaria se perdesse. Helena estendeu sua mão pra mim, como um convite.
"Sempre." tomei, e fui. Começar mais um capítulo na minha vida.

Bom, está aqui mais uma fic dos meninos da seleção japonesa. Até o momento, esse foi o mais complicado de fazer. Ran é um livro aberto na minha visão, enquanto o Yuki está guardado à sete chaves, e por não conhecer ele (e na verdade, nenhum outro) peço desculpas se a personalidade dele estiver tão diferente, mas afinal de contas, é apenas uma história fictícia. Espero que tenham gostado da leitura, e até breve!
Novamente, aqui estão os visuais e como visualizo os personagens, mas eles ficam à critério de vocês também!

A roupa do Yuki para o jantar, e o restaurante, eu vejo assim:


#yuki ishikawa#yuki ishikawa x reader#ryujin nippon#japan#volleyball#ran takahashi#jva#fluff#suggestive#angst
19 notes
·
View notes
Text
Brothers Haitani {Parte 01}.

[Nome] não gostava de ser apressado, ele odiava isso! Odiava com todas as suas forças.
Ele também não gostou de ser acordado em uma manhã de sábado - SÁBADO - por uma ligação de Ran notificando-o de estar o mais rápido possível para a reunião anual sobre roubo no local da gangue.
De acordo com Ran houve uma 'confusão' e não estava na agenda de ninguém. Uma observação importante: foi culpa do próprio Ran que a reunião não estivesse em seus horários. Isso não surpreendeu ninguém.
[Nome] havia sacrificado a maior parte de sua rotina matinal, incluindo alongamento e exercícios leves, seu precioso café da manhã e verificação de notificação do Wattpad.
Seu chá da tarde e horário de leitura, a soneca de duas horas…
Ele tomou banho apressadamente e se barbeou,tirando os ralos pelos [claros/escuros] de seu rosto.
Ele entrou em seu terno aconteceu com facilidade praticada e ele saiu pela porta depois de passar um pente em seu cabelo.
Rindou foi o único a chegar antes dele. Seu cabelo arroxeados estava úmido e suas bochechas coradas, e seu terno e gravata não estavam totalmente em ordem.
Você se moveu para cumprimentá-lo e ajustar suas roupas. O Haitani pediu desculpas por sua aparição e pelo aviso tardio da reunião.
— A intromissão do seu irmão levou a isso. Não se desculpe pelos erros daquele pateta! — [Nome] disse de maneira calma.
O de fios [escuros/claros] endireitou a gravata de Rindou e dobrou o colarinho para que parecesse mais nítido e formal.
Ele terminou passando a mão na lapela direita e no peito para alisar o tecido. Rindou olhou para o chão e corou do nariz até a ponta das orelhas.
Ele parecia pequeno pela maneira como se inclinava a acomodar os outros às custas de si mesmo. O rubor lembrou [Nome] de todas as ocorrências que o Haitani estava de joelhos diante dele.
Um sentimento de carinho floresceu em seu peito e ele acariciou duas juntas em sua bochecha.
Foi um toque leve, mas o menor se encolheu de qualquer maneira. Não longe dele.
Apenas em geral. O rubor se intensificou e Rindou tinha um sorriso tímido agora, que espalhava uma camada de satisfação sobre o carinho de [Nome].
O de fios [claros/escuros] levantou o queixo do homem menor e se inclinou, mas parou quase nariz com nariz com ele. Não houve objeção, Rindou levantou a mão trêmula e a colocou no peito, que era o sinal que eles haviam escolhido para permissão.
Então você o beijou uma vez e ficou feliz quando o outro mordeu levemente seu lábio inferior.
Ele queria mais… Então ele abriu a boca, o beijo se aprofundando, as línguas lutando por dominância.
Rindou arregalou levemente seus olhos ao sentir a língua dele adentrar a boca,explorando totalmente.
[Nome] levou sua mão na cintura do garoto e o puxou para perto, apertando levemente sua cintura.
A mão livre do [moreno,albino…] entra sobre a camisa do outro e sobe sobre seu tronco, indo em direção aos mamilos durinhos do Haitani e rapidamente segura um entre seus dedos.
Por [Sobrenome] o beijo poderia ter durado mais, mas se afastou do outro ao ver que o garoto sentia falta de ar, uma linha fina de saliva interligava suas bocas, mas logo ela é rompida ao [Apelido] se aproximar e deixar um selar rápido nos lábios dele.
『••✎••』
[Nome] tinha ido para o salão menor que raramente era usado pela maioria dos funcionários, mas ficava duas vezes mais longe da sala de conferências, onde todos ainda estavam tagarelando.
Ele se ocupou enchendo e ligando a chaleira elétrica e decidindo sobre qual chá ia tomar.
Já tinha se passado várias horas, se não fosse por Ran ! Agora você ia tá tomando seu chazinho da tarde, lendo uma boa putaria daquelas que fazem ficar de pau duro ou uma história tão boa que o faria ficar triste por ter terminado na hora.
Logo após ia ser um banho relaxante junto a taça de um bom vinho, logo após ia deitar em seus belos lençóis caros e ia dormir como nunca.
Aparentemente o Haitani mais novo teve a mesma linha de pensamento, chegando com sua caneca pessoal na mão. [Nome] acenou para ele com um movimento sutil de cabeça e reconheceu a pasta inchada que ele também carregava.
— São as planilhas deste ano que o Mikey está nos obrigando a preencher? Puta merda.
— Temo que sim, culpa daquela barbie de cabelo rosa. — Ele disse e ficou ao seu na pequena cozinha e pegou seu próprio pacote de chá.
A chaleira apitou, mas a atenção do [Nome] foi para a porta. Ran entrou um momento depois.
— Encontrei seu esconderijo. Irmãozinho, você está correndo para o gostosão de terno para proteção novamente?
— Gostosão? Prefiro quando ele me chama de "Mestre" ou tetudo. — Depois de encher sua própria caneca, você derramou água na de Rindou.
[Nome] observou as folhas começarem a infundir, mas um suspiro silencioso que ele sabia (intimamente) zumbiu em seus ouvidos. Novamente ele olhou para a porta.
Ran tinha seu irmão encurralado contra a parede. As duas mãos de Rindou estavam segurando a pasta em sua frente, as veias de sua testa inchadas mostrando sua eaiva, e Ran parecia um capeta prestes a atacar.
Em um movimento hábil, o Haitani mais velho trancou a porta.
— Você tem estado nervoso esta semana irmãozinho. Mais do que o normal. Existe algo que você queira? Hum? — Ele inclinou a cabeça. — Talvez algo do gostosão ali atrás?
— Quero o pau dele, só que você apenas está me atrapalhando! Se não fosse por você eu já estaria gemendo igual uma cadela agora! — Ele exclamou, irritado com a idiotice do outro.
[Nome] sentiu um arrepio de excitação e algo começando a se formar no fundo de seu abdômen.
『••✎••』
— Ele está esperando por você, peitudo. — O de cabelos curtos disse. — Você não está com fome?
Ele estava, e ver Rindou corado, excitado e amarrado estava atiçando seu apetite ainda mais…
O de fios [claros/escuros] tirou o próprio paletó e a gravata e os colocou sobre o sofá a caminho deles.
Você parou, centímetros entre você e ele, e se manteve firme até que os olhos tímidos do Haitani se abriram.
Aquelas mãos atadas, ainda trêmulas, tocaram seu peito. Com a permissão concedida, [Nome] envolveu a mão de Rindou e se inclinou para beijá-lo.
Ran arrulhou e fez sugestões obscenas sobre como você poderia foder o irmão mais novo. Por mais tentadores que fossem alguns itens da lista, a sua prioridade sempre foi a satisfação de seu parceiro.
#fanfic#leitor masculino#male reader#imagine#tokyo rev x reader#tokyo revengers#ran haitani#rindou haitani#yaoi love
33 notes
·
View notes
Text
Una de las cosas que más desconcertaba Chu Wanning era ver la mirada de Mo Ran. Tan llena de brillo y resplandeciente cada que lo observaba, era extraño, el ver como a través de los ojos de Mo Ran podía ver un reflejo suyo que jamás había imaginado, una visión de sí mismo que le quemaba en el alma, pues en su mirada podía ver tal devoción y amor que nunca imaginó merecer, a veces se sentía culpable por ello, a veces cuando despertaba después de una pesadilla y observaba a Mo Ran dormir a la luz de las tenues velas su culpa incrementaba, tal vez lo retenía consigo, tal vez él era horrible al mantener a este hombre a su lado sin merecerlo.
Pero toda duda se disipaba rápidamente cuando Mo Ran se movía en la cama y lo tomaba entre sus brazos fuertes y entre susurros adormilados le decía: “Te amo Wanning”. Hasta que se volvía a quedar dormido.
O cuando al despertar podía ver al hombre cocinando con esa sonrisa única, reservada solo para él, o cuando Mo Ran cortaba la leña y tenía que apartar la mirada avergonzado o cuando entre miradas adormiladas observaba al hombre encima suyo que lo aprisionaba entre su calor, sus brazos, su pecho, sintiendo el palpitar de su corazón en su palma y podía sentir sus respiraciones entrecortadas entrelazarse en una. Y podía ver esos ojos, esos malditos ojos que lo decían todo, resplandecer como si hubiera visto el tesoro mas grande o la estrella más brillante, como si hubiera contemplado a su dios.
Y ahí Chu Wanning se dio cuenta que no importaba el tiempo que pasara, las vidas que caminaran o el dolor que tuvieran que sufrir, Mo Ran siempre sería suyo, jamás lo dejaría ir, por que aunque el no lo sabía, su propia mirada resplandecía de la misma manera que la de Mo Ran cada vez que lo miraba.
3 notes
·
View notes
Text
AERDPSF 65

Extra 1: Universo Paralelo A las 10:30 p. m., Fu Ran regresó a casa. En realidad, este lugar podría considerarse un hogar. Era a lo sumo una de las propiedades bajo su nombre. Porque un hogar real no sería tan frío y no tendría nada de calor. Fu Ran parecía estar acostumbrado a esto hace mucho tiempo. Inmediatamente encendió las luces de la sala y luego caminó hacia el dormitorio. Se desató la corbata que lo había estado atando todo el día y dejó escapar un silencioso suspiro. Entonces, justo cuando estaba a punto de quitarse la chaqueta, sonó su teléfono. "Hola." "Presidente Fu, se entregaron los papeles del divorcio, pero Qiao Yan quiere verlo antes de firmarlo". En menos de un segundo, Fu Ran abrió la boca y se negó: "No la veré". La persona al otro lado del teléfono parecía haber esperado esto. Suspiró y dijo: “Fu Ran, ¿por qué de repente quieres divorciarte sin razón? Incluso si solo está casado por acuerdo, usted también…”. El rostro de Fu Ran mostró impaciencia y dijo: "Xu Hao, ella pisó mi línea de fondo". Xu Hao pensó en el loco amor de Qiao Yan por Fu Ran y probablemente adivinó lo que había sucedido. Como amigo de la infancia de Fu Ran, no podía decir ninguna palabra para consolarlo, y mucho menos hacer algo que preferiría destruir diez templos antes que un matrimonio. Él dijo: “Entonces, ¿cómo vas a explicárselo a tu familia?” Para ser honesto, cuando Fu Ran quería casarse con Qiao Yan, Xu Hao no estaba a favor de la idea e incluso predijo que tomarían caminos separados tarde o temprano. Sin embargo, no esperaba que este día llegara tan pronto. El matrimonio entre Fu Ran y Qiao Yan fue puramente un matrimonio de acuerdo. Una persona lo hizo para tratar con su familia, y la otra lo hizo por amor y admiración. Si sucediera en circunstancias normales, probablemente se enamorarían después de casarse, y la familiaridad generaría cariño. Sin embargo, el problema era que ninguno de estos dos era normal. No se sabía qué había experimentado Fu Ran. Sin embargo, él era cada vez más frío de corazón. Si no fuera por el hecho de que respiraba, tenía latidos cardíacos y su cuerpo estaba caliente, él (Xu Hao) realmente sospechaba que era un robot que no tenía sentimientos. Y Qiao Yan era aún más anormal. Ella afirmó amar a Fu Ran e incluso acordó un acuerdo de matrimonio para acercarse a Fu Ran; sin embargo, estuvo involucrada con más de un hombre al mismo tiempo. Esto hizo que la reputación de Fu Ran se empañara y provocó una conmoción en la familia Fu. Este matrimonio había lastimado a demasiadas personas. Xu Hao suspiró. Al otro lado del teléfono, Fu Ran adivinó aproximadamente lo que estaba pensando Xu Hao. Sus ojos se oscurecieron y dijo: “Les diré la verdad. Este asunto…” Él frunció los labios, y su tono contenía culpa. "Hice un mal trabajo". En ese momento, estaba confundido incluso para aceptar impulsivamente un acuerdo de matrimonio con Qiao Yan después de que los miembros de su familia lo instaran a casarse. Al final... Fu Ran se sintió extremadamente culpable con los miembros de su familia. ¿Cuándo ha estado Fu Ran en un estado tan patético? En el corazón de Xu Hao, se sentía molesto, pero en realidad no era bueno para consolar a la gente. Así que solo pudo pronunciar unas pocas palabras de consuelo y colgó el teléfono. Fu Ran terminó la llamada, se lavó y se fue a la cama. La luz del sol llenó la habitación y brilló indiscriminadamente en el rostro de la persona en la cama. Su hermoso rostro brillaba a la luz del sol como si Dios lo hubiera besado. Entonces, una mano grande tiró de la manta para cubrir su cabeza de inmediato. Después de un rato, el hombre se dio la vuelta y se sentó. Su cuerpo irradiaba la baja presión de la falta de sueño. — Claramente había corrido las cortinas anoche... ¿El personal de medio tiempo tomó el asunto en sus propias manos? Muy bien. Puedo bloquear esta empresa de limpieza. Mientras pensaba en esto, una persona llena de vigor irrumpió en la habitación e inmediatamente se abalanzó sobre la cama... hacia su cuerpo. “Esposo~” La voz de la mujer y su sonrisa eran tan dulces como la miel. Ella besó la cara de Fu Ran y dijo: “Levántate rápido. Dijiste que me acompañarías al set de filmación hoy, así que no puedes holgazanear en la cama~”. Saltó de la cama y arrugó la nariz. "¡Date prisa, o no te haré el desayuno!" Después de decir eso, salió de la habitación. Fu Ran tocó el lugar donde lo besaron y fue un poco incapaz de volver a sus sentidos. — ¿ Qué… qué pasó? — ¿ Quién es ella? — Pero su beso parece ser también tan dulce… …… Fu Ran encontró algo mal. No estaba en la residencia donde dormía sino en un lugar diferente. Pero inmediatamente después, encontró algo que estaba aún más mal. El armario repleto estaba dividido en ropa de hombre y de mujer; frente a la mesilla de noche se colocó una foto íntima del hombre y la mujer; había un par de artículos de tocador en el baño... Todos indicaban que una pareja vivía aquí. No, para ser más precisos, aquí vivía un matrimonio. En cuanto a por qué estaba tan seguro, fue porque logró encontrar dos certificados de matrimonio en la caja fuerte. Con respecto a la contraseña segura... No sabía por qué se abrió tan pronto como lo intentó. Una vez que echó un vistazo al certificado de matrimonio, todo el cuerpo de Fu Ran se puso rígido. — Una de las partes del matrimonio era él y la otra… Por la foto, debería ser la chica de ahora. Ella se llama Yun Shu. Fu Ran miró fijamente las palabras "Yun Shu" y las leyó en silencio en su corazón. "¡Fu Ran!" La voz exasperada reverberó por toda la habitación, seguida por un pequeño cuerpo pequeño con forma de bala de cañón presionado contra su espalda, causando que casi se cayera. Sin embargo, su primera reacción no fue para protegerse a sí mismo sino para proteger a la niña detrás de él. Fu Ran se congeló y su corazón se llenó de incredulidad. "¿Fu Ran?" La voz de la joven estaba llena de dudas. "Pareces un poco fuera de lugar hoy..." Yun Shu bajó de su espalda y giró su rostro hacia ella. Si Fu Ran estuviera actuando como siempre, ya se habría enojado por este comportamiento casi ofensivo. Sin embargo, no se sintió ofendido cuando la mano de la joven le tocó la cara. Por el contrario, era como si su cuerpo se hubiera acostumbrado hacía mucho tiempo a su contacto e incluso le gustaba que lo tocara. Con las cejas fruncidas, Yun Shu lo examinó meticulosamente. Cuando sus ojos se encontraron con los de Fu Ran, sus hermosos ojos de repente temblaron. Soltó su mano y dio dos pasos hacia atrás. Luego, dijo con voz temblorosa: “¿Quién… quién eres? Tú no eres Fu Ran. Tú no eres él… ¿Quién eres tú? ¡¡¡¿Quien diablos eres tú?!!!" La propia Yun Shu había transmigrado. En un instante, su mente se llenó de todo tipo de malas especulaciones y no supo qué hacer. ¿Y si...? ¿Y si su Fu Ran no puede regresar...? Las lágrimas brotaron de los ojos de Yun Shu. Ella agitó sus pestañas, causando que una lágrima resbalara por sus mejillas. Su cuerpo comenzó a deslizarse sin fuerzas hacia abajo. Fu Ran atrapó reflexivamente a Yun Shu de un solo golpe. Luego, cuando miró los ojos apáticos y desesperados de Yun Shu, de repente abrió la boca para decir: "Soy Fu Ran". "¿Ah?" “Soy Fu Ran. Soy Fu Ran”. Fu Ran hizo una pausa y continuó: “Según mis recuerdos, no me casé contigo, pero creo que nuestra infancia debería ser la misma. Entonces puedes preguntarme sobre mi infancia para verificar cosas”. Yun Shu inmediatamente hizo algunas preguntas y el hombre realmente pudo responderlas. Incluso sabía muchos detalles que la gente desconocía, lo que hizo que Yun Shu estuviera segura de que él también era "Fu Ran". Yun Shu tuvo una suposición y dijo: "Universo paralelo". Fu Ran más o menos entendió un poco y dijo: "Soy Fu Ran del otro mundo, y él comparte la misma familia y experiencias que yo, excepto..." Uno estaba casado con Qiao Yan y estaba en una situación difícil; el otro estaba casado con esta suave niña frente a él y era feliz y dichoso. Yun Shu se obligó a sí misma a levantar el ánimo, pero las lágrimas aún rodaban por sus ojos. “Qué… ¿Qué pasa con mi Fu Ran? ¿Todavía puede volver?” Fu Ran frunció los labios, él no lo sabe. Cuando vio a Yun Shu llorando, le dolió el corazón y, por reflejo, extendió la mano para secarle las lágrimas. Sin embargo, cuando las yemas de sus dedos tocaron el rostro de la niña, sus ojos se llenaron de desconocimiento y temor por no ser familiar para él. Aplanó sus pálidos labios, retiró las manos y permaneció en silencio. La atmósfera en la habitación instantáneamente se volvió pesada y solo se escuchaba el sonido de los sollozos de la joven. Yun Shu no lloró por mucho tiempo y rápidamente controló sus emociones. No le gustaba mostrar demasiado de sí misma frente a extraños. "¿Quieres desayunar?" Fu Ran negó con la cabeza. Realmente no tenía apetito. El rostro de Yun Shu reveló infelicidad. Ella dijo: “No, tienes que comer. Este cuerpo es de mi esposo, no tuyo”. Fu Ran dijo: "... Bien, entonces". …… 宁拆十座庙不毁一桩婚(níngchāishízuòmiào, bùhuìyīzhuānghūn) - Es mejor destruir diez templos que un solo matrimonio. Significa que el pecado de destruir el matrimonio de alguien es tan grande que es peor que el acto de derribar diez templos. Por supuesto, esto es solo una analogía. El matrimonio tenía una posición extremadamente noble en la antigüedad. Destruir los matrimonios de otras personas es también una especie de destrucción de una sociedad armoniosa. En uno de los clásicos taoístas, el capítulo de inducción de Tai Shang, se afirma que destruir los matrimonios de otras personas es un acto malvado que no se puede utilizar. Atrás Novelas Menú Siguiente Read the full article
0 notes
Text
𝑡𝑜-𝑑𝑜 𝑙𝑖𝑠𝑡.
THREADS PENDIENTES !
patrick & daze. w. @fantcsia
october & daze. w. @getawaycvrs
oksana & angel. w. @spvellman
MUSES !
agregar tres muses masculinos y luego arrepentirme a mitad de proceso y no llegar a realizarlos
terminar boards de pinterest de dandelion, zella, lavender y posibles muses masculinos.
posibles moodboards
OTRAS COSAS !
responder el meme de celularcito de patrick y daze ,,,
responder ims estupida ya deja de ignorar a las personas por eso no tienes amigos
ay es que me da vergüenza a veces no sé porque
esto ya no es una lista qué es esto
#( hago esto porque estoy escasa de inspo y me estresa querer hacer una bonita reply y no poder. )#( todo es culpa de ran. )#( por favor alguien pregunteme porque )#( en fin ;; escuchen dance with me de beabadobee. que hermosa canción aa )#( estoy llorando )#( siento que me faltan threads ayudenme si es así porfa ya ven que tengo problemas )#( y tragué un poquito de jabón mientras hablaba sola en el baño )#( a veces hago monólogos cuando me lavo la cara como si estuviera en una película )#( beep boop )#( adiós )#( gracias por leer mis tags )
10 notes
·
View notes
Text
Tengo la idea de que Robin le tiene un miedo inexplicable a los payasos. Nadie sabe porque.
Su familia se dio cuenta en el sexto cumpleaños del niño en donde su tio decidió que seria una buena idea tener a un payaso como entretenimiento.
Nadie se opuso. Era una buena idea al fin y al cabo. Fiesta de un niño + payaso = Diversión y risa.
Era un plan infalible ¿No?
Pronto descubrieron que no lo era.
La primera reacción de Robin al ver al payaso fue quedarse extremadamente quieto... Para luego darse media vuelta y correr a esconderse debajo de la mesa.
Se extendió un silencio hasta que la mamá de Robin reaccionó y fue en busca de su hijo. Pero a pesar de sus muchos intentos, no logró su cometido.
El tio de Robin intento hacer que el niño salga pero tampoco tuvo éxito.
Y asi lo intento cada miembro de la familia que fue invitada a la fiesta. Pero todos fracasaron.
Finney(el unico otro niño invitado a la fiesta que no era familiar de los Arellano's).
(Porque a pesar de la apariencia confiada y peligrosa del chico, Robin era muy tímido a la hora de hacer amigos).
Se acercó a la mesa en donde esta escondido Robin y trato de convencerlo de que saliera asegurandole que el payaso ya no se encontraba allí.
Cuando vieron el pequeño brazo de Robin salir de debajo del mantel de la mesa, todos se animaron visiblemente pensando que por fin alguien habia logrado convencer a Robin de salir de su escondite y disfrutar la fiesta.
Pero ese mismo animo se apago rápidamente al ver como la pequeña mano de Robin agarraba la muñeca del joven Blake y lo jalaba para que este debajo de la mesa con él.
Nadie hablo despues de presenciar esa escena.
Robin se habia metido abajo de la mesa por el temor que le habia generado ver a un payaso por primera vez...
Robin habia metido a Finney debajo de la mesa con él cuando este habia intentado que el otro niño saliera...
Habia dos niños escondidos debajo de la mesa por culpa de un payaso.
La madre de Robin tenia certeza en una sola cosa ese dia.
Iba a matar a su hermano cuando esta fiesta terminará.
Y asi transcurrió el sexto cumplaños de Robin Arellano.
Con él y Finney refugiados abajo de una mesa por culpa de un payaso aterrador.
(A pesar de los intentos de su madre ni Robin ni Finney salieron de su "escondite").
(Pero a pesar de esto, todos los invitados + la madre y el tio pudieron escuchar en el transcurso del cumpleaños, los susurros, las risas contenidas, y las pequeñas carcajadas de los dos niños escondidos debajo de la mesa).
____________________________________
I have the idea that Robin has an inexplicable fear of clowns.
Nobody knows why.
His family found out on the boy's sixth birthday that his uncle decided it would be a good idea to have a clown for entertainment.
Nobody objected. It was a good idea after all. A child's party + clown = Fun and laughter.
It was a foolproof plan, right?
They soon discovered that it was not.
Robin's first reaction when he saw the clown was to stay extremely still... Then he turned around and ran to hide under the table.
There was a silence until Robin's mom reacted and went looking for her son.
But despite his many attempts, he did not succeed.
Robin's uncle tried to get the boy out but was unsuccessful.
And so I try every member of the family that was invited to the party.
But they all failed.
Finney (the only other kid invited to the party who wasn't related to the Arellano's).
(Because despite the boy's confident and dangerous appearance, Robin was very shy about making friends.)
He approached the table where Robin is hiding and tried to convince him to come out by assuring him that the clown was no longer there.
When they saw Robin's little arm come out from under the tablecloth, everyone visibly cheered up thinking that someone had finally managed to convince Robin to come out of hiding and enjoy the party.
But that same encouragement quickly faded when he saw how Robin's small hand grabbed the young Blake's wrist and pulled him under the table with him.
No one spoke after witnessing that scene.
Robin had gotten under the table because of the fear that seeing a clown for the first time had caused him...
Robin had put Finney under the table with him when Finney had tried to get the other boy out...
There were two children hiding under the table because of a clown.
Robin's mother was certain of only one thing that day.
He was going to kill his brother when this party is over.
And so passed the sixth birthday of Robin Arellano.
With him and Finney sheltering under a table because of a scary clown.
(Despite their mother's best attempts, neither Robin nor Finney came out of "hiding").
(But despite this, all the guests + the mother and the uncle were able to hear, during the birthday, the whispers, the suppressed laughter, and the small cackles of the two children hidden under the table).
#the black phone#finney blake#robin arellano#finney x robin#pelicula#robin x finney#finbin#rinney#tbp robin#tbp headcanons#tbp fandom#tbp finney#tbp#tbp era
85 notes
·
View notes
Text
Song Hye Kyo se quita los guantes para vengarse de Lim Ji Yeon con Lee Do Hyun en teaser y pósters de “The Glory Part 2”.

Lanzado por primera vez en diciembre pasado, “The Glory” es el proyecto más reciente de la exitosa escritora Kim Eun Sook que cuenta la historia de una ex-víctima de una brutal violencia escolar que jura vengarse de sus acosadores después de convertirse en la maestra de primaria del hijo de su acosador. Song Hye Kyo es la vengativa protagonista Moon Dong Eun, mientras que Lee Do Hyun interpreta al complicado protagonista masculino Joo Yeo Jeong.
Los pósters recientemente publicados para la parte 2 presentan a Moon Dong Eun con cada uno de los ocho personajes que están profundamente entrelazados con ella. Entre los personajes en solidaridad con Moon Dong Eun están Joo Yeo Jeong, Kang Hyeon Nam(Yeom Hye Ran) y Ha Do Yeong (Jung Sung Il). En cada uno de los tres carteles, Moon Dong Eun se para en el lado derecho y los ve con una mirada cálida o una sonrisa amable.
Los textos en la parte superior central dicen: “Ella es mi salvación”, “Feliz comencé a soñar” y “No me gusta decir que no sé algo, pero no sé todavía”, parecen describir los pensamientos de Joo Yeo Jeong, Kang Hyun Nam y Ha Do Young, respectivamente, sobre Moon Dong Eun.


Por otro lado, la actitud y la mirada de Moon Dong Eun hacia el grupo de perpetradores que consiste en Park Yeon Jin (Lim Ji Yeon), Jeon Jae Joon (Park Sung Hoon), Lee Sa Ra (Kim Hieora), Choi Hye Jeong (Cha Joo Young) y Son Myeong Oh (Kim Geon Woo) son completamente diferentes. Moon Dong Eun los mira desde arriba mientras pone sus manos en diferentes partes del cuerpo de cada personaje.
Los textos se alinearon en el centro de los pósters y dicen: “Tu alma, que se rió de alegría a lo largo de todo”, “Esos ojos lascivos”, “La mano que se burló y rompió a los demás”, “Los labios que se rieron de la desgracia de los demás” y “Los pies que estaban ansiosos por infligir dolor a los demás”, parecen describir los sentimientos de resentimiento, ira y venganza de Moon Dong Eun hacia los perpetradores que hicieron su vida miserable y la hicieron pasar toda su vida intrigando venganza.
El teaser, que se lanzó junto con los carteles, comienza con Park Yeon Jin diciendo sin el más mínimo sentimiento de culpa: “No hay nada que haya hecho mal, Dong Eun”. Su actitud hace que Dong Eun se enoje aún más y Dong Eun presagia su cruel venganza que acaba de comenzar al decir: “Bienvenido, Yeon Jin”, después de que Joo Yeo Jeong comenta escalofriantemente: “Te mostraré el infierno estoy viviendo”
youtube
Fuente: soompi.com
9 notes
·
View notes
Text
Ideas de rol: Rasgos y peculiaridades para personajes de fantasía
Recordamos que el siguiente texto no ha sido redactado por el staff de ToL, solo lo hemos traducido para que pueda llegar a más personas. La autoría pertenece a @marewriteblr, podéis leer el post original en su tumblr así como en este mismo tumblr bajo la etiqueta “idioma original”.
Tal vez solo soy yo, pero cuando creo personajes, me gusta buscar en Google listas de rasgos y peculiaridades para darles más profundidad. La mayoría de las veces, no son nada especial, pero como escribo sobre todo fantasía y mis personajes están constantemente rodeados de magia, descubrí que merecen tener caprichos más extraños y mágicos. Así que creé una lista de más de 150 rasgos y peculiaridades para los personajes en un entorno de fantasía. ¡¡Espero que esto ayude a algunos de vosotros también!!
Tiene tatuajes que van cambiando (forma, color, etc)
Mala visión: necesita una poción mágica para ver con claridad
Adicto a alguna comida o bebida mágica
Suceden cosas extrañas cuando se ríe, estornuda, tose...
Ve cosas que no están allí, ¿o sí?
Habla en rimas
Tiene una cicatriz errante
Tiene una herida que nunca deja de sangrar
Muestra síntomas de una maldición pero finge no saber cómo la obtuvo
Signos físicos al mentir, p. ej., el cabello crece anormalmente rápido
Puede convocar a cualquier criatura mítica fácilmente
Tiene una criatura mítica como mascota
Trae conigo una ligera brisa cada vez que entran en una habitación
Estuvo muerto una vez
Se niega a comer cierto tipo de alimentos sin razón específica, como si fuera amoral o poco ético
Obsesión con un período particular en la historia
Obsesión con una criatura / especie mágica
No baila ni hace música porque suceden cosas extrañas
Es perseguido por un fantasma, su mejor compañero
Siempre tiene una vela encendida (por ejemplo, para su compañero fantasma)
Puede hablar un idioma misterioso que muy pocas personas entienden
Puede encender y apagar la luz de estrellas individuales cuando lo desea
Solía ser parte de una sociedad secreta
Usa zapatos con alas, nadie sabe si realmente funcionan
Puede predecir el futuro correctamente por una razón ridícula / extraña
Vive en la corte, nadie sabe por qué o de dónde vino, pero lo dejaron quedarse
Solo puede hablar en preguntas o adivinanzas
Siempre se le ve leyendo libros de hechizos aunque no pueden hacer magia
Siempre se le ve leyendo libros aunque no pueden leer. Bonus: la razón de esto es mágica
Les cuenta a todos sobre aquella vez que hizo allgo que, en realidad, nunca ha hecho
Le cuenta a todos que solían ser un dragón, obviamente está mintiendo
Es realmente ciego, nadie se ha dado cuenta
Nunca habla, solo habla telepáticamente con la gente
Tiene sangre de color antinatural, cuenta las historias más extrañas de por qué eso es así: la historia cambia cada vez
Sacrificó 7 años de su vida a una criatura mágica que podría reclamarlos en cualquier momento
Sacrificó una parte del cuerpo, está decidido a recuperarla
Sacrificó su buena apariencia
Siempre aprendiendo hechizos de memoria y para usarlos al día siguiente como si lo hubiera preparado para la ocasión
Tiene una identidad secreta, por ejemplo, puede hacer cierto tipo de magia y se escabulle para cometer crímenes / actuar en el escenario / encontrarse con sus compañeros...
Sigue metiéndose en problemas porque las personas están convencidas de que tiene magia, pero no
Pertenece a una especie humana / no mágica, pero fue secuestrada hace años y nunca volvió
Es en realidad un fantasma
Es inmortal pero no sabe nada de historia, aunque puede contarte todo sobre la migración de antílopes enanos en su continente a lo largo de los siglos
Siempre corrige a las personas en hechos de historia / mitología con cosas que posiblemente no podría saber si no estuvo allí
Alérgico a la magia. Bonus: es un poderoso mago o deidad
Está obsesionado con cuchillos y espadas. Puede luchar con ellos contra ti pero estará más interesados en la elaboración de tu espada
Alérgico a cierto hechizo y solo ese hechizo sin razón aparente
Siempre tiene un cierto artículo o comida en el bolsillo en caso de que necesite sobornar a una criatura mágica hoy
Malinterpreta la pronunciación de los hechizos de otros y los pronuncia mal (por ejemplo, pone énfasis en la sílaba incorrecta)
Habla en un falso acento élfico para cabrear a los elfos
Finge ser de una especie a la que claramente no pertenece a juzgar por su apariencia, y se pone a la defensiva cuando se lo dicen, llamando a las personas racistas
Se mete en problemas al tratar de seducir a las ninfas cuando está borracho. También es un alcohólico
Está maldito de manera que no puede recordar ningún nombre; ha olvidado su nombre real hace mucho tiempo para que nadie pueda tener ese poder sobre ellos
Se presenta con un nombre diferente cada vez que conoce a alguien
Adora en gran medida a un malvado dios embaucador
Ominosamente se refiere a sí mismo en tercera persona
No camina sino que salta de techo en techo
Predice el futuro pero siempre está terriblemente mal
Desafía a las personas a una búsqueda todo el tiempo
Parece conocer a cada persona en todo el reino
Parece ser enemigo de cada persona en todo el reino
Pasa mucho tiempo en tabernas con poca luz buscando oponentes para un extraño juego de mesa
Le gusta buscar monstruos extraños en lo profundo del bosque
Habla con su daga
Habla demasiado durante las peleas de espadas
Se involucra en combates de espada pero solo lleva una espada de entrenamiento con él
Inventa historias locas y poco creíbles cuando se le pregunta sobre su pasado para ocultar su culpa
Recoge un tipo particular de elemento que solo se puede encontrar en misiones de aventura en lugares peligrosos
Tiene grandes cuernos en la cabeza a pesar de que su especie no tiene tal cosa, se niega a decirle a nadie por qué
Nunca se le ha visto comer
Nunca se le ha visto dormir
Toma cada oportunidad que puede como un desafío para probarse a sí mismo cada vez que alguien menciona que algo es difícil o peligroso
Lleva un parche en el ojo únicamente por su aspecto
Recoge peligrosas joyas encantadas
Silba al azar
Es un excelente narrador, como antinaturalmente excelente
Se involucrado políticamente y lucha por los derechos de los gigantes
Tiene un dedo misteriosamente más corto que los otros
Es el mejor amigo de un demonio
Es nocturno pero ama la luz del sol
Pretende ser completamente resistente al dolor
Siempre se cuela en sitios
Tiene un tatuaje que sigue desapareciendo y reapareciendo
Encanta a las personas con su actuación
Tiene una prótesis de madera
No usa zapatos
Cambia el color de los ojos todos los días
Usa guantes todo el tiempo y le dice a la gente que es por su seguridad
Oye que los árboles le hablan
Cree que el apocalipsis está cerca
Finge ser inmortal
Irrumpe en los hogares de las personas para robar comida. No joyas. Solo comida
Cuelga flores en las paredes
Cree que las flores conceden deseos
Tiene visiones aleatorias del pasado de otras personas que no son necesariamente ciertas, pero que siempre lo meten en problemas
Cree firmemente en la reencarnación
Habla con un acento diferente todos los días
Está convencido de que está malditos
Ve cada conflicto menor como una oportunidad para un combate de espadas
Lucha sus batallas usando nada más que dardos
Es un arquero y también ciego o le falta un brazo
Accidentalmente se apuñala a sí mismo. Mucho.
Siempre lleva veneno encima por "por si acaso"
Tiene la culpa de la caída de un dios poderoso
Sabe todo sobre mitología
Siempre está al tanto sobre dramas y chismes entre los dioses
Piensa que va a ser maldecido en el momento en que alguien levanta la voz
Aún llora la muerte de un amigo
Lo que toca se rompe al instante
Muerde su varita (definitivamente no es una buena idea)
Siempre lleva el pelo recogido en un moño, es más largo que el de Rapunzel cuando está suelto
Se jacta de que es bueno para abrir cerraduras, pero en realidad solo la golpea muy fuerte hasta que se rompe
Cambio de forma accidentalente
Todavía espera por una profecía siniestra que predice su destino
Hace negocios extraños / aparentemente innecesarios con extraños
Tiene algo un poco extraño sobre su apariencia que hace que la gente se detenga en seco para mirarlo
Tiene una obsesión malsana con las capas
Es un gran admirador de los magos. Recoge varitas y sombreros como figuras de acción
a los caballos no les gustan, en su lugar montan un lobo
canta los hechizos que usan
murmurando constantemente para sí mismos o para alguien que otros no pueden ver
Pueden duplicarse, pero no puede hacer matemáticas, por lo que siempre está un poco confundido
Tiene una hoja pegada al dorso de la mano. No les preguntes por qué
Es pintor, viaja muy lejos para obtener un tipo particular de pintura
Dibuja sus sueños en un libro después de que vienen a él por la noche
Siempre parece estar cargado de electricidad
Las pecas en sus mejillas bailan cuando se ríe o cuando la luz las golpea
Inventa profecías y le cuenta a extraños sobre ellas
Le creecen alas cuando está a ran altura por miedo a caerse
Es arrestado regularmente por bromear con espíritus y deidades de la naturaleza
Estornuda cuando usa magia
Insomne, necesita un hechizo particular o comida / hierba mágica para conciliar el sueño
La magia lo hace quedarse dormido (cuando la usa o cuando otros la usan cerca)
Mezcla las pociones más extrañas todo el día
No puede comer comida picante, literalmente respira fuego
Practica nigromancia, pero solo para revivir a su gato muerto
Cambia el color de cualquier alimento que come
Sueña con convertirse en caballero
Tiene una horrible memoria a corto plazo, pero puede recitar fácilmente cualquier cosa que leyó hace dos siglos
Hace que el color de sus ojos se vea blanco solo para asustar a la gente
No recuerda los hechizos, los dice incorrectamente lo que siempre sale terriblemente mal
Tiene una pésima letra. Bonus: es un mensajero que tiene que enviar cartas importantes a diario, lo que hace que las cosas salgan muy mal
Puede adivinar correctamente el poder mágico de cualquiera en una escala del 1 al 10. Es lo suficientemente estúpido como para señalarlo en voz alta también
Usa capas que son demasiado largas
Lleva una espada falsa en la cadera
Lleva muchas más armas de las necesarias
Usa su daga como un palillo de dientes
Juega con la daga cuando piensa
Tiene un sueño sobrenaturalmente pesado
Hace que las diferentes especies se mezclen mucho
Le dice a todos cuántas personas ha matado en su vida
Es fanático de un conocido asesino
Es fanático de Shakespeare
Quiere desesperadamente ser secuestrado por los fae
Se ve muy afectado por las fases de la luna
#tol#spanish rpg#rpg español#foro de rol#rol en foro#ideas de rol#peculiaridades para tus personajes
23 notes
·
View notes
Text
Memories |Capitulo 1|


—¡Ahí está Kaito kid! no dejen que escape! —se escuchaba el tan animado inspector Nakamori como siempre, intentando atrapar al tan famoso ladrón, sin embargo, debería decirle adiós ya que esta sería la última vez que robaría algo.
Subió rápidamente hacia la azotea del edificio encontrándose con el tan famoso detective del este, Shinichi Kudo.
—Al parecer has conseguido robar otra más—comento Kudo mientras le dedicaba una sonrisa y extendía la mano con una joya en ella.
—Si, es una pena que tengamos que remplazarla
Kaito se acercó de a rápido a Shinichi, tomo la joya falsa que había pedido y abrazo fuertemente al detective feliz de su logro, levanto la joya hacia la luna, mientras una joya roja se reflejaba dentro del zafiro recién robado.
--lo conseguimos. —Shinichi se maravilló de solo escuchar finalmente esas palabras por parte de Kaito, estaba tan feliz por él, se acercaron mientras se miraban a los ojos con amor, como se miraban desde hace 4 años, tiempo que le costó conseguir a pandora, se volvieron cómplices de algo que parecía un crimen, pero en realidad intentaban destruirlo por el bien de la humanidad.
Cuando estaban a punto de romper la distancia que había entre ellos una voz conocida, pero para nada agradable les interrumpió en el momento crucial.
—Shinichi Kudo el grandioso detective y el famoso Kaito Kid vaya sorpresa que me he llevado—manifestó de forma burlona el hombre que tantos problemas ya le había causado a Kaito Kid el tan llamado Snake y su compañero Spider, ellos habían sido los únicos hombres que no habían sido capturados aún.
Kaito activo el ala delta para así lograr escapar mientras tomaba a Shinichi de la mano, pero Snake termino rompiéndola de un balazo, eso le había dejado sin opciones, tendría que pensar en una manera de huir de ese lugar con Shinichi, si fuera el solo lo haría de alguna manera más sencilla, pero en este caso no solo se estaba jugando su propia vida si no también la de su actual novio,
Snake solo reía al ver la cara de desesperación que tenía Kaito
—Te dije que no te entrometieras en nuestro camino, sabes que el precio a pagar es caro.
Mientras Kaito estaba prestando toda su atención a Snake no se dio cuenta de su acompañante spider quien sacó una pistola, ahora mismo estaba apuntándoles con toda la disposición de dispararle y a pesar de que Kaito no se dio cuenta de este hecho alguien más si lo hizo.
—¡Kaito cuidado!
El joven mago tuvo muy poco tiempo para reaccionar pero al final dos detonaciones se escucharon, estaban dirigidas a él, la sangre caía al suelo y a pesar de haber apuntado a Kid la sangre no le pertenecía, le pertenecía al chico detective que detuvo los impactos con su cuerpo mientras sonreía aliviado mientras se dejaba caer al suelo, o eso parecía pues Kaito lo cogió en brazos antes de que su cuerpo pudiera caer, en cuanto giro su mirada hacia Snake y Spider estos ya no estaban, habían desaparecido en la oscuridad de la noche y ahora perseguirlos no era su prioridad, lo era Shinichi quien estaba perdiendo mucha sangre , sin embargo en ningún momento perdía la sonrisa o la calma en su rostro, parecía el verdadero dueño de la Poker Face, mientras que Kaito desesperado intentaba que dejara de sangrar, presionando en el lugar del balazo, Shinichi lo detuvo, no quería que Kaito siguiera presionando en ese lugar, sabía que estaba en mucho peligro entonces Kaito llamo a la ambulancia, pero Shinichi sabía que ellos no llegarían a tiempo, estaba totalmente convencido, claro después de todo ya sabía que tenía un pulmón perforado, no duraría mucho tiempo más.
—Kaito tienes que ser fuerte—le pidió Shinichi para que Kaito lograra pensar con claridad, ser objetivo ante la situación.
—No digas eso, no digas cosas que parezcan una despedida—miro a Shinichi a los ojos, esto hizo que algo en el corazón de Kaito saltara, aunque esta vez no fue de felicidad como cuando había encontrado a Shinichi hasta hace un momento—Shinichi, te amo, no puedo perderte—era obvio, aun con unas simples palabras de Shinichi no conseguiría que su preocupación y sus nervios se fueran, lo abrazo con algo de fuerza.
Shinichi volvió a sonreír mientras se acercaba a Kaito, sus alientos se cruzaban, Kaito acortaba aún más la distancia que había entre los dos mientras Shinichi acariciaba la mejilla de Kaito con su mano ensangrentada. —Te amo Kaito, te amo tanto.
Ambos cortaron la distancia que les separaba y se juntaron en un beso lleno de sentimientos amor y a la vez preocupación hasta que uno de ellos, el joven detective dejo de respirar.
Kaito se dio cuenta de este hecho porque Shinichi dejo de acariciar su mejilla, su mano cayo sin fuerza y sus respiraciones ya no chocaban, Shinichi murió besando a la persona que amaba pero con lágrimas contenidas en sus ojos.
El día del funeral del detective había llegado, todas las personas cercanas o que alguna vez llegaron a convivir con el estaban en el lugar donde yacía Shinichi Kudo dentro de un ataúd, bien vestido, bien maquillado, cada persona paso a despedirse del joven detective de 21 años, si, ya no era un niño adolescente de secundaria, ahora estudiaba criminología en la universidad junto con Kaito Kuroba, su novio desde hace 4 años y el detective del oeste Hattori Heiji.
Cada uno se despidió, desde la policía, sus amigos cercanos y algunos más que llegaron a conocerle, el último en pasar fue Kaito quien parecía fuerte ante la situación, pasando de su impecable traje blanco de Kaito Kid a un triste y miserable traje negro que no quedaba nada con él.
Miro a Shinichi abatido, a pesar de que le había sostenido en sus brazos cuando el detective perdió la vida, no se acostumbraba a verlo dentro de un ataúd, estaba a punto de llorar por la pérdida más grande de su vida pero fue interrumpido cuando sintió una mano en su hombro, se secó las lágrimas y se giró para ver de quien se trataba, era Yukiko Kudo, la madre de Shinichi quien no lucia tan afectada con la muerte de su propio hijo, junto con ella se encontraba la propia madre de Kaito quien le sonrió con tristeza y el padre de Shinichi el tan mundialmente conocido escritor de novelas Yusaku Kudo.
La mujer actriz le sonrió a Kaito con algo de tristeza
—¿Estás bien?—fue lo primero que pregunto al ver a Kaito, no sabía que fue lo que logro ver en el como para que la mujer le preguntara eso, era obvio que no se encontraba de la mejor manera, es decir su pareja a quien le iba a proponer matrimonio la misma noche que consiguieran a pandora termino muriendo por mano de los hombres de negro que le estaban persiguiendo a él, Shinichi no tenía nada que ver.
No es justo, Shinichi murió y ahora mismo no es justo que su madre le esté preguntando si se encuentra bien, es obvio que no se encuentra bien.
--No debería preocuparse por mi señora Kudo, me encuentro mejor, muchas gracias por preguntar.
la madre de Shinichi junto a su marido camino hacia donde se encontraba Shinichi descansando, pero el verlo recostado en el ataúd, su cuerpo sin vida y que pronto seria enterrado les pudo y la madre de Shinichi comenzó a llorar como loca y su marido también lo hacía aun que de una manera más silenciosa.
Chikage abrazo a Kaito con fuerza, sabía todo lo ocurrido, y estaba segura de que su hijo tenía una carga realmente pesada en sus hombros.
Pero Kaito, en ningún momento de la velada fue capaz de derramar ni una sola lagrima y no por que fuera insensible, simplemente no podía y no tenía una explicación para eso.
Shinichi ya se encontraba bajo tierra mientras todos los presentes o al menos la mayoría no eran capaces de contener sus ganas de llorar por el joven detective del este sin embargo la despedida no podía durar para siempre así que cada persona comenzó a irse hasta que solo quedaron los padres de Shinichi, Ran y sus padres junto con Sonoko, Hattori y Kazuha junto con Kaito que seguía sin dirigirle ninguna palabra a nadie, Ran como si nada se acercó al mago, nadie se imaginaria que la chica le soltaría una tremenda bofetada tan fuerte que le dejaría la mejilla roja al instante.
Ella le miraba con rabia en sus ojos al mismo tiempo que lagrimas que se deslizaban por sus mejillas
—Todo es tu culpa ¡Por culpa tuya Shinichi está muerto! —todos la miraron extrañados y también miraron a Kaito quien parecía estar analizando algo estaba intentando procesar el hecho de que no volvería a ver a Shinichi, de que no estaría ahí para sonreírle, besarlo, acariciarlo y apoyarle como siempre lo hacia
Quería llorar, pero no podía, no es que no quería es que había algo que se lo impedía, en cuanto escucho a Ran decirle esas palabras un nudo en su garganta se formó, pero no era capaz de articular una palabra y mucho menos de llorar frente a todos, cuando estaba dispuesto a alzar su mirada Ran le propino una segunda bofetada que fue incluso más fuerte que la anterior.
— Todo por involucrarlo en tus malas jugadas, todo por buscar esa maldita joya ¡Es tu culpa que Shinichi esté muerto!
Kaito se tocó la mejilla que había sido afectada dos veces mientras los pocos que aún estaban presentes intentaban calmar a Ran, Kaito no se había planteado lo que Ran le dijo, se preguntó a si mismo internamente "¿realmente es mi culpa?" y así como el mismo se preguntó, se respondió "lo es"
Quería llorar nuevamente, pero no lo hizo, no quería que malinterpretaran sus lágrimas, se sentía culpable, Ran tenía razón, fue su culpa el mismo fue la perdición de Shinichi, comenzó a reír por lo bajo, pero Ran logro escucharlo y comenzó a forcejear nuevamente.
—¿¡Qué diablos te parece tan gracioso?!—Ran estaba furiosa, su mejor amigo había muerto por su novio y encima este se reía.
Kaito tenía la mirada baja hasta que la levanto y sonrió, no sabe exactamente qué clase de expresión puso que incluso Ran parecía retractarse de sus palabras.
—Me parece tan gracioso que lo que estás diciendo es verdad, yo soy el culpable, no debí entrar en la vida de Shinichi y...—Kaito comenzó a caminar hacia atrás ya que planeaba irse del lugar—descuiden yo...saldré de sus vidas
Entonces cuando estaba a punto de ser detenido por Kogoro, el mago salió corriendo del lugar, no sabe lo que paso con Ran pero esperaba que no le hubiera ocasionado problemas, corrió hasta su casa o más bien al apartamento que había rentado cerca de la casa de Shinichi para poder verlo más seguido, de solo pensar en eso un nudo en su garganta se volvió a formar mientras que su frente estaba llena de sudor y su respiración era agitada, pero intento clamarse, en el momento en que entro a su apartamento su madre lo llamo sin muchas ganas de siquiera hablar con alguien al final decidido responder a la llamada, no con los mismos ánimos de siempre obviamente, no solo porque Shinichi estaba muerto (que es su peor dolor) si no que Ran e incluso el mismo creían que fue su culpa
Entablo una larga conversación con su madre esperando a que en algún momento ella decidiera hartarse de su comportamiento y finalizar la llamada o como mínimo reprocharle por ello, pero no fue ninguna de las dos, su madre comenzó a llorar, cosa que no era muy común.
—¿Estas bien? —Le pregunto su madre seguramente aun con las lágrimas en sus ojos.
No es justo, pensó nuevamente Kaito, no puedo mostrarme débil ante ella, no quiero mostrarme débil ante ella, no sabía qué hacer, ¿tan mal se escuchaba como para que su madre le preguntara eso?
No sabía cómo afrontar la situación así que con algo de duda y dolor le dijo.
—Lo siento debo colgar
Fue lo último que dijo antes de terminar su llamada y arrojarse a la cama donde casi en un momento se había quedado dormido.

Mira mi perfil en Wattpad, soy YANA https://www.wattpad.com/YourLittleEnslaved?utm_source=web&utm_medium=tumblr&utm_content=share_profile
1 note
·
View note
Text
Tom watching the World Cup with your family
Sofia glanced at her watch, sighing as she saw the hands move closer to four o’clock. At this rate, she and Tom would be very late to the viewing party her family was hosting for the World Cup. It was the final, and Mexico had miraculously made it through. The game against Brazil was to be momentous and extraordinary. Mexico, having never won a World Cup before, was quite anxious about the outcome. Soccer fanatics were partying prematurely, the faith in their team was astonishing. When Mexico beat Germany in the semi-finals, Sofia had been one of the first to jump out of her seat with tears streaming out of her large, brown eyes. Her very large and joyful family partied the night away, happy that their country managed to pull through. Her uncle Ignacio, in his drunken haze, had promised to tattoo Jenni Rivera onto his thigh if Mexico won, and proclaimed that he would host a viewing party on his lands. Of course, he was held to his word and rented out a large projector and screen for the game. The entire family was to show up, and Sofia did not want to miss any of the game or food. Yet, as she stood at the bottom of the staircase, purse in one hand and cooler in the other, she could not help but wonder if she would have to miss part of it. Tom was taking his sweet time getting dressed and Sofia was close to losing it. Every time Sofia’s family invited Tom and her over, he would become an adorable, nervous mess. He took ages picking outfits and fixing his hair, and Sofia had to remind him that her family loved him, even if his Spanish wasn’t the best. They loved that he tried and appreciated their culture. Right now, however, Sofia was not having it, she was going to make it to the party on time. She had waited her whole life to watch Mexico play a World Cup final and Tom’s fashion dilemma was not going to cause her tardiness.
“Tom!” Sofia shouted up the stairs, her foot tapping anxiously on the floor. Tom peeked his head down, a surprised look adorning his face. Sofia felt her eyebrows raise and her jaw drop as she took in his face. No wonder Tom was taking ages to get ready, she thought, her head shaking and a smile gracing her lips. Tom, on his quest to be loved and accepted by Sofia’s family, had taken it upon him to paint his face. The green, red, and white stripes on his smooth face were a stark contrast to his usually pale skin. Sofia put her belongings down and made her way upstairs, all the while wondering how on earth she got so lucky to have Tom in her life.
Tom stood at the top of the staircase, feeling his stomach clench with nerves as he saw Sofia’s reaction. Perhaps he had gone too far, but then again, Sofia’s family were huge soccer fans and always went all out. Nerves rising, Tom closed his eyes and held his breath as he waited for Sofia to comment. He opened his eyes at the sound of Sofia’s laughter, gazing into her eyes as she poked his cheek. “Tom!” She exclaimed, beaming up at his timid smile, “my family is going to love this!”
Letting out a soft laugh, Tom asked, “are you sure?” The last thing he wanted to do was offend her family or worse, look stupid.
“Of course not! You’re showing spirit and pride in our team! Now let’s go before we’re late!” With those words, Sofia grabbed Tom’s hand and tossed him the car keys. “Grab the cooler on your way out, mi cielo.”
Tom grinned as he grabbed the cooler, no matter how many times she called him mi cielo, it always made his heart throb. He was completely, sincerely in love with Sofia. Her tan skin, long, dark hair, thick eyebrows, and dimpled smile drove him insane. He loved her barely noticeable accent when she spoke English and the way she turned to Spanish when she was frustrated or excited. He especially loved the way she was patient with him when he tried to speak Spanish or when he tried to immerse himself in her culture, no matter what, she was always there for him.
As Sofia and Tom pulled into her uncle’s house, Tom grew increasingly nervous. Although he had met her family countless times before, this would be the first time he met some of her aunts, who were often working or busy at other family gatherings. He wanted to make a great first impression on them, considering how much Sofia complained about them being judgmental. Sofia glanced at him, and sensing his worry, reached out to grab his hand. She gave it a tight squeeze and pulled it up to her lips. Giving it a light kiss, she whispered, “It's okay Tom, they’ll love you.” With that, Tom unbuckled his seatbelt and stepped out of the car, stretching, he made his way over to Sofia’s door.
However, he had barely taken a few steps when a large blurb crashed into him, causing him to fall flat on his face. Groaning as he rubbed his jaw, Tom looked up to see a massive brown dog wagging its tail at him.
“Firulais! Dios mio, ya lo tumbo!” He heard a feminine voice cry out.
“Aver, aseguren de que este bien!”
Suddenly, a small woman with a tight bun and a Mexico jersey was at his side. She raised her hand to his jaw and said, “Miguel por tu culpa! Mira, tu perro lo tumbo y esta todo rojo de su cara, y tan guapo que es!”
Tom smiled, guapo, he understood that much. Although his entrance was far more dramatic than he expected, at least they found him handsome. “I’m okay, estoy bien.” He said, getting up from the ground. He extended out his hand to give the woman a handshake, but she quickly pulled him in for a hug and kissed his cheeks.
“Mijo, perdon por el perro, espero que estes bien,” she stated, moving to make way for the rest of the family to greet him.
“Tia, no pasa nada. Tom es Spiderman, un golpe pequeño no es nada para el,” Sofia exclaimed, reaching over to ruffle his hair.
“Bueno mija, vengan. La comida ya esta lista y el partido va a comenzar en cualquier rato.”
Tom grabbed Sofia’s hand and they made their way over to the rest of the family. Tom felt considerably less nervous than when he arrived. As he greeted Sofia’s family, he realized how friendly and loving they were. They instantly accepted him and even made fun of him when he fumbled with his Spanish. Tom grabbed a plate of carne asada and made his way over to the seating area, even if he wasn’t Mexican, he was rooting for their win.
As the game went on, Tom grew more and more invested. It was the last five minutes of the game, and Mexico was tied with Brazil. They needed one more goal to be world champions. Tom bit his lower lip, sweat grazed his brow and his hands were tapping on his knee. The game was at its most pivotal moment and the suspense was intense. Sofia’s family hardly dared to breathe or blink in fears of missing anything. With 30 seconds to spare, El Chicharito managed to snag the ball. As he ran closer to the goal, screams and shouts were heard all around, and Tom found himself screaming the loudest. El Chicharito quickly kicked and Tom felt his stomach clench, after what felt like an eternity, the ball soared into the goal.
Tom leaped up out of his seat, “we won!” He shouted, grinning at Sofia. “We won, we really did that!” He hugged everyone around him and jumped around. Tom could not contain his excitement, and it showed.
“What do you mean ‘we’ won?” Sofia’s cousin Daniel asked, smirking as he looked over at Tom.
“I… I mean..” Tom trailed off, feeling his cheeks flush.
“Daniel no seas pendejo, Tom es uno de nosotros!” Sofia’s tia Maria scolded him. Turning to Tom with a bright smile she said, “Tom, ya eres de nuestra familia, asi que no le hagas caso a Daniel, ya eres Mexicano.”
Sofia translated for Tom, and Tom felt indescribable happiness at her words, he was truly touched. He loved Sofia, and for her family to accept him as one of their own meant that he was that much closer to being able to propose to her. Swooping down, he pulled Sofia in for a sweet kiss.
#tom holland#tom holland imagine#tom fluff#latina!reader#tom holland one shot#peter parker#peter parker imagine#tomxreader
59 notes
·
View notes
Video
youtube
Rozalén - La Puerta Violeta
Una niña triste en el espejo me mira prudente y no quiere hablar / A sad girl in the mirror looks at me cautiously and doesn't want to talk Hay un monstruo gris en la cocina / There is a gray monster in the kitchen Que lo rompe todo / That breaks everything Que no para de gritar / That doesn't stop screaming
Tengo una mano en el cuello / I have a hand on my neck Que con sutileza me impide respirar / That subtly prevents me from breathing Una venda me tapa los ojos / A blindfold covers my eyes Puedo oler el miedo y se acerca / I can smell the fear and it's coming
Tengo un nudo en las cuerdas que ensucia mi voz al cantar / I have a knot in the strings that dirty my voice when singing Tengo una culpa que me aprieta / I have a guilt that squeezes me Se posa en mis hombros y me cuesta andar / It perches on my shoulders and I can hardly walk
Pero dibujé una puerta violeta en la pared / But I drew a violet door on the wall Y al entrar me liberé / And upon entering I broke free Como se despliega la vela de un barco / Like the sail of a ship unfolds
Desperté en un prado verde muy lejos de aquí / I woke up in a green meadow far from here Corrí, grité, reí / I ran, shouted, laughed Sé lo que no quiero / I know what I don't want Ahora estoy a salvo / I'm safe now
Una flor que se marchita / A wilting flower Un árbol que no crece porque no es su lugar / A tree that does not grow because it is not its place Un castigo que se me impone / A punishment imposed on me Un verso que me tacha y me anula / A verse that crosses me out and cancels me
Tengo todo el cuerpo encadenado / I have my whole body chained Las manos agrietadas / Cracked hands Mil arrugas en la piel / A thousand wrinkles on the skin Las fantasmas hablan en la nuca / Ghosts speak on the back of the neck Se reabre la herida y me sangra / The wound reopens and bleeds
Hay un jilguero en mi garganta que vuela con fuerza / There's a goldfinch in my throat that flies hard Tengo la necesidad de girar la llave y no mirar atrás / I need to turn the key and not look back
Así que dibujé una puerta violeta en la pared / So I drew a violet door on the wall Y al entrar me liberé / And upon entering I broke free Como se despliega la vela de un barco / Like the sail of a ship unfolds Desperté en un prado verde muy lejos de aquí / I woke up in a green meadow far away from here Corrí, grité, reí / I ran, shouted, laughed Sé lo que no quiero / I know what I don't want Ahora estoy a salvo / I'm safe now
Así que dibujé una puerta violeta en la pared / So I drew a violet door on the wall Y al entrar me liberé / And upon entering I broke free Como se despliega la vela de un barco / Like the sail of a ship unfolds Amanecí en un prado verde muy lejos de aquí / I woke up in a green meadow far from here Corrí, grité, reí / I ran, shouted, laughed Sé lo que no quiero / I know what I don't want Ahora estoy a salvo / I'm safe now
1 note
·
View note
Text
LOVE O2O

Título: Love O2O
Gênero: Comédia romântica/ Drama
Ano: 2016
Número de episódios: 30
Emissora: Jiangsu Tv e Dragon Tv
Elenco: Yang Yang, Zhen Shuang, Mao Xiaotong, Bai Yu, Ma Chunrui, Niu Jungfeng, Cui Hang, Zheng Yecheng e Vin Zhang.
Sinopse:
Imagine se apaixonar por alguém em um jogo, muitas vezes não vai passar de uma relação virtual e eventualmente vocês não vão mais se falar, mas e se, de repente, por pura vontade do destino vocês acabassem se cruzando na vida real? E se a relação construída ao longo do jogo fosse trazida para a realidade?
Personagens:
Bei Wei Wei ( Zhen Shuang)

Ela é a beldade do departamento de ciências da computação e é extremamente inteligente e habilidosa. Wei Wei ama jogos online, seu favorito é “A Chinese Ghost History” ela está num dos rankings mais altos do jogo sendo a única mulher a conseguir isso. Sua personalidade é muito calma e um pouco anti-social, afinal ela passa horas jogando.
Xiao Nai (Yang Yang)

Ele é o sênior mais cobiçado da faculdade, é rico, lindo de morrer, extremamente inteligente e muito bom em esportes, resumindo ele é bom em tudo e mais um pouco. Ele tem uma empresa de jogos e assim como Wei Wei também joga “A Chinese Ghost History” e é o número 1 do ranking. Sua personalidade é bem calma e ele parece estar preparado para qualquer coisa.
Zhao Er Xi (Mao Xiaotong)

A melhor amiga de Wei Wei e uma louca por fofocas e comida. Eventualmente acaba jogando o jogo da sua amiga e se apaixona por alguém dentro dele.
Cao Guang (Bai Yu)

É o melhor do departamento de línguas estrangeiras e também o melhor em julgar as situações sem saber o que de fato está acontecendo.
Opiniões e comentários:
Esse drama me pegou totalmente desprevenida, eu não estava esperando muito e achava que ia acabar dropando uma hora ou outra, mas me peguei maratonando o drama e panfletando por todo lado, é tão maravilhoso que eu não podia guardar pra mim. O romance construído foi tão fofo, tão bonito, tão simples e adorável, quais mais adjetivos eu posso usar?
Vou ser bem sincera com vocês, esse foi o drama que eu mais surtei e morri de amores, não acho que seja possível não ter mini ataquinhos do coração enquanto vê um doce Xiao Nai com uma fofa Wei Wei. Aliás como é possível não surtar com qualquer coisa que venha do Yang Yang? Até agora não sei como ele conseguiu ficar com aquela cara séria sendo que ele é um palhaço na vida real, me surpreendi com a atuação dele, maravilhoso.
Se teve uma coisa que eu definitivamente AMEI nesse drama foi a relação do casal, não houveram brigas, mais que isso o prota não é um daqueles típicos babacas que geralmente vemos, até porque ele tinha o perfil (lindo, inteligente, “Deus da faculdade”, rico e etc), inclusive pensei que ia ficar desconfortável com o personagem mas muito pelo contrário, jogaram um balde de água fria em todos os meus preceitos. E ainda mesmo que tivessem alguns intrometidos e fofoqueiros querendo estragar a relação não teve nenhum ciúme desnecessário ou desconfiança ridícula. Foi simplesmente perfeito, não tem o que tirar e muito menos o que adicionar, foi na medida certa e por isso foi lindo.

Xiao Nai e Wei Wei são o casal perfeito em tantos aspectos, eles gostam das mesmas coisas e até fazem o mesmo curso na mesma faculdade, mesmo antes de se conhecerem pessoalmente (no jogo) se apaixonaram e se preocuparam um com o outro, ou seja, não é simplesmente pela beleza exterior, a beleza interior ganha muito mais pontos nessa relação.
Suas personalidades são bem parecidas (os dois são bem narcisistas) e eles são bem sinceros um com o outro e é tão óbvio o quanto se gostam, parecem sempre estar unindo forças seja no jogo ou na vida real. Os dois se completam de forma tão suave, que parece realmente algum tipo de casal celestial, algo como a união feita pelos céus.
A forma como eles cuidavam um do outro e eram extremamente apaixonados é certamente invejável, a todo momento que estavam juntos eles pareciam uma só mente e um só coração. Não cabe em palavras o quão amável eles são um com o outro, além disso a confiança e compreensão reinava nesse relacionamento de forma que eles nunca brigavam e se houvesse um ponto de discordância eles chegavam em um acordo suavemente.

Ainda falando sobre esse casal (desculpa gente apaixonei, efeitos do Yang Yang), a química entre os dois é incrível e foi cada beijão que nossa, a gente sabe que é meio difícil encontrar uns beijos decentes na dramaland (apesar que agora ta começando a brotar uns por aí). Ok que no começo eu queria esganar a Wei Wei por não fazer NADA enquanto o moço tava sedento, mas depois fica melhor gente calma, ela não é nem louca de desperdiçar um homão desses, aliás se ela não quiser eu quero (eu sendo apaixonada no Yang Yang novamente).
Meng Yi Ran não tem culpa de nada nessa história, ela só quer se fazer notar pelo cara bonito da escola, o grande problema é que Yi Ran é facilmente influenciada por não saber o que fazer para que ele “a veja com outros olhos” e pede ajuda as pessoas tóxicas que tem a sua volta.
Cao Guang...não sei vocês mas eu não gostava muito dele e também não achava tudo isso (Só que aí eu vi Guardian e quase tive um troço vendo o quão maravilhoso ele ficou, é sério gente foi um choque muito grande). Para mim ele era um GRANDE idiota intrometido que só sabia enxergar o próprio nariz, tudo bem que ele deu uma mudada mas não posso dizer que gosto dele, no máximo eu só não o odiava mais.
O trio de amigos do Xiao Nai foi o que trouxe a comédia, Velho Yu, Mojata ou mozarta(não sei ao certo) e macaco bêbado Hou. Eles adoravam encher o saco do “terceiro irmão” e viviam defendendo a “terceira cunhada” (asdfg uns fofos mesmo), aliás como já dizia o Velho Yu eles viviam como monges.
O Velho Yu usava expressões erradas toda vez e a terceira cunhada vivia puxando orelha sobre isso, Hao mei A.K.A Sr. Beleza, uma coisinha fofa que só sabe reclamar. A cena dos três tentando pegar inspiração e Mei e Velho Yu se fazendo de Platão e Aristóteles, enquanto macaco bêbado Hou realmente teve uma idéia útil foi maravilhosa.

Assim como em vários dramas chineses nós temos aquele casal gay que é mantido no bromance, mas que todo mundo sabe a relação entre os dois, afinal mais óbvio impossível. No primeiro olhar que eles trocaram já estava ÓBVIO DEMAIS.
Hao Mei e KO(Homão lindo e maravilhoso) vivem grudados, e o Sr. Beleza vive arrastando o Ko pra todo lado. Mesmo sem perceber Hao Mei acabava por sempre estar no restaurante onde o KO trabalhava e podia ficar se gabando por horas sobre as habilidades culinárias do “amigo” e ainda teve aquele episódio do “apanhador de estrelas” hahaha sério china, mais óbvia que a senhora impossível, nesse episódio eles jogaram na nossa cara que eles são destinados e ainda se fizeram de desentendidos. Vocês pensam que eu sou boba é??

Gente vocês têm noção que é a primeira vez que eu não pulo a abertura de um drama chinês??(pois é, desculpa Ice Fantasy) Eu fui obrigada a baixar a música de abertura porque não saia da minha cabeça de jeito nenhum. Eu sabia até a sequência de cenas da abertura e riscava na minha mente o que já tinha passado e o que não, me salvem de Love O2O, tá mexendo com a minha cabeça, a culpa é toda do Yang Yang.
Curiosidade:
“A Chinese Ghost History” é um jogo real criado pela NetEase, porém só está disponível em mandarim e não há nenhuma versão alternativa, bem decepcionante mas ok.
É baseado em uma novel do mesmo nome escrita por Gu Man. O drama fez um sucesso estrondoso na china e internacionalmente, sendo um dos dramas chineses mais assistidos.
Se vocês ainda não viram essa história de amor corram para netflix ou Urameshi Downs e surtem muito por esses fofos
4 notes
·
View notes
Text
AERDPSF 16

Después de despedir a David Zhang y Jin Yuan, limpió la casa. No mucho después, el timbre volvió a sonar. Antes de que Yun Shu, que estaba sentado torcido en el sofá, pudiera moverse, escuchó la voz de Fu Ran que decía: "Abriré la puerta". Yun Shu levantó la vista y vio que Fu Ran vestía un traje negro formal. Su cuerpo era tan recto como un pino. Su hermoso rostro inexpresivo parecía un poco intimidante, pero... El delantal amarillo que llevaba puesto destruyó esta intimidación, sin mencionar que el delantal tenía un gato civeta con la boca abierta queriendo maullar. El contraste era demasiado grande y se veía cómico pero también adorable. Yun Shu pensó que Fu Ran debería quitarse el delantal antes de abrir la puerta. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de abrir la boca— "No." La persona que vino fue Xu Hao. Hizo todo lo posible para reprimirlo, y al final no pudo. “Jajajaja…” Yun Shu miró a Fu Ran, cuyo rostro estaba tan negro como la tinta, y se sintió un poco culpable por dentro. Es su culpa por no advertirle antes de que abriera la puerta... Jajaja. Realmente no se está riendo de Fu Ran, pero la risa del hombre es demasiado graciosa. Aparte de Fu Ran, las otras dos personas se estaban riendo. Sin embargo, solo una persona se reía incontrolablemente, y la otra todavía ahogaba su risa en consideración a Fu Ran. Fu Ran... El rostro de Fu Ran se oscureció aún más. Tomó la bolsa en la mano de Xu Hao e inesperadamente todavía actuó cortésmente con mucha dificultad. “Gracias por la molestia de hacer este viaje.” Tan pronto como se pronunciaron las palabras, estuvo a punto de cerrar la puerta. Xu Hao reaccionó rápidamente al pasar por la estrecha grieta y dijo: “Tengo sed. ¿Te importa si tomo un vaso de agua antes de irme? Fu Ran estuvo tentado de decir que le importaba. Pero no se pudo evitar que recordara que no era su hogar. No tuvo más remedio que girar la cabeza para mirar a Yun Shu. "¿Qué opinas?" Yun Shu parpadeó. Estaba un poco sorprendida en su corazón. Entonces, sus cejas se curvaron. Ella dijo con una sonrisa: “El visitante es un invitado. Entra y toma asiento.” La mano de Fu Ran se aferró a la manija de la puerta. Las venas del dorso de su mano se hincharon y sus nudillos se pusieron blancos. —— ¡Él! ¡Quiere! ¡A! ¡Conducir! ¡A él! ¡Lejos! Xu Hao miró a Fu Ran. Su sonrisa se profundizó y le guiñó un ojo juguetonamente a Yun Shu. “Cumpliré con tus deseos~.” Pero Xu Hao no actuó a ciegas sin pensar. Vio que el piso de la casa parecía recién trapeado y limpio. Fu Ran llevaba pantuflas, por lo que no quería entrar con los zapatos puestos. Señaló la puerta para recordarle a Fu Ran. Fu Ran ignoró sus movimientos familiares y se alejó directamente. Deseaba cometer un error para poder encontrar una excusa para deshacerse de él. Xu Hao esperaba esto. No entró en pánico en absoluto. En cambio, optó por quitarse los zapatos y pisar el suelo solo con los calcetines. Fu-Ran, "..." —— ¿ Por qué no tiene los pies malolientes? Yun Shu no podía soportar ver esto. Ella dijo: “Puedes entrar con tus zapatos. Está bien." Fu Ran dijo: “No te preocupes por él. Está bien así. Ahórrate el problema más tarde.” Xu Hao se rió más alegremente porque sabía algo. —— Tsk. No hay signos de éxito, sin embargo, es suave de rodillas. En primer lugar, incluso se mostró reacio a admitir sus errores. Será genial si logra cortejarla. Al final, no hubo un resultado definitivo. Xu Hao se acercó al sofá en calcetines y se sentó. Incluso dijo con indiferencia: “Solo un vaso de agua. Gracias." Fu Ran no quería echarle agua, pero Yun Shu tendría que moverse si no lo hacía. Por lo tanto, él personalmente sirvió un vaso de agua. En ese momento, Xu Hao acababa de terminar de presentarse a Yun Shu. Cuando vio a Fu Ran personalmente vertiendo agua para él, se conmovió inmensamente. Se secó las comisuras secas de los ojos. "Guau. No me arrepiento de morir después de haber podido tomar un sorbo de agua vertida personalmente por el presidente Fu en mi vida”. Fu Ran se contuvo pero no pudo controlarse y le dio un codazo. Al ver esto, Yun Shu supo que los dos estaban en muy buenos términos. Ella preguntó: "¿Hay alguna razón para que el secretario Xu visite tan tarde?" “Oh, le dejaré algo de ropa para que se ponga mañana. Un conjunto de pijamas y ropa interior.” Atrás Novelas Menú Siguiente Read the full article
0 notes