Mi espíritu merodea sobre una carilla yuxtapuesta a la tinta, circundeando con un vino blanco y un atado de cigarros. En ese instante, plasmo en lo albo todo aquello que me martiriza, junto a un sinfín de cláusulas que me hubiera gustado manifestarle antes de que huya de mis brazos.
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CONTEMPLAR.
Le vi, después de tanto tiempo, de tantas dudas, de tantas charlas. Le vi parado, en frente mío, y su sonrisa se sintió como volver a casar. Me perdí en sus ojos, o quizá me encontré en ellos.
Entendí por fin, de una vez por todas, lo que busqué toda la vida, lo que le faltaba a los demás que no eran usted. Le vi y todas las piezas encajaron, todo el pasado cobró sentido, le vi y fe como volver a ver a un gran amigo, y casi sin conocernos, supimos que nos pertenecíamos.
Sé que le pasó lo mismo, lo supe antes de que dijera una palabra, a veces simplemente conectamos. Todo lo que pasó después fue tan mágico como el primer encuentro, todo fue saliendo bien.
Hoy sabemos que estar juntos vale toda esa distancia con sabor a ansiedad, hoy tenemos planes que nos encuentran cerca, sabemos que lo que viene es todavía mejor de lo que fue.
Nos vimos, y no necesito ninguna explicación,
sus brazos son el lugar en el que quiero estar.
Donde sea, pero juntos.
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REAPARACIÓN.
Vuelva cuando quiera, como quiera.
Invente cualquier razón, cualquier excusa o justificación.
Vuelva, al menos un rato,
con eso me conformo.
Fingiré creerle, usted digame que estuvo ocupado,
que los días son años,
que nunca dejó de pensar en mí.
Cure todas estas heridas con un abrazo,
no importa el momento, yo le recibiré,
usted dígame que estuvo todo este tiempo deseando el encuentro.
Dígame que es feliz, pero que no puede
tolerar el frío que siento sin usted
y que se escapó un ratito
para darme fuerzas,
dígame que siente el dolor de mi corazón,
pero que está en cada latido.
Júreme que no se fue, que si sonríe,
sonrío con usted.
No se preocupe por el horario,
yo estaré despierto,
mirando fijamente a esa puerta
que nunca más le vió pasar.
No necesito que me explique cómo hizo,
diga lo que quiera y yo voy a jugar a comprarle cualquier mentira.
Vuelva,
un segundo me alcanza y me sobra,
déjeme respirarle otra vez.
Es que, desde el día en el que me empezó a faltar, todo lo demás se redujo a nada, o a todo lo que yo daría sin pensarlo dos veces, sólo por volver a verle, o por verle volver.
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INDULTO.
Entre tanta muchedumbre, entre tantos universos, sonrisas forzadas, calumnias perseverantes, inventé un personaje porque no podía admitir cómo me siento con la luz moribunda, cuando estoy sólo, sólo conmigo mismo, otra vez.
La vida me la está haciendo difícil y mi mente me juega malas pasadas constantemente, y decir en voz alta lo que me pasa por dentro, lo volvería más real de lo que ya es.
Entonces, me lo guardo para mí. Admitir que estoy roto, es admitir que necesito ayuda, y atormenta asimilar que nadie puede ampararte, dolería entender que cuando el enemigo está en mi interior, es uno mismo quien lo tiene que pulverizar, aflige entender que no puedo seguir más de esta manera.
Pero, ¿Cómo asesinar las partes renegridas sin terminar con uno en el proceso? ¿Cómo matar lo que está matándome, cuando lo que lo está haciendo soy yo mismo?
Supongo que estoy astropeado desde hace mucho tiempo, supongo que por más de que me pase la vida intentando, nunca lo voy a lograr, nunca voy a llegar a sentirme conforme con lo que soy, nunca voy a dejar de menospreciarme, de ver en mí mismo lo peor de todos los demás.
Diviso en mí todo lo que no deseo ser, y me re-pregunto hasta cuándo puedo seguir llamándole vida al peso que siento en mis hombros por los constantes insultos que recibo, cuando todos tienen mi propia voz.
Perdóneme, antiguo yo, creí que estaba mejor, y créame, hice lo posible para no seguir siendo usted, lo hice toda la vida. Pero, no sé cómo hacer para reverenciarme, para dejar de sentirme incompetente, desconozco cómo hacer para ver algo en mí que valga, que tenga valor. No supe cómo hacerle feliz antes y no lo sé ahora tampoco, no supe aprender a amarle, a apreciar sus luchas, no supe jamás cómo dejar de intoxicarme del odio hacia mí, como lo hacía con usted.
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ANTES DE USTED.
Antes de usted, el mundo no estaba del todo bien.
Algo faltaba, pero usted estaba ahí.
Hacía falta amor, pero no cualquier amor,
hacía falta el suyo en mí.
La manera que tiene de querer,
la manera que tiene de amar, me hace bien.
Porque todavía rodeado de gente,
antes de usted me sentía solo.
Llegó a darle sentido a todo,
y si por alguna razón se va,
no le dejaría ir por completo.
Porque antes de usted yo no sabía a dónde iba.
Quedarme a verle y escucharle hablar,
podría por horas.
Si hay silencio, está bien,
mientras sea con usted.
Porque antes de usted, no tenía sentido siquiera tratar de escuchar.
De acá hasta el lugar más lejano
y jamás explorado es el amor que le tengo.
Y deseo hacerlo más todavía.
Porque antes de usted, yo no sabía lo que quería,
y ahora lo sé.
Toparme con usted, conocerle, quererle, amarle,
y hacerlo de forma tan inmensa.
Porque antes de usted, yo me sentía vacío,
pero me dió una razón para sentirme completo.
⠀ Usted.
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COMPULSIVO.
Todavía sigo sintiendo la suavidad de sus manos acariciar mis pómulos. Todavía le veo en frente mío, deteniendo el tiempo sin preguntas, sin dejarme seguir.
Mi corazón sangra, pero se congela en el pasado dando a entender que me estoy rindiendo, el calor de su recuerdo ya no alcanza; el invierno arrasó en mi cielo, dejándome arder, haciéndome notar que voy perdiendo… lo voy perdiendo. Su voz hace eco en mi cabeza, me destruye su partida, me mantengo vivo pero vivo en agonía.
Ya nada le importa y eso es común, pero no entiendo por qué no dejo de sollozar todavía. Lágrimas silenciosas, de dolor puro, hay un corazón roto y es el mío.
Aunque todo arde, tiemblo de frío.
Cierro mis ojos con fuerza, queriendo creer que esto no es más que una horrible pesadilla, queriendo salir de esta horrible historia, anhelando borrar cada recuerdo junto a usted de mi memoria. Fui el autor de mi propia muerte y aunque le haya reclamado con descaro, él sólo apuntó con el arma, pero fui yo quien efectuó el disparo.
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FORZAR.
Y cuando me pregunten qué hacía con usted, si me hacía mal, voy a decirles que empiecen a prestar más atención, porque es lo que todos hacemos, todo el tiempo.
Intentamos cambiar a la otra persona.
Nos deleita lo difícil porque tendemos a querer tomarnos el arduo trabajo de obtener que el otro se transforme en alguien desemejante, sólo por nosotros, que no sea indulgente, salvo con nosotros. Entonces, coaccionamos nuestro corazón para que entre en donde no se siente cómodo, y anhelamos que encaje a la fuerza con otro que no es de su tamaño, porque le queda chico; hay gente que queda chica, pero la esperanza a veces es tan peligrosa como la necesidad.
Y ahí estamos, intentando que el que nunca sabe querer, nos quiera bien, y que el que nunca se compromete con nada salvo el momento, nos ame para siempre, que el que nunca se fija en nadie en particular, nos vea sólo a nosotros, y que el que nunca fue fiel, nos sea leal. La gente puede cambiar, pero no su esencia, y si llegara a cambiarla, lo haría porque quiere, no porque nosotros nos esforzamos en que así sea.
Ninguna relación se ganó nunca insistiendo, porque hay cosas que si uno fuerza, las rompe.
¿Y, por qué estaba con alguien que le hacía mal? Porque veo el potencial que podría haber en esa persona, porque tiendo a ver la mejor versión que el otro podría llegar a ser, pero siempre olvido que el contrario está bien así, y que por mucho amor que le tenga, no alcanza para cubrir el que a ese otro le falta sentir por mí.
Hay personas que no encajan, que no son a nuestra medida, que sabemos de antemano que no nos son saludables, pero ahí estamos, buscando que lo tóxico se transforme en sano. Y, a todos nos pasó: nos seduce lo que podría llegar a ser alguien si decidiera jugársela por nosotros, pero, usted no merece eso.
Merece a alguien que sea lo que usted busca, alguien que no tenga que transformarse en buena persona, porque ya lo es, alguien que le respete porque sí y no porque le quiere, porque el que le respeta porque sí lo va a hacer toda la vida, y el que se transforma en buena persona y le respeta sólo porque le quiere, en algún momomento —inevitablemente— va a mostrar su real rostro.
Aférrese a la gente que se percibe como buena desde lejos, que si alguien quiere cambiar por usted, se lo va a hacer notar, y no va a tener que forzar nada. Aférrese a lo simple, que lo complicado al final del día le deja agotado y es una batalla perdida por anticipado incluso aunque la gane, porque aunque logre 'tener' a alguien, no es lindo si lo tuvo que rogar.
Mire si con tantas personas lindas, lindas de verdad, va a tener que desvivirse por llegar al corazón de quien ya decidió de antemano que juega con reglas distintas, todo para que nunca le pueda alcanzar.
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