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Entreno una palabra
para que me mate.
Matutina, se desenrosca en la hornalla
en la que pongo la pava
y me quema la punta de los dedos.
Me lamo falange a falange,
dedo a dedo,
cicatrizo,
la palabra queda encendida
en la hornalla,
pero duerme.
Alimento una palabra
que se atreva a matarme.
Como la enredadera de flores anaranjadas,
que se marchita en invierno
pero no desparece.
Se esconde un rato
para volver en primavera.
Hiberna,
concentra savia y nutrientes
para explotar en septiembre
llena de flores carnosas
imposibles de ignorar,
insoportables.
Corro al lado de una palabra
que me mata.
Esa palabra
puede ser unicornio,
puede ser viaje,
o globo, o viaje en globo.
O alcanfor, o vahos,
o epicúreos.
Aislada,
aislada,
aislada
dibujo las palabras
que escribí
para que no me maten.
(Unas notas sueltas de julio 2021)
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Carta de Victoria Ocampo a Virginia Woolf.
Del libro Correspondencia de Victoria Ocampo - Virginia Woolf.
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"...y le explicó a Marcial que si lo tocaban tocarían tiempo del modo en que se toca tiempo si se mete la mano en un río".
Fragmento en el libro "Amor" de Juan José Becerra.
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